ENTRAR EN LA EXPERIENCIA. ADVIENTO 2014

15 Dic

marc3ada-de-adviento

Magdalena Bennásar

“Movimiento desde lo que yo pienso, opino hacia una escucha atenta, una mirada lúcida tipo María de Nazaret en la noche oscura de una religiosidad que la sigue coronando y enjoyando en lugar de imitarla y gestar el Mesías, como ella, no el que esperaba el pueblo sino el que vino y el que viene ¿por dónde? ¿Por dónde crees que quiere hacerse un hueco el mocoso de Jesús en tu seria y organizada vida?”

Entrar en la experiencia es mucho más importante y enriquecedor que quedarnos en el saber.

Tenemos tanta necesidad de saber y entender nuestra experiencia religiosa y nuestra teología que podemos confundir el saboreo intelectual con la vivencia más profunda.

Que disfrute de entender, un poco más los textos que hablan de la Navidad no significa que tenga una experiencia de Navidad, en este caso, sino que he dado el primer paso hacia un llegar a vivenciarlo por dentro y en la medida que pueda, vivirlo- ponerlo en práctica.

Podríamos decir que lo dicho es el primer paso del método Lectio Divina o Lectura orante de la Palabra, leer el texto y escudriñarlo: estudiarlo, buscar en un diccionario o comentario bíblico su contexto, su significado y una vez “entendido y comprendido” releerlo ya con esas claves de interpretación y dejarlo posar por dentro: meditarlo.

Estaba yo en ello esta madrugada, cuando una palabra ha sobresalido, tal vez porque me venía dando vueltas por dentro hacía tiempo. Es una palabra-realidad que permea toda la Escritura y sobre todo el NT y muy especialmente los textos, históricos o no, este no es lugar de ese tipo de discusión, que Lucas nos coloca como inicio de todo, los textos alrededor del nacimiento de Jesús.

La palabra es “movimiento-desinstalación”. Es decir, el movimiento que realizas cuando no quisieras, pero se te invita bien por dentro, bien desde una realidad de necesidad de alguien o social. No se refiere al ajetreo que me monto porque hay que preparar comidas y regalos…sino al paso que se nos invita a dar por dentro si estamos atentas a los textos.

Dice A. Oliver “Aquel que no camina no engendra nada, y aquel que camina siempre está preñado.”

Como decía históricos o no, los textos alrededor del nacimiento están configurados desde la respuesta a diferentes llamadas que conllevan movimiento: la visita de María a Isabel, el empadronamiento en el lugar de origen, la visita de personajes lejanos, la huida a Egipto. Un parto en medio de la noche o tiempo oscuro que lo es para muchas de nosotras que esperamos y necesitamos luz como mujeres del siglo XXI en una iglesia que nos trata en general como en tiempos del patriarcado más radical.

(Una última experiencia jocosa, hace unas semanas una de nosotras dio una charla sobre Jesús en una parroquia y el párroco la presentó brevísimamente pasando ella a desarrollar el tema que además fue muy bien recibido. En el periódico local sale la noticia con la foto del párroco y ni mención de la ponente…)

¿De qué caminar, de qué movimiento estamos hablando? Es el movimiento de ir soltando una vieja o cómoda idea-experiencia de un dios que ya no es Dios, sino “mi ídolo”, el que tengo agarrado y que creo que me da seguridad.

Resulta que todos los años vuelve el Adviento para recordarnos que hay que soltar, estar en vela porque viene el Mesías… ¿acaso no vino el año pasado? ¡A saber! Lo cierto es que este año intenta volver a nuestra vida y a nuestro mundo. Y los mismos textos hoy nos hablan de nuevo de alguna idea que tengo que soltar y dejar que se desarrolle por la fuerza del Espíritu que engendra vida en nosotras.

Tenemos que ir entendiendo porque de lo contrario no lo vivimos como es en realidad. Tal vez incluso lo forzamos para que sea como creemos que tendría que ser…y de repente descubrimos que el Niño ya nos espera jugando al escondite y nos reta a jugar con él, a imaginar con él, entre risas y sueños el mundo que sólo los niños son capaces de crear. Por eso Dios se hace niño, porque ya le vale de gente seria y vieja por dentro que no pilla que la Navidad la entienden los de abajo, los que se echan al suelo a jugar con el Niño. Los que no tienen miedo al barro del camino y a los mocos del crío Dios, de la vecina pobre que no puede llegar a fin de mes o del emigrante para quien la Navidad se convierte en un funeral porque no puede ni soñar estar con los suyos.

¿Dónde está el Espíritu? En el concierto de etiqueta que “por culpa” de la Navidad hay que celebrar…bueno, también los músicos tienen que comer, o en la nueva manera de entender todo lo que Jesús trae y que se nos dice que es el Reino: un mundo al revés: los pobres arriba, los ricos y poderosos suspenden. Una religión tan al revés que el Judaísmo no la digiere y sale de sus casillas: Jesús derroca los cimientos de sus creencias. Esto es Navidad, todos los años: Jesús derroca los cimientos de donde yo me he encaramado y me creo alguien ahí, y viene él y me guiña sus ojitos tiernos e irónicos y me dice ¡que no!

Movimiento desde lo que yo pienso, opino hacia una escucha atenta, una mirada lúcida tipo María de Nazaret en la noche oscura de una religiosidad que la sigue coronando y enjoyando en lugar de imitarla y gestar el Mesías, como ella, no el que esperaba el pueblo sino el que vino y el que viene ¿por dónde? ¿Por dónde crees que quiere hacerse un hueco el mocoso de Jesús en tu seria y organizada vida? ¿A qué reunión de todas crees que acudirá? ¿llegará para la cena de Nochebuena o se quedará en la plaza jugando con los niños y repartiendo mendrugos entre todos, que es lo que al final más le gustaba, entre todos, los desahuciados y los desempleados y los deprimidos por situaciones injustísimas?…

¿Qué le hemos hecho al cristianismo que nuestras generaciones de 30s y 40s nos sueltan, en el mejor de los casos, los niños en la catequesis, y huyen a tomar un café con amigas, mientras las abuelillas en muchos casos, como dice un sobrino, hacen lo que pueden con niños que no pillan demasiado el cuento? Tal vez el “café con amigas” es más jugoso y tal vez por eso Jesús se hace mendrugo y se dedica a comer con todos y todas, eso sí, sin mucho protocolo.

Movimiento de ideas, de posibles proyectos diferentes que pueden tomar cuerpo si les prestamos el nuestro. Modos de acercarnos a los más jóvenes “de otro modo” como lo haría Jesús. Por cierto ¿cómo lo haría Jesús? Si lo descubres me lo cuentas, y será Navidad. Porque no sólo se trata de repartir pan, también Palabra hecha pan con tus manos. Ese movimiento de pasar de la silla a la comunicación de esa experiencia hace que en ti y en mí se geste vida: La Vida.

M. Magdalena Bennásar Oliver

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