Adiós al sofá

3 Ago

9554minifoto7865María-José-2-copiar

Mª José Ferrer

La sociedad necesita que nos levantemos del sofá y nos pongamos en marcha. Yo quería

que alguien hiciera eso y al final encontré la respuesta: podía hacerlo yo.

Belén Suárez Prieto

(21rs) Belén Suárez Prieto se divorció el año pasado y empezó a salir de nuevo por las noches. Las salidas nocturnas le mostraron una ciudad, Oviedo, “en plena ebullición, sobre todo en el panorama musical”[1], lo que contradecía el extendido e infundado prejuicio de que en Oviedo no hay nada. Y para desmontar y desmentir este viejo estereotipo de Vetusta, abrió una página en Internet[2], con la ayuda de una amiga, para dar cuenta de la oferta cultural y de ocio en la ciudad: conciertos, exposiciones, conferencias… organizados mayoritariamente, no por la Administración, sino por la sociedad civil. Belén se dio cuenta de que había mucha gente trabajando mucho y creativamente para superar la crisis económica, y quiso que la página tuviera un contenido político, “en el sentido de hacer ciudad, de hacer red, de crear comunidad”.

Entonces empezó a hablarse de que había niños que iban al colegio sin desayunar, realidad que corroboraron algunas amigas de Belén que son profesoras, y pensaron que sería buena idea poner en marcha unos desayunos abiertos a todas las familias. La asociación Partycipa[3] puso a su disposición un local gratuito en el centro de la ciudad y, aunque al principio acudía poca gente y de forma irregular, acabaron ofreciendo desayunos y meriendas, con ayuda para hacer los deberes, a diez familias. A primeros de año decidieron hacer también un reparto semanal de comida y… “Oviedo se volcó”. De muy diversas formas, han colaborado particulares, asociaciones, colegios, pequeños negocios… Durante el curso –la iniciativa ha estado unida al calendario escolar– han formado parte de la red de recursos de la sociedad y acogido a personas enviadas por los servicios de asistencia social y por los colegios, aunque paradójicamente no se ha puesto en contacto con ellas “ni un concejal, ni del equipo de gobierno ni de la oposición”.

Esta experiencia de “personas ayudando a personas sin más, sin etiquetas”[4], ha sido dura –porque duro es ver merendar a niñas/os con ansiedad, como si fuera lo primero que comen en todo el día, o saber que hay padres que no cenan para que sus hijos desayunen, o comprobar que la pobreza energética[5] hace que la gente prefiera llevarse pasta y arroz, porque tardan menos en cocer que las legumbres– y una verdadera “escuela para abandonar los prejuicios”. Ahora toca evaluar y decidir qué hacer en el futuro y cómo.

Esta iniciativa se suma a otras muchas, en todo el mundo, nacidas de la solidaridad, del deseo de justicia, de la conciencia de corresponsabilidad e interdependencia de los seres humanos. Todas ellas constituyen el llamado tercer sector –denominado así porque no es privado ni público–, que está conformado por las oenegés y por los múltiples y diversos movimientos ciudadanos que a nivel de barrio, local, regional, estatal o global intentan poner coto a neoliberalismo económico y atajar sus terribles consecuencias; movimientos que canalizan y suman reivindicaciones, fuerzas y anhelos; movimientos que pueden convertirse en motores de algo nuevo, en posibilitadores de una sociedad más comunitaria; movimientos en los que yo, tú, nosotras/os podemos participar y/o echar a andar.

Parece que es hora de levantarse del sofá.

 

 

[1] Los entrecomillados proceden de la entrevista realizada a Belén Suárez Prieto por L. S. Naveros y publicada en el periódico asturiano La Nueva España, 4-7-2014, p. 9. No puedo ofrecer el enlace a la versión digital de dicha noticia porque la lectura del texto completo está restringida a suscriptoras/es.

[2] http://peroquiendice.com/blog/inicio/

[3] http://www.partycipa.com/

[4] Cuenta Belén Suárez Prieto: “Fuimos al Banco de Alimentos y fueron muy amables, pero tenemos filosofías distintas. No podían darnos comida para repartir porque teníamos que acreditar que la gente que la recibía estaba en situación de necesidad. Y eso era algo que no queríamos hacer”.

[5] La pobreza energética es la incapacidad de un hogar de satisfacer una cantidad mínima de servicios de la energía para sus necesidades básicas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s