Estoy enganchada

9 Jun

Magdalena Bennàsar Oliver

1167849048_9f9418ebe2“Es importante que sepamos cual es nuestra trayectoria interior, personal, intransferible, para que no vayamos al vaivén de circunstancias y personas para vivir una vida equilibrada. Para ello necesitamos beber de la fuente de la energía, la que vive en nosotras, convive con nosotros.”

“… porque de la vida que yo tengo viviréis también vosotros.” (Juan 14,19b)

No quiero manipular el texto pero creo que Jesús diría también vosotras: “porque de la vida que yo tengo viviréis también vosotras”. Llevo varios días entrando en estas palabras. No sé si lo que me entra de ellas es lo que dicen, según unos u otros…, a mí, en el momento actual me hablan de lo inmenso y de lo íntimo. Y por eso me enganchan, es como una borrachera dejar que el texto me hable, me sugiera, mientras yo sólo dejo que llegue a lo que de mí escucha, a lo que está diseñado en mí para escuchar a Dios en todo y en todos: esto es mi inconsciente.  Ahí yo no controlo, ni programo, ahí no hago pie porque es mucho más grande que mi yo consciente, que siempre está por ahí.

La primera imagen que me viene al leer otra vez el texto y respirarlo, y sentir su peso específico, es la de una mujer alimentando a su bebé: de la vida que yo tengo, vivirás, nos dice la madre naturaleza a través del cuerpo y presenciamos el milagro todos los días.

La siguiente imagen que me surge es la de la Tierra flotando en la inmensidad del cosmos, majestuosamente, siguiendo su ritmo, su ruta: de la vida que yo tengo vivirás. Esta hermosísima tierra, con todas sus inexplicables maravillas es vida de la Vida. Desde la inmensidad a la intimidad: desde un bosque o un océano a un insecto colectando polen o a un pececillo divirtiéndose en la inmensidad del océano que como una madre lo acuna, alimenta y protege: de la vida que yo tengo viviréis también vosotros y vosotras.

Luego llego a la huerta y veo al hortelano agachado, recogiendo verduras que llevará a su mesa y a nuestra mesa: de la vida que yo tengo, viviréis, os alimentaréis.

Esa vida no piensa, no programa, está en todo. La vida que se nos regala viene directa de la fuente, por ello no hay que temer nos indica Jesús. Esa vida que nos une a todos y a todo y que nos hace uno, no ha pasado por los filtros culturales, ni religiosos, ni políticos…es vida, punto.

Por ello, porque esa vida viene de la suya, porque es la suya, la del amor, se da gratuitamente como la leche materna, o el océano, o la sabiduría, o las rocas.

Hoy, al día siguiente de escribir lo anterior, he vuelto al mismo texto, se llama adicción, y es bueno porque cada vez ves, sientes, recibes de manera diferente. Como cuando visitas  de nuevo un lugar, un paisaje, un museo, cada vez descubres cosas nuevas, que estaban la vez anterior, pero no las pudimos captar a la vez. También ocurre con los libros, si los lees de nuevo, la historia del libro es la misma, pero la tuya y la mía no, luego todo resuena diferente, casi parece que la historia del libro ha sido modificada, pero no, es la nuestra la que está en continua evolución y desarrollo. Eso ocurre para bien y para mal. Las experiencias no se repiten. A veces volvemos a un lugar que fue importante, o quedamos con una persona que nos ayudó o inspiró, buscando aquella experiencia que recordamos como notoria, pero no suele ocurrir así. Eso lo viven con intensidad las parejas, saben que si no cultivan la tierra cada día, alguno, por pura necesidad buscará vida, en otro lugar, otro corazón…y todo por no saber manejar nuestra vida interior en la mayoría de los casos, por supuesto que hay otras situaciones de índole profesional.

 No todo mantiene la misma energía siempre, porque la energía está en nosotros, los lugares, personas tienen su propia trayectoria. Es importante que sepamos cual es nuestra trayectoria interior, personal, intransferible, para que no vayamos al vaivén de circunstancias y personas para vivir una vida equilibrada. Para ello necesitamos beber de la fuente de la energía, la que vive en nosotras, convive con nosotros.

Como decía, hoy he vuelto al mismo texto y “voilá”, alguien íntimo y querido había llegado antes que yo y me lo había preparado como un desayuno de domingo, con un nuevo color y sabor en la mesa, con un nuevo brochazo en el arcoíris, para que siga teniendo fuerza para asumir mi lugar hoy en una Europa envejecida que sigue explotando y conspirando y a la vez luchando para descubrir el nuevo paradigma, que desde luego no anda entre bancos ni entre políticos con intereses partidistas, sino en esa inmensidad del universo que nos habla de una sabiduría de billones de años, de cómo funcionan los sistemas y las estructuras en la vida que hay en todo, que si queremos encontrar soluciones tenemos que integrar y reproducir en nuestra propia evolución como seres humanos, civilizados que necesitamos entender nuestro momento histórico.

Dice mi texto hoy, antes de las palabras de ayer, versículo 19: “Dentro de poco, el mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis (aquí sigue lo de ayer: porque de la vida que yo tengo viviréis también vosotros.)  El mundo dejará de verme, se refiere a su muerte física, pero vosotros, en cambio, me veréis, porque tenemos de su vida. Tenemos su espíritu, el mismísimo espíritu de Dios, de vida, de amor, de sabiduría, de bondad, de solidaridad, de creatividad…

Me veréis. Vosotros, en cambio, me veréis. Nos habla  a nosotros y a nosotras. Y no se refiere a imágenes, se refiere a la experiencia de vida en la vida de cada día. Le veremos con esos ojos bien enfocados del corazón que ven más allá de lo aparente porque tienen vida de la vida.

Se nos invita, con delicadeza infinita a entender que la vida está en nosotras  y nosotros porque el espíritu de Jesús y en él de todo, del Cristo Cósmico, está en todo lo inmenso y en lo íntimo. Me habla y me convoca a saberme, sentirme, vivirme como parte de un todo que nos llama familia. El universo es parte de nosotros y nosotros parte de él. Nuestro planeta nos regala vida, a través de miles de detalles que ni siquiera percibimos.  Es en esta tierra en la que tomó forma humana la no-forma divina. Jesús nos transmite con su vida la vida que está en todo y que emerge del Amor.

De verdad, creo que dentro de la lucha por esos derechos por ser parte de ese todo armónico, bello, rico, potente, y reconociendo que no todos los disfrutan, tendríamos que ser más felices, menos nerviosos, me lo digo a mí, más positivos. Hoy ha amanecido, hoy tenemos vida, vivimos en la vida, estamos envueltos de vida y mira el chorro de vida que repartes y compartes sin darte casi cuenta. Esa es la vida de Dios, que repartes y compartes, yo sólo te invito a que disfrutes de su presencia, de verle y sentirle en ti, con serenidad adulta. No te obligues a orar, ora, es como, no te obligues a respirar, porque si no respiras…

Me veréis. ¿Te interesa?

Magdalena Bennàsar Oliver

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