A él lo destinan a otro país. ¿Y ella?

1 Abr

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Por: Carolina Góngora |EP  25 de marzo de 2014

A él le ofrecen un trabajo en otro país. Ella debe poner en una balanza acompañarle en la aventura o quedarse en su ciudad de siempre con su empleo, si lo tiene. Muchas, empujadas por la crisis que asola España y por las ganas de vivir una experiencia en un país nuevo, optan por la primera opción. Si el hombre es el que tiene mejor trabajo, la pareja decide continuar la carrera profesional del marido porque económicamente es más beneficioso para la familia. En otros casos, aunque ella tenga trabajo estable, deciden trasladarse a otro país porque el hombre ha encontrado allí empleo (bien sea porque antes estuviera en paro o por una promoción o ascenso profesional).

El idioma, el visado o las convalidaciones en determinadas profesiones suelen ser los impedimentos principales entre la mujer y el mercado laboral del nuevo país. Este fenómeno de migración, que cada vez cobra más fuerza, le afectan cuestiones como la identidad de género, las decisiones de pareja y el momento del ciclo vital. Así lo creeEstrella Montes, socióloga e investigadora de la Universidad de Salamanca sobre las organizaciones, el mercado de trabajo y las relaciones de género. Si el salario o las condiciones de vida son mejores en el país de destino aparentemente es una decisión racional a favor de la familia, pero en otros casos se tiñe de irracionalidad, segúnMontes. “Da igual cómo lo enmascaremos en nuestra mente, siempre renunciamos las mujeres. Por supuesto, hay excepciones, pero son eso excepciones”, añade.

María Gómez (nombre ficticio) se marchó hace seis meses a vivir a Miami (Florida) por el trabajo de su marido. En Madrid dejó su propio despacho de abogados y en su país de acogida no le convalidan el título de abogacía, ya que el derecho anglosajón por el que se rigen es muy diferente. “Para poder ejercer tendría que ponerme a estudiar para pasar un examen. Conlleva mucho tiempo y dinero”, explica. Su sorpresa fue mayor cuando descubrió que tampoco podría trabajar como abogada rotal llevando procedimientos de nulidades canónicas, como hacía en España. Antes de irse, pensaba que podría ser una opción. Al llegar, su esperanza se torció. “El arzobispado me comunicó que estos abogados no cobran porque no es preceptiva su actuación en dichos procedimientos y además tendría que estudiar más leyes”, dice recordando aquella decepción.

La última alternativa para Gómez sería ser asistente legal. “Creo que hay una pequeña posibilidad pero no podría pasar juicios que es lo que me gusta” comenta la letrada. En el país en el que vive, muchas son las mujeres que no tienen visado de trabajo, ya que solo lo solicitaron para su marido, lo cual imposibilita cualquier oportunidad de empleo.

Para Ana Torroba, el primer obstáculo en la carrera de fondo que supuso su marcha al extranjero por el traslado profesional de su novio fue el idioma. Aunque habla inglés y francés con fluidez, como periodista considera una obligación vital manejar el alemán a la perfección. “Si no dominas la lengua, las posibilidades de progreso en la empresa son prácticamente inexistentes”, opina.

Estos dos perfiles responden a la teoría en torno a la identidad de Estrella Montes, convencida de que seguimos viviendo en una sociedad donde hombres y mujeres no son educados igual, y como consecuencia, sus identidades no se construyen de la misma manera. “Los hombres siguen pensado, aunque sea inconscientemente, que deben ser el sustento económico de la familia y aunque las mujeres se hayan incorporado al mercado de trabajo, no lo ha hecho en igualdad de condiciones”, explica. Por ello, considera que los aspectos que miden la decisión de emigrar son distintos según el sexo.

“Si la mujer trabaja, el hombre podría quedarse en España a la espera de un trabajo pero las mujeres hemos aprendido a cuidar de los demás y a renunciar. En nuestra identidad no es tan importante el trabajo como en la de los hombres y especialmente si en la pareja hay hijos pequeños, ninguna madre va a querer separarlos de su padre”, afirma la socióloga.

En términos laborales, Montes opina que las madres son las más afectadas en estos casos. “Tienen menos tiempo de dedicarse a la búsqueda de empleo, a la formación y tendrán más problemas para compatibilizar trabajo y familia. Teniendo en cuenta que seguramente no tenga ningún tipo de apoyo familiar en el país de destino, se le complica el poder asistir a entrevistas o entregar su currículum en persona”, dice la socióloga.

Para María Gómez, madre de tres niños, este aspecto es el más difícil de superar. “La peor parte de esta experiencia familiar siempre es para las madres y más para las que dejan una profesión”, cuenta. No obstante, su despacho sigue en funcionamiento en Madrid a cargo de otra persona mientras su impulsora hace un seguimiento diario del trabajo.

Para Montes, este intervalo de tiempo entre dejar un empleo y tardar en encontrar otro supone un parón profesional. “El mercado es muy competitivo y se penalizan estas situaciones. Algunas empresas pueden entenderlo como un bajo nivel de compromiso hacia la empresa”, asegura la socióloga. Si durante su estancia la mujer encuentra trabajo, se promociona o aprende idiomas, considera que puede suponerle mejoras profesionales, añade.

Este enriquecimiento es, precisamente, lo que persiguen Gómez y Torroba en sus países de acogida. A las dos les apasiona su profesión pero no dudan en aprovechar su estancia y probar en otros sectores. Gómez se plantea trabajar como agente inmobiliario o en una compañía de servicios de relocalización de expatriados españoles  en Miami. La periodista ha aprendido alemán en 10 meses, lo que le puede ayudar a embarcarse en un proyecto nuevo que siempre tuvo en mente. “No considero que esté perdiendo oportunidades porque se abren muchas más y sigo ganando experiencia aunque ahora mismo no sea tangible”, dice ilusionada.

A pesar de las dificultades que le siguen planteando Estados Unidos y Alemania a las expatriadas, ambas ven ventajas. En el caso de la abogada cree que es beneficioso para sus hijos, mientras Torroba valora la transparencia política y social del país europeo. Y es que la periodista considera que la actitud es fundamental. “Emigrar tiene que ser sinónimo de abrir la mente, de ser capaz de percibir algunos matices de la vida que para la mayoría, sumidos en la rutina y en las circunstancias propias de la vida en el país natal, no son apreciables. Irse fuera es muchas veces redescubrirse y reinventarse”.

¿Has emigrado con tu pareja? ¿Has pagado un alto precio? ¿Qué has aprendido? Deja tu comentario para contarnos tu experiencia.

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