¿Tranquilizar la conciencia o tranquilizar el corazón?

4 Nov

Magdalena Bennasar

“No basta tener la conciencia tranquila, nuestra lucha por la justicia y solidaridad es imprescindible y preciosa pero si tú no eres profundamente feliz porque a pesar de todos los problemas, tienes tu corazón habitado y lleno de la presencia viva y dialogante del resucitado…es que no leemos bien el evangelio. ”

zaqueo

Estoy rezando con el evangelio de hoy, sin más, después de un paseo de domingo por un amanecer en el mar que te deja abierta por dentro y humildemente orgullosa de ser hija de Dios, de formar parte de una armonía universal, de a pesar de estar en paro, de haber sido utilizada …de no tener casi nada en la cuenta corriente…saber y sentir que la vida es un regalo, que la fe en el Amor es lo que da la vida, la salud interior, la fuerza para empezar una y otra vez, como el amanecer, que no falla, y que tal vez sólo los y las que no somos importantes podemos disfrutar así, como nadando en amaneceres rojos, melocotón, turquesa… 

Como decía, estoy en una sentada larga con el evangelio de hoy, el viejo amigo Zaqueo me ha vuelto a guiñar el ojo. Me da la impresión de que no lo pillamos. Es muy fácil compartir los bienes sobre todo cuando se tiene una fe comprometida. Es incluso fácil compartir bienes cuando vemos una necesidad, sin tener que acudir a la fe para fundamentarlo. Lo que no es tan fácil es alojar al Huésped. 

La sensación general de nuestra iglesia en España, es que habla de Dios pero no enseña a alojar a Jesús en nuestra casa. Eso sí, hay que ser solidarios y en todas las parroquias encontraremos grupos comprometidos con Cáritas…pero no siempre con procesos serios de evangelización, o sea, de espacios que enseñen a alojar al huésped que es lo que tranquiliza el corazón más allá del donativo y el trabajo solidario que tranquiliza nuestra conciencia. 

No basta tener la conciencia tranquila, nuestra lucha por la justicia y solidaridad es imprescindible y preciosa pero si tú no eres profundamente feliz porque a pesar de todos los problemas, tienes tu corazón habitado y lleno de la presencia viva y dialogante del resucitado…es que no leemos bien el evangelio. 

“Zaqueo, baja enseguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.”(Lc19, 5)  ¡Cuanta urgencia en tan pocas palabras! 

De alguna manera Jesús le dice “baja”: deja de buscarme en las alturas de liturgias que no llegan, de esfuerzos no necesarios…baja, porque el encuentro se da abajo, en casa, en tu casa. Tu casa, según está hoy, ahora. Sin recoger, sin ordenar…porque el encuentro se da en la verdad sencilla y humilde de quien soy yo, de cómo estoy y de qué busco. 

El guiño de Zaqueo me sigue indicando, si quieres salir del monólogo de una oración aburrida, y que por eso la dejamos, porque aburre, si quieres apreciar la presencia habitada y la palabra hecha carne, date cuenta, entérate de que quien busca es él. Quien busca alojarse es él. Dios que es Amor, busca con urgencia “tengo que alojarme en tu casa”. 

Siento esa urgencia en nuestra comunidad cristiana. Hemos enseñado a ir a misa y a ser solidarios pero no a “alojar al huésped” que sosiega el corazón y da sentido a todo. 

Por supuesto que cuando esto ocurre, se es generoso y comprometido…es redundante. Es de cajón. Si el corazón está sereno, todo sobra, todo es de todos, se comparte, se convive, se acepta, nos enriquecemos mutuamente. Si el corazón es mezquino y lo es cuando está hambriento, hay celos, envidias, divisiones, calumnias…aunque demos grandes sumas de dinero y de nuestro tiempo. 

“El bajó enseguida y lo recibió muy contento”. Gracias Zaqueo por bajar, qué fuerte si no lo haces. Al tú bajar enseñas al Zaqueo que tengo dentro a hacerlo. Bajar de mis excusas y alturas falsas, porque en el fondo es a ras de suelo donde estoy, vivo, me muevo, con mis luchas y malos ratos, con mis miedos y esperanzas. Y ahí, sin más, viene el maestro. El maestro interior que me llena, que me acompaña, que me guía. 

Jesús entra por casa. No sé si es uno de esos a quien he dado un juego de llaves, para que se ponga cómodo y se pueda preparar un café mientras me decido a volver a mi casa, dejando lo que no me llena, volver para encontrarme la casa recogida y habitada y el olorcillo al café del amigo que espera y espera y pide quedarse. 

Creo seriamente que si viviéramos eso gran parte de los laboratorios que fabrican ansiolíticos tendrían que reducir la producción. La ansiedad se da en un corazón intranquilo e inquieto, un corazón que no aloja. 

¡Enseñemos a alojar el corazón!  Nosotras nos hemos comprometido con la vida. Estamos trabajando con niños para que aprendan, desde el principio, con educadores y madres-padres para que lo incorporen en sus vidas y lo compartan…porque es la clave de todo. Si eso está, lo demás se da en abundancia, en exageración, fíjate en Zaqueo, se pasa, y es que así ocurre. 

Sé que hay un gran número de personas que me llamarán espiritualista. Gracias. Me encanta. Y te invito a que lo pruebes. Mira que si tengo razón y descubres ese gozo además de que sigas haciendo todo lo bueno que haces…me encantaría. Te invito a dialogar con tu Zaqueo. 

Y luego, no te olvides de salir a ver amaneceres, es que te los regalan, te los hacen cada día distinto para ti. Ni uno repetido, y están ahí, esperándote, como una banda sonora de colores que se alojan y despiden las sombras de la noche, y se funden en un desayuno de amanecer y palabra del Huésped. 

¡Cómo huele ese café! 

 

 

 

Magdalena Bennasar 

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