El arte feminista latinoamericano y la denuncia de la violencia de género

1 Nov

Irene Ballester – Feminicidio.net – 29/10/2013 Si el feminismo es el instrumento a través del cual las mujeres pueden dotarse de poder dentro de la cultura patriarcal (1), la metodología feminista es un conjunto de estrategias que permiten la autorreflexión y en el caso de la Historia del Arte, sacan a la luz las aportaciones llevadas a cabo por las mujeres artistas ignoradas o presentadas únicamente como musas o seguidoras de los movimientos artísticos encabezados siempre por los hombres.

Partiendo de esta liberación que las reafirma como sujetos autónomos, todas ellas tienen la capacidad contestataria de plasmar sobre su cuerpo su necesidad de hablar, pensar y actuar, no sólo a través de los temas que condicionan su situación femenina, como la sexualidad o la maternidad, la primera escindida y la segunda obligatoria. También son capaces de convertir su arte y su cuerpo en una plataforma para denunciar los abusos del fascismo, la violencia de género y en última instancia el feminicidio. Artistas como la guatemalteca Regina José Galindo, las mexicanas Lorena Wolffer y Rocío Boliver o la colombiana Martha Amorocho, entre otras, utilizan su cuerpo sin limitaciones, convirtiéndolo en un espacio físico y en un soporte real sobre el cual representar las experiencias de su vida.

En los inicios del siglo XXI, Latinoamérica vive un proceso de democratización que permitirá que mujeres artistas denuncien los abusos de poder del Estado a través del protagonismo del cuerpo femenino: Regina José Galindo en su performance del año 2003, ¿Quien puede borrar las huellas? O la peruana Natalia Iguiñiz Boggio, con el afiche Mi cuerpo no es un campo de batalla, del año 2004, a través del cual exige justicia para las miles de mujeres víctimas de abusos sexuales durante la guerra civil que duró en el Perú desde mayo de 1980 a noviembre del año 2000. Estas propuestas estéticas que intentaban recuperar espacios públicos para el feminismo, son las que intervendrán en la vida política y social, apropiándose de estrategias de comunicación que involucran la acción y la reacción como medidas para el cambio hacia la igualdad.

La categoría feminicidio fue desarrollada por Marcela Lagarde y de los Ríos, Catedrática en Antropología y Sociología de la Universidad Nacional Autónoma de México. El término proviene del inglés femicide expuesto por las teóricas feministas Diana Russell y Jill Radford en su texto Femicide. The politics of woman killing (2). A pesar de que la traducción del término femicide al español es femicidio, Marcela Lagarde transitó de femicidio a feminicidio porque el término femicidio puede ser sólo interpretado como el término femenino de homicidio, es decir, como un concepto que especifique el sexo de las víctimas. La identificación de femicide en feminicidio lleva implícita la necesidad de aclarar que no se trata únicamente de la descripción de crímenes que cometen homicidas contra niñas o mujeres, sino la construcción social de estos crímenes de odio, culminación de la violencia de género contra las mujeres, así como de la impunidad que los configura. En 1935 Frida Kahlo representó el feminicidio en la pintura Unos cuantos piquetitos, a pesar de ser un término todavía no conocido, mientras que Lorena Wolffer en Mientras dormíamos: el caso Juárez, del año 2002 y Regina José Galindo en El dolor en un pañuelo del año 1999 o Perra, del año 2005, lo volverán a denunciar través de las manifestaciones artísticas menos contaminadas por el patriarcado, entre ellas la performance, convirtiendo sus cuerpos en cuerpos metafóricos en los que las heridas, las vejaciones, las mutilaciones y los golpes pasan a ser territorios de resistencia contra los que combatir la violencia misógina.

En el año 2004 el cuerpo de Regina José Galindo se convirtió en un campo para la intervención quirúrgica. Su capacidad de contestación o de rebelión frente a la “dictadura” estética, era llevada a cabo en términos de desafío a los estereotipos de la feminidad y del cuerpo femenino ideal, anteponiendo su cuerpo al canon estético; Frida Kahlo también lo había hecho al autorretratarse enferma o en silla de ruedas, su cuerpo como pantalla de proyección para el dolor y la enfermedad. En el caso de Regina José Galindo, su cuerpo no iba a ser asimilado a los designios de la mirada patriarcal que se expresa en boca de los gustos por un cuerpo femenino perfecto y pulcro, sino mediante la crudeza de las imágenes de su video Himenoplastia en el que se somete a la reconstrucción del himen y denuncia el peligro al que se someten muchas mujeres que en países de todo el mundo se ven obligadas a conservar su virginidad como sinónimo de honor, tanto de ellas como de sus familias.

Todos estos trabajos muestran una gran autorreflexión en la que entra la perspectiva de género, postergada a un segundo plano por las reivindicaciones sociales de Latinoamérica, posteriores a los contextos sociopolíticos de las dictaduras que han desangrado a estos países. De esta explicación se desprende que todavía en Latinoamérica a las víctimas de la violencia de género se las culpabilice, que los códigos penales discriminen a las mujeres, que se desacredite la figura de las mujeres víctimas del feminicidio y que sus familiares no encuentren protección y ayuda por parte del Estado.

Irene Ballester Buigues es Doctora en Historia del Arte por la Universitat de València y Máster Universitario en Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía por la Universitat Jaume I de Castelló. Profesora y crítica de arte, es autora del ensayo El cuerpo abierto. Representaciones extremas de la mujer en el arte contemporáneo. Coordina el curso online“Combatividad y resistencia. Arte y feminismo en América Latina” que se celebra en la plataforma de formación online de Feminicidio.net.

(1) Deepwell, Katty: “La crítica feminista de arte en un nuevo contexto”, Id (ed.), Nueva crítica feminista de arte. Estrategias críticas, Ediciones Cátedra, Universitat de València, Instituto de la Mujer, Madrid, 1998.

(2) Russell, Diane; Radford, Jill: Femicide. The politics of woman killing, Twayne Publishers, Nueva York, 1992.

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