Tengo un sueño: una Iglesia menos clerical

27 Oct

sacerdosermoncolorIsabel Gómez Acebo

“De cualquier manera hay que pensar que el hecho de abrir la predicación a las mujeres tendrá necesariamente frutos positivos, numerosos e impredecibles. Sería un cambio de tal naturaleza que haría evolucionar al mismo sacerdocio.” François Boespflug

(21rs) Voy a resumir un artículo del dominico François Boespflug que tiene este título y que me ha parecido interesante.

“Si tuviera que citar una prioridad para la reforma que se está llevando a cabo en la Iglesia diría que fuera menos clerical en su manera de ser y de hablar, una forma cuyo ejemplo nos ofrece el papa Francisco todos los días con alegría y con un mensaje joven, vitalista con simplicidad evangélica y actuación profética.

Habría que dar más espacio a las mujeres

Deberían tener el derecho de predicar dentro de la liturgia y ostentar algún ministerio. No es tolerable, en nuestro tiempo, con crisis de vocaciones sacerdotales que continúe dominando la disciplina férrea de la reforma gregoriana. No hay argumentos teológicos convincentes contra las mujeres salvo la tradición (aunque la Magdalena fue llamada Apóstol de los Apóstoles y según Santo Tomás el argumento de la tradición es el más débil de todos) y hoy no resulta aceptable.

Otras iglesias cristianas han pasado página con coraje y deberíamos meditar sobre su ejemplo y aprovecharnos de su experiencia. No estaría de más que la Iglesia romana consultara a la anglicana. De cualquier manera hay que pensar que el hecho de abrir la predicación a las mujeres tendrá necesariamente frutos positivos, numerosos e impredecibles. Sería un cambio de tal naturaleza que haría evolucionar al mismo sacerdocio.

En este plano, como en muchos otros donde se ha dado la evolución, el encuentro de lo femenino y de lo masculino tiene la gran oportunidad de hacerse fecundo. Es muy dañino que la predicación del evangelio no haya podido beneficiarse todavía de este factor de humanización completa, como ha sucedido en otras instituciones. No es necesario condicionar esta práctica al sacerdocio o al diaconado de las mujeres. Cada cosa a su tiempo.

Colocar la palabra en el primer plano

Dado que la vida de la Iglesia se nutre de la Palabra de Dios y de la liturgia, tendría el papa que escribir una encíclica sobre la alianza indispensable en la celebración eucarística de la mesa de la palabra y de la mesa del pan sostenida por el Vaticano II. Hoy sufre la palabra viva ante la exaltación de la presencia real que nace en la Contrarreforma. Una encíclica sobre la homilía resulta necesaria con una reflexión valiente y ambiciosa sobre la predicación en la Iglesia. La mayor parte del abandono a la misa proviene, no tanto sobre las dudas de la presencia real, como del hecho de que mientras la cabeza y el corazón tienen carencia de alimento espiritual, el acento se coloca sobre la ostia y no se nutren esas carencias.

Rehabilitar a los teólogos

Hace falta una revalorización global del estudio, dar importancia a la lectura asidua, a la investigación sobre todo de los teólogos en la vida de la Iglesia. Son bellísimas la acción católica, la militancia, el voluntariado, la caridad creativa bajo todas sus formas, la oración, la comunidad de bienes… y todos los movimientos de renovación eclesiales. Pero resulta nefasto contraponer estas posturas a los que dedican su vida a adquirir conocimientos, a reflexionar de una forma crítica sobre las condiciones y los medios de la vida cristiana pues se ha disminuido tanto el número de estos expertos que hoy nos podemos preguntar si existen intelectuales cristianos.

Los teólogos profesionales casi nunca son solicitados para dar su opinión y su análisis, parece como si los obispos pensaran que no necesitan el consejo de los expertos, sobre todo de los que buscan apasionadamente dentro de la Iglesia y están bien informados en materia de moral, finanzas, política, medios, cuestiones interreligiosas, arte… como si el hecho de su ordenación episcopal les hubiese colmado ipso facto de los siete dones del Espíritu Santo. Esta tendencia anti intelectual larvada rebaja la calidad del debate dentro de la Iglesia, que no pasa por momentos de buena salud, y dentro de los medios de comunicación social.

En el feliz caso de que mis tres deseos se llevaran a cabo, aunque fuera mínimamente, se conseguiría la desclericalización del lenguaje de la homilía, de la catequesis, de las declaraciones episcopales y del tono y la vestimenta de los sacerdotes. Aprovecho para rezar al Espíritu y pedirle que impulse el hablar con franqueza dentro de la Iglesia porque será lo que permita la evolución en este sentido.

– See more at: http://blogs.21rs.es/ilusiones/2013/10/26/tengo-un-sueno-una-iglesia-menos-clerical/#sthash.HjsNQFZO.dpuf

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