MUDANZAS Y TRASLADOS

13 Oct

No tengo mucha idea de cómo será ese domicilio definitivo pero del Trasportista tengo buenísimas referencias”

(Alandar oct 2013) Este verano he cambiado de casa y, según mi costumbre, rastreo la Biblia buscando gente que también pasó por mudanzas y traslados. Abraham y Sara fueron los primeros y más tarde David que, después de pasar bastante tiempo sin domicilio fijo, se instaló al final en un palacete en Jerusalén aunque eso le perdió: tenía azotea y desde allí, al levantase un día de la siesta, vio a su vecina Betsabé que se estaba bañando en la suya y las cosas se liaron un poco.

En nuestra nueva casa también hay azotea pero es para tender la ropa y sólo nos ven los de los áticos vecinos; por suerte tienen las plantas que es una hermosura y nos alegran bastante la vista del puro ladrillo.

Enfrente de nuestra nueva vivienda hay un local comercial okupado por un hombre y una mujer ya mayores que han puesto una cortina y una madera como puerta: así de precarios, pienso, debieron vivir los israelitas cuando acampaban en tiendas en el desierto. En la esquina de al lado hay un “Centro de atención integral al mayor”, pero dudo mucho que nuestros vecinos okupas vayan a ser incluidos en sus programas de atención.

El traslado de cachivaches a la nueva casa ha resultado un poco fastidioso pero peor debió ser lo del éxodo: Jacob había dejado en su testamento una cláusula pidiendo a sus descendientes que sacaran de Egipto sus huesos, así que tuvieron que acarrear el sarcófago con los restos del abuelo. Nosotras nos quejamos de vicio porque no hemos tenido que transportar los huesos de ninguna antepasada.

Salgo a explorar los valles y colinas del barrio: apenas hay aborígenes y dominan los filisteos, edomitas, amalecitas, perezeos y jebuseos. Entro en la tienda de un chino que tiene puesto a Manolo Escobar. “- Que se me pegue la lengua al paladar si me olvido de ti, Sichuan…”, pienso que piensa el chino. Claro que quizá no es de Sichuan sino de Jiangxi, no he conseguido distinguirlo por el acento.

Una vez instalada en la casa, acometo con energía los ejercicios de logopedia con los que estimulo mis maltrechas cuerdas vocales, confieso que me haría ilusión que los vecinos creyeran que soy cantante. Lo malo es que también tengo que cantar en monodia algunos trabalenguas como éste: silagallinanofueraéticapoéticaparda gallardadelpicopicotudolospollitosnoseríanéticospoéticospardosgallardos delpicopicotudo . “-¿Cantante, dices?” (imagino la reacción del vecindario), “más bien una chiflada me parece a mí…”

Vuelvo a la Biblia: me conforta el recuerdo de Elías que pasó por muchos traslados forzosos: que si vete a vivir junto al torrente Kerit, que si ahora a Sarepta a casa de la viuda, que si al desierto, que si a una cueva del Horeb… Al final debía estar tan cansado que el Señor mandó a recogerle un vehículo de la empresa Carrosdefuego S.A.

Pienso que algún día vendrá también a recogerme a mí según su aviso: “Me voy a prepararos lugar, volveré y os llevaré conmigo para que donde esté yo, estéis también vosotros”. No tengo mucha idea de cómo será ese domicilio definitivo pero del Trasportista tengo buenísimas referencias.

 

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