¿Qué amor?

28 Sep

Maria José Ferrer Echávarri

amor-robado-9788415472780“Un relato, a menudo, es capaz de despertar la conciencia mucho más que el mejor de los ensayos, y lo que Dacia Maraini denuncia en este libro (Amor Robado) no es solo el uso y abuso del amor para la dominación, el control y la violencia, una realidad tan cotidiana como intolerable y, por supuesto, necesitada de transformación en muchos niveles, sino que la visión distorsionada del amor nos afecta prácticamente a todas/os.”

El amor ha sido el opio de las mujeres.

Kate Millet

 

(R21) Acabo de leer Amor robado, de Dacia Maraini[1], escritora feminista convencida en cuya obra, donde los problemas de la marginación y la infancia son una constante, las mujeres y sus condiciones históricas y sociales adquieren un especial protagonismo. En Amor robado nos presenta con un estilo claro y realista ocho relatos diferentes, cuya única conexión es la presencia, en todos ellos, de un amor mal entendido, de una visión del amor distorsionada que genera víctimas y verdugos. Hay historias de malos tratos, de celos extremos, de violaciones, de abusos sexuales a niñas dentro y fuera de la familia… En realidad, no cuenta nada que, desgraciadamente, no se pueda leer en los periódicos cualquier día, pero al poner voz a sus personajes –víctimas, verdugos y espectadoras/es–, al insertarlas en contextos tan cotidianos, al exponer su pasado, sus pensamientos, sus deseos, sus miedos, con palabras tan sencillas y cercanas, el efecto es… devastador. Maraini consigue dibujar línea a línea situaciones tan poco extraordinarias como violentas, en las que los personajes, llamativamente “normales”, son capaces de desarrollar, en unos casos, y sufrir, en otros, una violencia tan continuada y creciente, ante la mirada casi siempre ciega de quienes les rodean, que resulta inevitable no pensar en la banalidad del mal.

Ellos –los maltratadores físicos y/o psicológicos, los violadores, los pederastas– se ven a sí mismos como amantes perfectos. No hay ni sombra de arrepentimiento real por el daño que causan, aunque a veces sus palabras parezcan indicar lo contrario. Entienden el amor como posesión, y los cuerpos femeninos, por tanto, como objetos de su propiedad. Creen, incluso, que las mujeres a las que humillan y maltratan han de estar agradecidas por la forma y la intensidad con que son “amadas”.

Ellas, las mujeres, quieren recibir amor, por supuesto, pero sobre todo quieren amar; quieren ser capaces de un amor perfecto, un amor que, para serlo realmente, exige que se adapten a los deseos de ellos, que justifiquen la violencia que sufren, que callen y oculten el infierno en que viven, unas veces, por miedo a sus agresores, otras, por no hacer sufrir a los seres queridos, otras, por falta de confianza en las instituciones públicas…  Y ese deseo de amar acaba destruyéndolas, de una manera u otra.

Finalmente, están las/os espectadores/as, las personas cercanas a las/os protagonistas de esta violencia, practicada o sufrida, en tantas ocasiones mortal y siempre perversa, ejercida en nombre del amor. Personas que no ven, aunque miran, que intuyen, pero no profundizan, que temen descubrir la realidad, porque no se sienten capaces de asumirla, que se mantienen al margen por “respeto”, que en ocasiones saben a ciencia cierta, pero no intervienen, porque creen que el asunto no les atañe, o lo ponen en otras manos, o miran hacia otro lado por intereses personales, o se dejan llevar por los prejuicios machistas y juzgan con benevolencia a los verdugos y culpabilizan a las víctimas…

En cierta ocasión, Maraini dijo que fue la perplejidad la que le empujó a escribir, y perpleja me ha dejado la lectura de Amor robado. Perpleja y con un regusto muy amargo. Tan solo uno de los relatos parece dejar un resquicio de esperanza a su protagonista; los demás, por diversos motivos, terminan realmente mal. Y me preocupa. Un relato, a menudo, es capaz de despertar la conciencia mucho más que el mejor de los ensayos, y lo que Dacia Maraini denuncia en este libro no es solo el uso y abuso del amor para la dominación, el control y la violencia, una realidad tan cotidiana como intolerable y, por supuesto, necesitada de transformación en muchos niveles, sino que la visión distorsionada del amor nos afecta prácticamente a todas/os.

Apremia, por tanto, que nos preguntemos seria y profundamente qué entendemos por amor, en todos los niveles y contextos, sobre todo las mujeres, porque creo sinceramente que en esta cuestión nos llevamos la peor parte. Yo no tengo la respuesta, pero sé lo que no es amor. Amar no es poseer, ni controlar, ni manipular, ni dominar. Tampoco ama, aunque crea que sí, la persona poseída, controlada, manipulada o dominada. Un amor violento es tan poco amor como uno sumiso. Y nadie domina o se somete de repente. Es algo que se aprende poco a poco, pero que urge desaprender, si no queremos seguir siendo mal amadas e incapaces de amar.

 


[1] Maraini, nacida en Fiesole, Florencia, en 1936, nieta y biznieta de escritoras, es quizá la más conocida de las autoras italianas actuales y la más traducida en el mundo entero.

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