Creo en el Espíritu

15 Sep

col sandra

Gracias Nico, “Colo”, por tu confrontación insistente,
que me impulsa a aclararme…

El Espíritu vibra en mi cuerpo. Se hace aliento que sopla sobre el fuego, el mío, el tuyo, el colectivo; se hace viento que aviva la gran fogata compartida.

(Fe Adulta) El Espíritu es el dios que me atraviesa. ¿Sintonía de mi espíritu con el tuyo? ¿Un modo particular de encarnar el espíritu de todos? Tiendo a creer en un Soplo Universal, que recoge todos los espíritus y que se exhala a sí mismo, con un hálito único en cada cual, atravesando su originalidad.

Me siento de tu misma sustancia, y diversa a la vez. Hija. Hecha del mismo material. Distinta y distinguible. A cargo de mí misma, y en re-creación constante, tu aliento en mi aliento. Paradoja de ser yo, y parte de un todo mayor.

‘Gemidos de parto’ en sintonía, que el Espíritu traduce para la inmensidad y nosotros ‘en la lengua del hombre’. Tarea conjunta de traducción interpretativa, que vuelve comunicable ‘lo indecible’. Invitados a ‘sondear los corazones’ para encontrar allí ‘el deseo del Espíritu’ que abraza y expande nuestro deseo, le da forma y lo hace palabra eficiente, creadora.

Nuestro espíritu y el espíritu colectivo, en danza fecundante que alborota lo humano.

Creo en un espíritu que recoge la brisa y la tormenta; que refresca y quiebra. Se hace instrumento de renaceres y de las muertes necesarias. Creo en un espíritu ‘total’, que reúne los opuestos; espíritu hacedor de lo simbólico… creo en el Dios de la síntesis, que tironea de un polo para provocarnos a despertar el otro.

Creo en un único espíritu que aletea en “toda la creación al unísono” y que nos invita al parto recreador. Creo en un soplo que levanta lo oscuro, que acoge la necesidad de destruir para generar vacíos de vientre…que se hace cargo del dolor y de la muerte y de todo lo que intentamos negar.

Creo en un Dios que celebra la contradicción, porque en ella están las preguntas desafiantes.

Creo que sostenés nuestras tormentas, y en ellas te mostrás dormido, dejando en nuestras manos conducir este bote frágil y fuerte que sigue queriendo atravesar orillas.

Te mostrás dormido y convocás nuestra libertad, haciéndonos cargo de que también somos “hijos del Hombre”.

Un Dios de adultos, de vivientes, de humanidad en abundancia. Porque la conmoción de las tempestades es también abundancia de lo humano. Sin el caos del corazón, sin el desorden del amor, sin la necesidad constante de encauzar las energías para que no se desboquen, para que sigan siendo fuerzas creadoras, no seríamos plenamente humanos.

Creo en un Dios que ama hasta el colmo nuestra humanidad…

 

Sandra Hojman

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