La importancia de las palabras

9 Sep

Isabel Gómez Acebo

Asamblea LCWR(21R) Los medios de comunicación tenían mucho interés en conocer el resultado de la asamblea de la LCWR que tuvo lugar en Orlando este mes de agosto. La asamblea reunía a las líderes del 80% de las religiosas de los Estados Unidos que desde más de año y medio habían sido cuestionadas por el Vaticano. Los obispos se reunieron con su equipo directivo pero se les pidió que no hicieran declaraciones lo que guardaron a rajatabla pues ni siquiera comentaron el resultado de su asamblea.

            Lo único que ha trascendido ha sido la homilía que, Sartain, el obispo encargado de tutelarlas pronunció en su presencia el día de la Asunción. La figura de María de Nazaret brillaba con luz propia pero su personalidad fue interpretada desde muy distintos ángulos como quedó demostrado en las palabras del oficiante.

            Como dice Joan Chittister “la homilía habló de una Maria reposada, dócil, que se somete gustosa y no tiene interés en resolver los problemas que le surgen para su satisfacción personal. No existió para ella el “no” o el “mío” con lo que su imagen es la de un pasivo recipiente de lo que considera es la Palabra de Dios. Pero ¿fue así?

            Satain no aludió en sus palabras que se atrevió a cuestionar a ¡un ángel!Alguien con mucha más categoría que la suya, incluso más importante que los delegados apostólicos y sólo después de hacerlo pronunció el hágase dando la impresión de que el “no” era una posibilidad que se le ofrecía. De no ser así ¿qué sentido tenía la conversación?

            Todavía más importante es que dada la gravedad de la situación a la que se comprometía, María no se acercó a ningún varón –  ni a los sacerdotes del templo, ni a los rabinos locales, ni a su padre, ni al mismo José – para preguntarles por el camino a tomar. Acudió a otra mujer en búsqueda de la sabiduría que necesitaba.

            En otro momento de su vida, en las bodas de Caná, María dio órdenesapostólicas a su propio hijo y a los servidores “haced lo que él os diga”. Cuestionó el comportamiento de Jesús en el templo con los sacerdotes y ancianos y se mostró preocupada junto a otros miembros de su familia por el hecho de que Jesús “estuviera perdiendo la cabeza”.

            Si alguien tiene interés en conocer la importancia de la persona de María en la primera Iglesia, la idea de que estaba formando parte del grupo de discípulos en Pentecostés nos deja bien claro que era una mujer con un gran sentido de su personalidad.

            La figura que reflejó esta homilía de Sartain olvidó que no era una mujer intimidada en la encarnación, ni frenada por respuestas de varón, ni incapaz de dar soluciones ante las alternativas que se le abrían, con un gran sentido de la responsabilidad y sin duda alguna sobre su papel en la Iglesia.

            Termina su artículo Joan Chittister diciendo que éstas son las cualidades que las mujeres de nuestro tiempo admiramos en la madre de Jesús y que algunas personas en la Iglesia tachan de “feminismo radical”. Claramente un abuso de la lengua y una ceguera espiritual absoluta.”

            Reconozco que comparto estas ideas de la monja benedictina pues nunca me he sentido atraída por la Virgen modosa, casi niña, con los ojos bajos y un manto inmaculado. Me atrae infinitamente más la que pronuncia el Magnificat y busca la luz entre las oscuridades de la vida a la luz de su razón.

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