Los ilegales, piedra de toque de Dios

9 Jun

viudas_560x280Xabier Pikaza

Unos hombres que no acogen, valoran y ayudan a viudas, huérfanos y extranjeros no creen en Dios ni son Humanos, por más que lo lleven en sus labios o digan que le honran.

Ésta es la ley por encima de toda ley, la LEY con mayúsculas, que es Dios

Hablé ayer del tema. Hoy vuelvo para indicar que las viudas (con los huérfanos y extranjeros) son la piedra de toque de Dios y de los hombres que en él creen, para la Biblia Hebrea y para el Evangelio.

Así lo ha puesto de relieve, E. Levinas, quizá el más incisivo pensador judío del siglo XX y en ese contexto quiero exponer la prueba o piedra de toque de Dios.

Pedro de toque:

— se empleaba y se emplea para conocer la pureza del oro, la calidad de los metales nobles;
— ésta es la prueba suprema de Dios, el grito, la necesidad y desamparo de los excluidos que le llaman (que apelan a él) con su rostro sufriente.

— Un dios que abandona a las viudas, huérfanos y extranjeros no es Dios; no es digno de ese nombre, ni salva a los hombres. La dignidad y salvación de viudas-huérfanos-extranjeros es para el AT el signo supremo de la existencia de Dios.

— Unos hombres que no acogen, valoran y ayudan a viudas, huérfanos y extranjeros no creen en Dios ni son Humanos, por más que lo lleven en sus labios o digan que le honran. La prueba de la humanidad es la acogida y ayuda a los expulsados e ilegales (en el sentido en que comentaré los textos bíblicos que siguen).

Levinas ha mostrado, de un modo contundente (en su libro clave Totalidad e Infinito, una de las obras de pensamiento más importantes de la modernidad), que la Ley (Biblia judía) se centra y culmina en los textos que vinculan a Dios con los huérfanos-viudas-extranjeros, poniendo a sus fieles ante la exigencia de acogerles.

Solamente en esa línea se puede entender el Imperativo de Kant y su Apuesta (postulado) por Dios. En esa línea, creer en Dios y ser judío (cristiano) es ayudar a los necesitados, y muy en especial a aquellos a quienes ninguna ley humana protege. Buen día a todos.

Éste es el quid de la cuestión, ésta la piedra de toque de Dios.
Las leyes que avala el Estado (o el Mercado) y la LEY DE DIOS:

— Había en Israel unas leyes (avaladas por el Estado, juzgadas en los tribunales) que garantizan el derecho de los “legales”,es decir, de aquellos que pueden apelar a la justicia sagrada del mundo, conforme a las normas del juicio.
— Pero las viudas, los extranjeros y los huérfanos eran en el contexto bíblico ilegales, pues a ellos no les “cubría” la ley social, garantizada por maridos, tribunales nacionales y padres.
— Pues bien, sobre ese “hueco” de la ley civil o social eleva aquí la Biblia la LEY DE DIOS, que es garante (goel, protector) de aquellos a quienes ningún derecho avala. Ésta es la LEY DE LA HUMANIDAD, la piedra de toque de Dios (y de los que creen en Dios).

Legalmente, en aquel mundo, nada pasaba si moría la viuda, si al huérfano se le vende o si al extranjero se la mata (por peligroso). Pues bien, es aquí donde se eleva Dios, la Ley más alta, que es garante del valor del ser humano como humano, aunque no tenga ni padre, ni marido ni protección civil. Aquí acaba un tipo de ley, aquí empieza la humanidad.

Los “ilegales” son de Dios

A muchos se les llena hoy la boca de orgullo al hablar de los derechos legales, y es muy bueno que esos derechos se extiendan y cumplan con justicia. Pero hay algo que en general ignoramos: Más allá del derecho está la humanidad, está el Dios de la humanidad, que es el Dios de los ilegales, de los sin-papeles, de aquellos a quienes ningún de este mundo avala.

Estas viudas ilegales (mujeres sin ninguna garantía jurídica, arrojadas a un Gulag o Guantánamo universal), con los huérfanos sin padre alguno que responda de ellos y los extranjeros sin derecho humano alguno… son la piedra de toque de Dios, Ellas son (con los huérfanos y extranjeros) el signo máximo de Dios sobre la tierra.

Así lo ha dictado la más alta Ley de Dios, la ley que está por encima de todas las normas legales o estatales, que está en el Centro del Pentateuco judía, que sigue teniendo en este centro, no en meandros posteriores de su curso legal, una moral más alta que la Declaración de Derechos Humanos de la Onu o que la pobre Constitución Española.

Ésta es la ley por encima de toda ley, la LEY con mayúsculas, que es Dios. En torno a esta LEY se juega se juega la verdad y futuro no sólo del cristianismo y de la Iglesia, sino de la humanidad en cuanto tal. Desde ese fondo quiero evocar al tema clave de la revelación de Dios en huérfanos, viudas y extranjero según la Ley del AT (Mt 25 habla de hambrientos, exilados, desnudos, enfermos, encarcelados…; cf. también Sant 1, 27, sobre la recta religión).Buen domingo a todos.

Introducción: huérfanos, viudas, extranjeros:

La fe en el Dios de Israel se expresa en la ayuda a los huérfanos y viudas (cf. Is 1,17c, a los extranjeros, huérfanos y viudas Jer 7, 6a). Así lo indicaré presentando a estos tres tipos de personas dentro del contexto social y comentando después los textos de la Ley que tratan de ellas.

Huérfanos, viudas, extranjeros eran entonces aquellos que no tienen cobertura legal o económica. Su problema no es de simple opresión psicológica sino de supervivencia: abandonados a sí mismos, en un contexto donde familia y nación lo llenan todo, van cayendo en marginación, mendicidad económica, inseguridad jurídica y muerte.

Huérfanos, viudas extranjeros… siguen siendo hoy los que de hecho pueden ser utilizados por otros, en un mundo que está dejando cada día a más millones de personas en un tipo de intemperie económica y jurídica y social, sin que pase nada si ellos mueren, sin que nadie de los buenos y legales eleve la mano si son oprimidos.

‒ Viuda (‘almanah) era en aquel contexto una mujer sin la garantía legal, económica o social de ningún varón, sea porque su marido ha muerto, sea porque ha sido abandonada y queda sola, sin padres, hermanos o parientes que cuiden de ella. En aquel mundo patriarcalista y violento era imposible vivir sola, pues la unidad fundante y el espacio base de existencia era la “casa” (bet-‘ab) y fuera de ella una mujer se hacía prostituta o vagaba sin sentido por la tierra.

En ese fondo se entendía la institución del levirato (Dt 25,5-10): el hermano o pariente más cercano del marido muerto ha de casarse con la viuda, no sólo para asegurar la descendencia del difunto sino para protegerle (darle casa) (cf. Gen 38; Rut 4). En nuestro contexto ya no es viuda la que no tiene marido sin más, sino la que no tiene posibilidad social de vivir, corriendo el riesgo de caer en manos de los nuevos señores de fortuna, siendo manipulada, violada o marginada.

‒ Huérfano (yatom) era el niño o menor sin familia que le ofrezcan casa, es decir, protección jurídica, espacio de vida social y capacidad de desarrollo económico. Por eso estaba a merced del capricho o prepotencia de los poderosos del entorno (que podían utilizarles y venderles jurídicamente).

La tradición israelita ha vinculado siempre a huérfanos y viudas, situándoles sobre un mismo campo de necesidades y haciéndoles objeto de cuidado especial por parte del resto de la sociedad (cf Is 1,23; Jr 49,1; Job 22,9; 24,3; Lam 5,3). Por eso se dice que Yahvé es Padre de huérfanos, Juez de viudas (Sal 68,6): toma bajo su protección sagrada de padre (‘Ab) el cuidado/educación de los huérfanos, apareciendo al mismo tiempo como defensor o juez (Dayan) de las viudas. En nuestro mundo siguen siendo huérfanos los niños sin un espacio afectivo, social y económico que les permita vivir. En este contexto se inscribe el cuidado especial de Jesús hacia los niños sin familia.

‒ Forasteros o gerim son los que residen (gur) en la tierra israelita, pero sin formar parte de la institución jurídica de las tribus, es decir, sin protección legal. No han sido integradoso en la estructura económico/social y religiosa del pueblo de la alianza, no tienen por tanto derecho a vivir en la tierra, pueden ser atacados, expulsados, sin que ninguna ley estatal les proteja.

No son extranjeros legales (con papeles, protección, riqueza…), sino gente de fuera (zar o nokri), una especie de vagabundos a los que se les puede apresar, expulsar o manipular. La distinción sigue siendo clave, pues había entonces como hoy extranjeros ricos con buenos “papeles”, protegidos por la sociedad. El problema era y sigue siendo el de los extranjeros o emigrantes sin garantías jurídicas, legales. No han sido asumidos en la alianza de las tribus sino que peregrinan sin protección jurídico/social, como hacían los patriarcas (cf Gen 12,10; 20,1) o se encuentran sometidos como los israelitas en Egipto (cf Gen 47,4; Ex 2,22). Ellos constituyen una categoría muy especial de personas y su integración o rechazo dentro de la estructura sociorreligiosa de Israel constituye uno de los temas más apasionantes de la historia bíblica, desde la entrada de los hebreos en Palestina hasta la culminación del proceso formativo del pueblo, tras Ex-Neh.

De huérfanos, viudas y forasteros trato en lo que sigue, leyendo y comentando algunas de las leyes fundamentales de la constitución israelita, para descubrir el sentido que ellos tienen al lado de los huérfanos y viudas.

Dt 27, 19: ¡Maldito quien defraude a la viuda…!

incluido dentro de un dodecálogo (27,15-26) que la tradición ha vinculado a las antiguas bendiciones/maldiciones de la alianza de Siquem. Estamos en contexto arcaico y las leyes se formulan de manera negativa, como maldiciones. Unas son de tipo religioso (no hacer ídolos, imágenes de Dios), otras de tipo familiar (no despreciar a padre/madre), económico/social (mantener los mojones, respetar a enfermos y oprimidos), sexual (prohibición de bestialismo, adulterio) o criminal (no matar). Entre ellas aparece:

Dt 27,19 ¡Maldito quien defraude en su derecho
al forastero, huérfano y viuda!
¡Y todo el pueblo responda: así sea!

Es posible que el contexto de Siquem, con el Garizín y Ebal y la lista de maldiciones y bendiciones sea más reciente (cf Dt 27-28), aunque es difícil justificar la locación del texto, relacionado con Siquem/Samaría, si la redacción final Dt se ha hecho en Judá/Jerusalén. Quizá tengamos que hablar de influjos tardios de cierta teología del Norte de Israel en la composición actual del Pentateuco. Sea como fuere, las maldiciones de 27, 15-26 son antiguas: un testimonio de las normas éticas primeras del pueblos israelita:

– Los levitas proclaman en nombre de Dios la ley sagrada que exige la defensa de los más débiles; la protección del misppat o derecho sagrado de forasteros/huérfanos/viudas.

– El pueblo entero, representado por las doce tribus (27,12-13) y reunido en asamblea constituyente (cf 27,1,9), responde fiándose de Dios con su ´amen pactual o así sea.

Dios y pueblo asumen un mismo ideal de ayuda y justicia para los débiles. El respeto hacia huérfanos/viudas/forasteros forma parte de la vida israelita, lo mismo que el rechazo de la idolatría (27,15) y las leyes de pureza sexual y protección personal (27, 20-25). La defensa de los oprimidos (con el ciego de 27,17) no ha entrado en los decálogos quizá más elaborados y completos de Ex 20 y Dt 5 pero es ley fundante de Israel: no cree en Dios (no puede responder amén) quien no se comprometa a defenderlos.

El Código de la Alianza (Ex 20, 22-23, 19)

está incluido como una continuación del decálogo en la teofanía y pacto del Sinaí (Ex 19-24) e incluye diversas leyes de tipo social, criminal, económico y cultual que sirven para revolver los problemas todavía no muy complicados de una sociedad en gran parte agraria. Destaca el cuidado por los más débiles y la preocupación por la justicia. Aquí se incluyen nuestras leyes integradas dentro de un decálogo (Ex 22, 17-30) con normas religiosas (22, 17-19), sociales (22, 20-26) y cultuales (22, 27-30).

Ex 22, 20 No oprimirás ni vejarás al forastero,
porque forasteros fuisteis en Egipto.
21 No explorarás a la viuda y al huérfano,
22 porque si ellos gritan a mí yo los escucharé.
23 Se encenderá mi ira y os haré morir a espada,
y quedarán viudas vuestras mujeres
y huérfanos vuestros hijos.

La ley del forastero (22,20) queda así avalada por historia israelita: forasteros o gerim fueron antaño aquellos que forman hogaño el pueblo de la alianza; por eso no pueden olvidar su origen y oprimir a los que están sin casa. Este recuerdo del origen social israelita (¡fuistes un ger!) funda toda su moral y la sustenta sobre la solaridad con los oprimidos: Dios tuvo piedad de los hebreos marginados en Egipto; ahora son ellos los que deben comportarse como Dios, apiadándose de los forasteros. Este mismo motivo está al fondo de la ley de huérfanos y viudas. Si alguien les explota ellos pueden gritar y Dios les oye, como aparece en el Éxodo:

– Ex 3,7: Dios ve la aflicción (´any) que los egipcios imponen sobre los hebreos y escucha (sama´) el lamento (sa´aq) de los oprimidos.
– Ex 22, 21-22: utiliza las mismas palabras, tanto al referirse a la explotación (´annah) y lamento (sa´aq) de huérfanos/viudas, como al Dios que les escucha (sama’ ).

Los nuevos forasteros que ahora viven en medio de la tierra de Israel son los auténticos hebreos de este tiempo. Por su parte, el lamento de huérfanos/viudas repite y actualiza el grito de los esclavizados en Egipto. La ley que trata de ellos tiene un hondo contenido teológico y social.

– Plano teológico Dios rompe la clausura nacional y los esquemas de una vida familiar que sólo busca su propio bienestar y deja a un lado a huérfanos y viudas. Precisamente en los más pobres se desvela Dios sobre la tierra.
– Plano social. La religión no legitima el mal actual sino que abre en medio de la historia y realidad humana una especie de signo de infinito, haciendo que los fieles se comprometan a ofrecer espacio social y apoyo familiar a los expulsados.

Dios no se revela en la grandeza del sistema o por la fuerza de los triunfadores que imponen su derecho y religión sobre los otros. Precisamente en aquellos que disponen de fuerza ni de leyes protectoras, viene a revelarse Dios sobre la tierra.

El cuerpo original del Deuteronomio (Dt 12-26)

recoge y sistematiza (en el VIII-VII a.C.) leyes muy antiguas que se encuentran en la línea de las acabamos de citar. Desde aquel horizonte lejano ha llegado esta ley sobre las fiestas:

Dt 16,11-12:

Celebrarás (la fiesta) ante Yahvé, tu Dios, tú y tus hijos y tus y tus siervos y tus y el levita que está junto a tus y el forastero, huérfano y viuda que viva entre los tuyos, en el lugar que Yahvé tu Dios elija para que more allí su nombre. que fuiste siervo de Egipto; guarda y cumple todos estos preceptos.

Se alude aquí a la Fiesta de las Semanas (Pentecostés), aunque es semejante la ley de los Tabernaculos (16, 14-14). El patriarca de la casa ha de abrir sus puertas, ofreciendo espacio de alegría cultual, fraternidad religiosa y encuentro social a los más oprimidos. Junto al huérfano-viuda-forastero se incluyen siervos y siervas, es decir, los criados o esclavos, igual que los levitas que carecen de propiedades para organizar a sus expensas la gran fiesta del recuerdo y plenitud israelita.

Se pudiera pensar que los expulsados sólo pueden unirse con sus amos en la fiesta religiosa, permaneciendo luego separados. Pero no es este el sentido original de la ley (de todo el Dt) que quiere suscitar la comunión del conjunto israelita en torno a Yahvé (su templo y culto), en clave de celebración fraterna. Huérfanos y viudas y también los forasteros deben gozar y participar en la celebración. A través de la fiesta compartida, van entrando en la comunidad israelita, de manera que Dios se manifiesta como fuente de comunión para todos ellos.

De la ley de la fiesta pasamos a la ley del gesto solidario y la ayuda económica. La necesidad iguala a hermanos (del propio pueblo) y forasteros (de otro pueblo) en la misma exigencia de justicia (cf Dt 24, 14-15). Desde este fondo se formula la ley de la cosecha:

Dt 24,17-22

No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfanoy no tomarás en prenda la ropa de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y de allí te rescató tu Dios;por eso te mando hoy cumplir esta ley.
Cuando siegues la mies de tu campo… no recojas la gavilla olvidada; dejádsela al forastero, al huérfano y a la viuda, y te bendecirá Yahvé tu Dios en todas las tareas de tus manos.
Cuando varees tu olivar, no repases sus ramas; dejárselas al forastero, al huérfano y a la viuda.
Cuando vendimies tu viña no rebusques los racimos; déjaselos al forastero, al huérfano y a la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto; por eso hoy te mando cumplir esta ley.

La razón teológica es la misma. Yahvé ha empezado siendo un Dios de esclavos; logicamente se ocupa de los nuevos esclavos u oprimidos que son, en especial, los huérfanos, viudas, forasteros. Por eso, frente al afán de pura producción, que se expresa en actitudes de codicia (tenerlo todo, aprovecharse de ello), el texto apela al deecho de quellos que no cuentan con nada. Poderosa es la voz del pobre (´ani, ´ebyon), que clama a Yahvé desde su angustia (cf 24, 14-15); por eso hay que darle los frutos de la mies/olivo/viña que son expresión de la totalidad de la cosecha. De pan, vino y aceite vive el ser humano; por eso es necesario compartirlo con los pobres, expresando la generosidad de Dios en ellos.

En el contexto posterior del Deuteronomio

encontramos la más honda ley sobre los pobres. Ella ha sido redactada en forma parenética por aquellos levitas que en tiempos de crisis (en entorno de exilio) han sabido recrear el contenido más profundo de la vieja elección israelita y de la alianza:

Dt 10,12-21

Y ahora, Israel, ¿qué es lo que exige de tí Yahvé, tu Dios?
— Que temas a Yahvé, tu Dios, parra seguir todos sus caminos y amarle;
— que sirvas a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón y toda tu alma; que guardes los preceptos de Yahvé y sus mandamientos, que yo te ordeno hoy, para tu bien.
Cierto: de Yahvé, tu Dios, son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que hay en ella; pero sólo a vuestros padres se unió Yahvé para amarles, y sólo a sus descendientes escogió tras ellos, a vosotros, entre todos los pueblos, como sucede hoy,
Circuncidad el prepucio de vuestros corazones, no endurezcáis más vuestra cerviz; porque Yahvé, vuestro Dios… no es Dios parcial ni acepta soborno,
-hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero para darle pan y vestido. Y amareis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto.
A Yahvé, tu Dios, temerás y a él servirás, te apegarás a él y en su nombre jurarás. El será tu alabanza, él será tu Dios, pues hizo contigo estas cosas grandes y terribles que tus ojos han visto.

En este pasaje culmina la visión del Dios de huérfanos/viudas/forasteros. En los extremos ) aparecen las obligaciones:del quiasmo (A y A temer y servir a Yahvé, guardando sus preceptos (10, 12-13), en gesto de amor y fuerte respeto religioso (10, 20-21). En el centro (B y C) quedan los motivos teológicos estrictamente dichos:

– Elección: por amor ha escogido Dios a los patriarcas y a sus hijos, en gesto de gratuidad, en fuerte afecto (10, 14-15).
– Grandeza de Dios y protección de los pequeños (10, 16-19). Dios muestra su poder poniéndose (y poniéndonos) al sevicio de huérfanos, viudas, forasteros.

En el preciso lugar donde se vinculan elección israelita (B: 10, 14-15) y justicia de Dios hacia los oprimidos recibe su sentido nuestro texto. Acaba de afirmar que sólo a los padres del pueblo (israelitas) ha elegido/amado Dios (´ahab: 10,15). Pues bien, inmediatamente después asumiendo y universaliando esa elección dice que el mismo Dios ama (´ahab) al ger, es decir, al que no forma parte del pueblo israelita (10,18).

El principio del pasaje (10,16) con la exigencia de circuncidar el corazón empalma con el final /10,19) donde se pide a los israelitas que amen a los forasteros. Esta es la verdadera circuncisión, esta la esencia de la vocación e identidad israelita: el amarás a Yahvé, tu Dios del proyecto fundamental o sema´ (6, 4-5) se amplía así en las palabras igualmente fundamentales, que definen la identidad israelita: amareís al forastero (´ahabtem ´et ger) porque gerim o forasteros fuisteis en Egipto (10. 19).

La tradición judía, asumida por el NT (cf. tema 18b), ha vinculado amor a Dios y amor al prójimo (Dt 6,5 y Lev 19,18), en unión textual hermosa pero un poco estrecha, porque el prójimo (rea´) de Lev 19,28 sigue siendo el israelita. Hubiera sido preferible, al menos en contexto cristiano, haber unido los dos textos centrales de este libro: Dt: 6,5 (amor de Dios) y Dt 10,19 (amor al ger o forastero). La vinculación de esos amores, fundada en el gesto de Dios que, escogiendo a los israelitas (10, 14-15), protege y ama a los más oprimidos (10, 17-18), constituye a mi juicio una de las cumbres teológicas de la BH.

Ampliación. La viudas, un tema de teodicea,
prueba de la existencia de Dios:

De la gracia de Dios que actúa en claves de amor enamorado, en cánticos de unión, matrimonial y en gestos de llamada tierna (tema 10), hemos pasado a la justicia que se manifiesta como atención hacia los pobres y compromiso de ayuda a los más desamparados. Hemos unido de esta forma el Dios de gracia enamorada, amigo que nos llama y que remueve con su misma pasión nuestras entrañas, y el Dios de la justicia social que aparece en el rostro de los pobres y funda sobre el mundo un camino de transformación (revolución) mesiánica.

Hay, según esto, dos principios o formas de teodicea, es decir, de justificación de Dios, ambas fundamentales, ambas convergentes. Sólo allí donde se unen puede asegurarse que Dios se manifiesta en su verdad como persona.

‒ Hay una teodicea del amor, expresada simbólicamente en Ct y culminada en autores como San Juan de la Cruz. A veces nos cuesta descubrir la vida como canto y gozo en compañía, se nos hace difícil mantener la fidelidad esponsalicia, terminamos muchas veces resentidos, solidarios, rotos, como ciudad que internamente se destruye. Pues bien, en contra de eso, el despliegue de Dios viene a mostrarse como triunfo de amor: hay una gozosa llamada de vida; es posible la fidelidad; el diálogo afectivo nos sustenta, nos motiva, nos transforma. En ese fondo de experiencia viene a desvelarse lo divino. Aquí podría formularse: si buscas a Dios, si quieres que Dios se manifieste, abre las puertas al amor enamorado, cultívalo con fuerza.

‒ Y hay una teodicea de la justicia, expresada jurídicamente en los textos recien analizados sobre huérfanos/viudas/forasteros: ellos son representantes, signo o sacramento de Dios sobre la tierra. En esta perspectiva del Dios ético ha seguido elaborando los antiguos textos una fuerte tradición judía, que está representada a principios de este siglo por H. Cohen y después por el filósofo/teólogo E. Levinas.

E. Levinas,

filósofo judío, ha tratado de este tema distinguiendo entre un esquema de totalidad que diviniza lo que existe (cosmos, estado, nación o pensamiento humano) y un modelo de infinito en el que Dios rompe o supera todas las posibles totalidades e ídolos para ponerse al servicio de los pobres. Representantes de la totalidad divinizada (idolatrizada) son aquellos que interpretan a Dios como verdad del sistema y en aras de ese sistema, sobre el altar de la seguridad sagrada (estatal, religiosa o política), pueden sacrificar y sacrifican los más pobres.

La mayor parte de la filosofía y política de occidente ha seguido, conforme a Levinas, este camino de idolatría asesina, opresora de los desamparados.

Por el contrario, testigos del infinito han sido y siguen siendo los profetas de Israel y las mismas leyes del Dt cuando dicen que precisamente aquellos que terminan aplastados en aras del conjunto (huérfanos/viudas/forasteros) son representantes de Dios sobre la tierra.

Pienso que esta lectura bíblico/teológica de Levinas sirve para entender y actualizar mejor los viejos textos. Hemos vivido demasiado tiempo obsesionados por una racionalidad impositiva: hemos adorado al todo (y toro) triunfante, reflejado en los sígnos del becerro de Ex 32 que es el poder/riqueza/vida del conjunto. Así hemos puesto a Dios al servicio del egoísmo propio, identificando verdad con totalidad.

Pues bien, en contra de ese esquema, los profetas (y el Dt) han puesto en el centro de Dios (y de los hombres) a los pobres, es decir, a los expulsados del sistema. El templo de Dios no es ya el lugar geográfico y simbólico donde los hombres se unen para sentirse seguros en gesto de dominio. Templo son los huérfanos y viudas, con los forasteros: son la manifestación definitiva de Dios sobre la tierra.

‒- Los pobres no demuestran en sentido impositivo, pues toda imposición conduce a un nuevo todo o sistema esclavizante, pero ellos señalan de un modo bien fuerte: abren con su rostro necesitado un camino que conduce a Dios. No hay ninguna razón social para ayudarles, pues el sistema funciona mejor echándoles al margen. Pero hay una razón teológica: la justicia de Dios. Quien sepa que el pobre tiene valor definitivo, quien sienta y muestre que la ayuda al pobre es principio de toda acción humana cree en Dios, porque sólo desde Dios (el infinito que rompe las totalidades opresoras) puede afirmarse el valor definitivo de ese pobre.

‒ Los pobres revelan el misterio de un Dios que les sostiene con su gracia poderosa. Esta es la palabra que está en el fondo de Is 1 y Jer 7, es la experiencia a la que apelan los textos ya citados de Ex 22,20-23; Dt 16,11-12;24,17-22 y 10,12-21. Fueron signo de Dios en el principio los hebreos oprimidos en Egipto; signo y sacramento de Dios son luego los huéfanos/viudas/forasteros que viven en cualquier lugar del mundo. Esto significa que la historia sigue: Dios se manifiesta en los pobres de nuestro entorno, en aquellos que la sociedad tiende a expulsar siempre de nuevo. Se revela Dios y allí debemos encontrarle, abriendo un camino de liberación social.

Decimos pues que hay dos teodiceas, una del amor y otra de la justicia. En cierto sentido, ellas son distintas y así debemos aceptarlas. Sin embargo, hay algo muy profundo que las une: el mundo de la intimidad afectiva, del encuentro enamorado, del gozo esponsal, no puede separarse del mundo de la justicia, de la transformación social, de la ayuda hacia los pobres. Esto lo saben judíos y cristianos. Unos y otrosquieren unificar esos dos caminos de la teodicea actual, para elaborar así la nueva teodicea del hombre plenamente realizado.

Sobre huérfanos, viudas y pobres (forasteros) cf:

J. Fensham, Widow, Orphan the Poor in Ancient Legal and Wisdom Literature, JNES 21(1962) 129-139;
H. A, Hoffner, Almanah (viuda), DTAT 1,305-309;
N. L. Levison, The Proselyte in Biblical and Early Post-Biblical times, SJT 10 (1957) 45-66; I. Lewy, Dating of Covenant Code Sections on Humanneness and Righteousnes, VT 7 (1957) 322-326; R. Martín-Achard, Nekar (extranjero), DTMAT II, 97-100;
R. D. Patterson, The Widow, the Orphan and the Poor in the OT and the Extrabiblical Literature, Bib¬Sac 130 (1972 ) 223-234:
J. D. Pleins. Poor, Poverty, ABD V, 402-414; Ch van Houton, The Alien in the israelite Law, JSOT SuppSer 107, Sheffield 1991 (estudio completo sobre el tema);
G. van Leeuwen, Le Développement du Sens Social in Israël avant l’ère Chrétienne, SSNeer Assen 1955:
I. Weller, Zum Schicksal der Witwen and Waisen bei den Völkern der Alten Welt, Altertum 31 (1981) 157-197; C. J. H. Wright, Family, ABD II, 761-769.

Para situar estas las leyes en su contexto histórico/ jurídico cf:

J. L. Sicre, Introducción al AT, EVD, Estella 1992, 109-132
R. de Vaux, Instituciones del AT, Herder, Barcelona 1985, 74-90, 109. 137
P. van Imschoot, Teología del AT. FAX, Madrid 1969, 590-633;
N. K. Gottwald, The Tribes of Yahweh, SCM, London 1980, 237-344
T. W. Ogletree,Hospitality to the Strangers, Fortress,Philadelphia 1985
D. L. Smith, The religion of the Landless,, Meyers SB,Bloomington 1989
S. Weinberg, The Citizen-Temple Community, JSOT SuppSer 151, Sheffield 1992.

Visión de conjunto e interpretación social en M. Weber, Ensayos sobre sociología de la religión III, Taurus, Madrid 1987.

E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 1987 Desarrolla una ‘teodicea israelita’ a partir de los huérfanos, viudas, forasteros . He estudiado el tema en Dios como Espíritu y persona, Sec. Trinitario, Salamanca 1989,189-270.

 

 

 

 

 
 

 

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