Comunión en el espíritu

21 May

col_sandra

Comer de tu carne y tu sangre, es dejarnos contagiar. Tu sustancia, “enferma de reino”, “contaminada de fraternidad”, con fiebre de fuego compartido. Tu locura profética desbordada. Muchos textos dan cuenta de que no entrabas en los criterios de salud de tu época…

Comer de tu carne que tiembla, “estremecida siempre”; bebernos tus líquidos en llamas.

“Id y contagiad”.

Permanecer en Ti, es ser parte de la hoguera. No es algo quieto, ni apoltronado, ni calmo. Permanecer es arder de amor, saltar en chispas punzantes para despertarnos unos a otros, hacerse hueco de brasa. Y quién dijo que sea el infierno el lugar del fuego. Donde hay llamas, allí estás Tú…

Hacernos parte, para que de nosotros brote indudable tu amor. Dejarnos encender, o incendiar, que tus llamas no consumen.

Y soplar… Soplar sobre las llamitas incipientes o en las brasas desgastadas. Con la delicadeza para potenciar y no ahogar. Descubriendo por dónde la combustión es más probable, cuál es el punto que despierta. Volviendo a alentar aun lo que parece imposible, en la confianza en lo escondido bajo las cenizas.

Afinando la exhalación para ser más precisos, o ampliando el arco para alcanzar los rincones, según cada constelación de leños necesite.

Ése es nuestra vocación… soplar sobre el fuego.

De las entrañas brota tu aliento, que las habita desde los siglos. Tú mismo lo sacudiste, lo agitaste para que reviva luego de cada caída. Nos volviste a insuflar. Llenaste nuestra profundidad con espíritu y empujas su pronunciamiento. Nos pusiste de pie, para que el viento nos recorra con menores obstáculos. Abres nuestros ojos para que registremos por dónde, nuestros oídos atentos al cuándo en el chisporroteo de la brasa.

De nosotros, sales Tú. Misterio tan increíble como incuestionable. Nos hacemos parto del espíritu, ofreciéndote lo mejor que tenemos, para seguir creyendo.

Sólo si el espíritu nos atraviesa íntegramente, toca y trastoca nuestras vísceras, será creíble nuestra palabra.

Nuestra iglesia, nuestro mundo, necesitan hoy de ese aire renovado y desafiante, que revuelva las certezas, que conmueva las estructuras enquistadas. Precisamos “un fuego fuego, que nos queme de verdad”; que incite a la ronda fraterna, que destruya las exclusiones.

Apago mi velita. Sigo descubriéndote, espíritu inagotable. Al viento le corresponde también, el cierre. Dar el soplido final que corta el ciclo del fuego. Es el despertador, y el extinguidor. Con el mismo empeño alborota y termina con la llama.

Tremenda y paradojal potencia. Tan materna: puede dar la vida y tomarla, ayudarla a apagarse. Acompaña ambos partos, el inicial y el definitivo. La Ruaj, tan femenina…

 

Sandra Hojman

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