“A la jerarquía le cuesta relacionarse naturalmente con las mujeres”

11 May

Mª Ángeles López Romero, redactora jefe de “21”, que celebra su 95 aniversario

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“Está claro que el Papa Francisco ha generado esperanza, hay mucha gente esperando novedades en la Iglesia”

(RD-Jesús Bastante).- María Ángeles López es redactora jefe de la revista 21, que comenzó hace ya 95 años, cuando se llamaba revista Reinado Social del Sagrado Corazón. 21 “es una revista cristiana, pero no es una revista religiosa“, como explica Mª Ángeles, que confiesa que “a veces se nos ha acusado de ser poco eclesiales, pero es que nada de lo humano nos es ajeno”.

La también escritora critica que “a la jerarquía de la Iglesia le cuesta relacionarse naturalmente con las mujeres”, pero concluye afirmando que “está claro que el Papa Francisco ha generado esperanza, porque hay mucha gente esperando cambios y novedades”.

Después de tanto tiempo, la revista muestra un diseño joven y rompedor

Sí, parece una paradoja, pero es que ésta es una revista que tiene una trayectoria muy larga y diversa, muy rica y con muchas evoluciones incluso en su propio nombre, en su propia cabecera. El que nos llamemos ahora 21 ha sido una apuesta, una forma de decir que tenemos muchos años, pero más los que nos quedan por delante. Nos sentimos muy jóvenes y con muchas ganas de seguir trabajando, haciendo un medio de comunicación alternativo, y proponiendo a la sociedad española una revista diferente.

¿Una fecha así no hay que celebrarla?

Sí, eso nos parecía muy importante, porque vivimos una crisis económica brutal y una crisis periodística muy seria, probablemente como no se había visto hasta ahora. Las dos cosas afectan a 21, pero de alguna manera estamos intentando superarlas y sobrevivir a ellas. Por eso merecía la pena celebrarlo, con el horizonte de llegar a cumplir un precioso centenario, y poder decir que tenemos un siglo verdaderamente redondo. Pero ya 95 años nos parecen todo un privilegio, y por eso queremos poder compartirlo con toda esa gente que nos apoya en el día a día, porque esta revista no hubiera podido llegar a cumplir su aniversario si no tuviera detrás a muchísimos suscriptores que muestran permanentemente una fidelidad extraordinaria.

¿Los suscriptores pasan de generación en generación?

Efectivamente, nos hemos encontrado con nietos de suscriptores que mantienen esa tradición en casa y que se sienten muy vinculados a la revista. Y hay historias preciosas detrás: desde quienes aprendieron a leer en las páginas de la revista, hasta personajes como Iñaki Gabilondo, al que entrevistaba yo el otro día y que tiene muchísimo cariño a esta revista, porque su madre estaba suscrita y le suscita muchos recuerdos. Estas historias son las que de alguna manera hemos querido reunir en el eslogan de este 95 aniversario “creciendo juntos”. Porque hubiera sido imposible llegar hasta aquí sin todas esas historias humanas detrás.

Una de vuestras últimas portadas titulaba “La Iglesia, a la espera de grandes reformas”. ¿Os sentís identificados, desde vuestra revista, con el estilo de esperanza del Papa Francisco?

Desde luego, creo que muchos en la Iglesia nos hemos agarrado a ese clavo ardiendo de los primeros gestos de Francisco, pero está claro que, para que no generes frustración, no pueden quedarse sólo en gestos. Es un hecho que ha generado esperanza, porque hay mucha gente esperando. Esperando cambios y novedades en la Iglesia, sobre todo de cara a la sociedad (la relación de la Iglesia con la sociedad), que es importantísima para que nos volvamos a encerrarnos sobre nosotros mismos. El Papa ha hablado recientemente de ello, en su carta a los obispos argentinos, y a mí me parece muy interesante la reflexión que hace. A nosotros, como medio de comunicación, a veces se nos ha acusado de ser “poco eclesiales”. Pero es que nada de lo humano nos es ajeno. Todos los temas que tratamos están abordados desde una perspectiva muy concreta (que es nuestra línea editorial), que sigue fundamentalmente los valores del Evangelio. Eso rezuma en todas las páginas de la revista. Por eso es una revista cristiana, pero no es una revista religiosa. Es una revista de información social dirigida al gran público, a la gente que está demandando un tipo de información diferente y alternativa.
La esperanza nos parece importantísima, y de hecho hemos hecho un particular esfuerzo en los últimos años por tratar temas desde esa perspectiva. El periodismo tiene la obligación de denunciar, pero también tenemos la obligación de anunciar buenas noticias. Contar las cosas que se están haciendo bien, las que dan motivos para confiar en el ser humano porque es capaz de realizar grandes transformaciones. Merece la pena trabajar por construir un mundo mejor.

De los 95 años de la revista, tú llevas 16 trabajando en ella, ¿Qué cambios has presenciado en este tiempo?

De Reinado Social pasó a RS, y de RS a 21-RS, y después ya se quedó en 21. Esa transformación ha sido dura de digerir por parte de algunas personas, algunos de nuestros lectores, sobre todo porque no era sólo una transformación formal, sino que era también una transformación interior, de los contenidos. La revista, como muchas de las que empezaron en España en torno a la década de los años 20 era una revista de corte devocional (la revista del Padre Damián, que en principio era la revista de la entronización del Sagrado Corazón en los hogares), y entonces tuvo que transformarse. Damián sigue muy presente hasta hoy, por su filosofía de vida, en las páginas de la revista (a parte de en alguna sección fija), pero sí es curioso que esta revista, a diferencia de otras, a parte de intención devocional siempre tuvo interés por los aspectos sociales. Eso creo que es una de las claves de nuestra supervivencia. La revista llega hasta hoy no sólo porque ha sabido adaptarse a los tiempos y renovarse, sino también porque siempre ha tenido muy presente el interés de la ciudadanía, de sus lectores. Los temas de educación, de cultura, de familia, de economía, de política… han sido todos abordados en la revista desde su particular punto de vista. Es bonito comprobar cómo en la evolución de la revista a lo largo de todos estos años esa esencia ha permanecido, y se deja ver en parte de sus portadas y sus contenidos.

¿Y a ti cómo te han cambiado estos 16 años?

La verdad es que a mí encontrarme con 21 fue un auténtico regalo, porque recuerdo que de pequeña, una de las primeras veces que me preguntaron qué quería ser de mayor, no sabía cómo se llamaba, pero dije que quería escribir y cambiar el mundo. Y esas dos cosas (mi vocación y mis principios) he podido unirlas en mi trabajo en la revista 21. para mí es una satisfacción enorme pensar que pongo un granito de arena, por pequeño que sea, para esa transformación del mundo en algo más justo, más solidario y más fraterno. Y hay otros regalos que vienen aparejados, porque estar en 21 me ha permitido tener contacto con las voces más importantes del panorama cristiano en este país, en el extranjero y en el mundo; y hacer muy buenos amigos, no sólo en el ámbito del periodismo, sino también de la teología, del trabajo social de la cooperación… Esto me ha abierto a perspectivas muy interesantes que me han enriquecido personalmente.

Fuiste una de las primeras mujeres en ocupar cargos de responsabilidad en medios de comunicación del ámbito cristiano. ¿Cómo te has, sabiendo el lugar que ocupan las mujeres dentro de la institución eclesiástica? ¿Han ido cambiando las cosas?

Cambian muy lentamente, y lo peor es que nos vamos acomodando a la lentitud de los cambios. A mí eso me preocupa. Nos creemos que hemos conquistado ya determinados espacios y derechos y no es verdad, porque lo hemos conquistado formalmente, pero en la práctica no. En la Iglesia esto es flagrante, las mujeres no tenemos voz. Nunca estamos en las capas altas, y eso hay que cambiarlo. Para mí ésta es una de las grandes expectativas que genera el nuevo Papa: si tendremos oportunidad de hacer justicia en este tema. 
En concreto, yo tengo que decir que mi trabajo de estos 16 años lo he hecho con una extraordinaria libertad, pero también es verdad que me ha costado mucho tiempo ser reconocida. Y aún así, en determinados ámbitos sabes que es imposible. A la jerarquía le cuesta relacionarse naturalmente con las mujeres. Yo me he encontrado en congresos donde un determinado obispo ha puesto problemas para sentarse a la mesa con una mujer. Y eso da muchísima tristeza.

¿Hacia dónde quiere ir 21?

21 quiere avanzar hacia una sociedad más justa, más igualitaria, donde no haya excluidos. Quiere seguir dando voz a los marginados y a los empobrecidos, para que puedan liberarse de sus esclavitudes. Como medio de comunicación, creo que tenemos la obligación de dar voz a todos los que no la tienen en los medios generalistas (que son muchos) y contar realidades que no siempre tienen presencia. Nosotros tenemos un especial empeño en la dimensión internacional, porque, aunque todos los medios de comunicación suelen tener esa sección, en general nos hacen saber lo que dice Merkel o lo que ha pasado en Italia, pero creemos que falta una vertiente más humana.

Por esas historias de corazón, de esfuerzo y de superación, estáis recibiendo multitud de premios de mucha importancia. ¿Cómo logra una pequeña revista cristiana ser reconocida en el mundo profesional?

Ha costado muchísimo, porque incluso cuando la calidad de los reportajes era la misma, nos encontrábamos con ese inconveniente, con el hándicap de cómo nos iban a dar el premio siendo una revista cristiana. Esto nos lo han dicho. Pero hemos conseguido salvar esa carrera a base de muchísima profesionalidad. De calidad pura y dura. Yo en esto recuerdo siempre las palabras de Santiago López, quien fue subdirector nuestro: “Para ser la mejor revista cristiana, primero tenemos que ser la mejor revista“. Eso a veces se nos olvida a los medios de comunicación confesionales, que lo primero es hacer un buen medio de comunicación. Tenemos que ser profesionales y ofrecer calidad, porque si no ese producto se nos cae de las manos. Nuestros contenidos específicos no van a llegar nunca al receptor si no van acompañados de calidad y profesionalidad.

Tenéis un gran elenco de firmas, entre las que siguen algunas históricas, pero a la vez estáis sacando gente nueva

Sí, tenemos un empeño especial en eso, porque nos parece fundamental buscar relevos. Nos está pasando en general, en la sociedad española, que hay como una generación tapón que no está dejando pasar a la gente más joven, a la savia nueva. Y en la Iglesia es clarísimo que cada vez hay menos espacio para la gente joven. Nosotros estamos abriendo brecha en ese sentido, no sólo en la revista en papel, sino también en los blogs de nuestra página en Internet. Estamos abriendo mucho espacio para gente nueva. Hemos puesto al cardenal Amigo, por ejemplo, a debatir y a intercambiar correspondencia con una chica joven, Sonia Fernández, que le plantea interrogantes muy interesantes al cardenal. Es una manera de hacer las cosas un poco diferente a como se hacen tradicionalmente. Buscamos siempre abrirnos al debate, a otras firmas, otras voces. Tenemos secciones muy abiertas (como La Tribuna o El Debate), donde cada mes la firma es distinta. De esa forma nos abrimos también a quienes no son exactamente de nuestro ámbito. Poder pedir un artículo de opinión a un escritor, un periodista conocido o un experto en determinada materia, que antes podía tener reparos en escribir en una revista católica, nos parecía muy importante.

El día 9 de mayo a las 19.30 será la celebración, en la sede en la calle Padre Damián, 2. ¿En qué va a consistir?

Será algo sencillo, conforme a estos tiempos que reclaman austeridad, pero con mucho contenido humano. Lo que queríamos era reunir a toda la familia de 21, compuesta por esos colaboradores tan fieles, por los periodistas, los trabajadores de todas las épocas, los anunciantes, los representantes, los suscriptores… Charlar, poder tomar una copa como hacemos en este país cuando celebramos algo, y poder abrazarnos y ponernos cara (porque algunos nos conocemos sólo por correo electrónico). Nos queremos poder dar la mano, intercambiar puntos de vista… y este aniversario nos parecía la oportunidad perfecta para poder celebrarlo todos juntos.

 

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