El poder efímero

2 Abr

Isabel Gómez Acebo

acebo2_560x280No creo que la entrada de Jesús en Jerusalén fuera advertida por un grupo numeroso de gente ya que un recibimiento tan clamoroso, como el que describen los evangelios, hubiera sido dispersado por los romanos, preocupados en estas fechas por posibles revueltas. Pero aunque fueran pocos, sus discípulos habrían entrado con gozo en la Ciudad Santa, conducidos por su Maestro en el que tenían puestas todas sus esperanzas.

En paralelo a la llegada de Jesús y procedentes de Cesarea Marítima entró en la ciudad una cohorte de miembros del ejército imperial, liderados por Poncio Pilato. Puestos en parangón, los dos grupos representaban un contraste total pues los últimos eran la imagen del poder, la gloria y la violencia de un imperio opresor, mientras que los segundos ofrecían alternativas, que pasaban por el servicio y la generosidad, un camino difícil de seguir.

Tan difícil que Jesús llevó hasta el fin su proyecto, pero no pasó lo mismo con sus discípulos, que huyeron dejándole solo ¿Por qué le habían seguido? ¿Habían imaginado un programa como el que representaban los romanos? ¿Sabían lo que era el Reino, pero no fueron capaces de seguir sus pautas? Imagino que habría de todo, pero la realidad es que dejaron solo al que no ofrecía poder, prestigio ni riquezas en este mundo. Cuando se pierde en la vida, empiezan a desfilar los amigos, los que no eran auténticos amigos.

El Domingo de Ramos me ha traído a la memoria a tantos políticos de nuestro país imputados, gentes que tuvieron todo el poder en sus manos y que ahora ven como, los que antaño se colocaban a sus pies, les niegan el saludo. No quieren verse comprometidos, aunque no tengan que ver con sus juegos sucios.

Esta fiesta me ha hecho recordar lo fácil que resulta confraternizar con los poderosos, los inteligentes, los graciosos y lo difícil que es encontrar tiempo para todos los que no brillan en este mundo. Pero también me hace reflexionar el hecho que Jesús murió inocente de sus cargos pero ¿los cristianos no debemos ir a las cárceles a dar consuelo al que actuó mal? ¿Qué hacemos con nuestros conocidos que han resultado delincuentes? ¿Les damos la espalda o les tendemos la mano? Creo que la pregunta se contesta sola

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