La fascinación del secreto

21 Mar

Isabel Gómez Acebo

gomezacebo_560x280“¿Qué interés tiene la Iglesia en no informar de los resultados del cónclave? Los cardenales encerrados en el Vaticano, no están sometidos a ninguna presión, algo que era muy frecuente en tiempos no excesivamente remotos, que sería lo preocupante.”

(P.D.) Sorprende ver el interés de todos los medios de comunicación en la elección del nuevo pontífice, cuando la mayoría se declara atea e indiferente con los temas religiosos. Es cierto que Roma, el Vaticano y toda la belleza de sus liturgias son un maravilloso escenario para televisiones y comentaristas, pero pienso que hay algo más. Ese valor añadido es el secreto con el que se mantienen todos los contactos, los previos al cónclave entre los cardenales y las votaciones posteriores en la Capilla Sixtina, que permiten hacer toda clase de apuestas y elucubraciones.

Hablo de valor añadido y me pregunto si, en efecto, ese silencio impuesto añade o detrae. Hoy se pide a los gobiernos, a los estados y a las empresas que sean transparentes para que no se les pueda achacar que ocultan información, algo que está muy mal visto y cuando la Iglesia no lo ha sido, ha sufrido mucho por todo lo que había ocultado.

¿Qué interés tiene la Iglesia en no informar de los resultados del cónclave? Los cardenales encerrados en el Vaticano, no están sometidos a ninguna presión, algo que era muy frecuente en tiempos no excesivamente remotos, que sería lo preocupante. Nos vamos enterando a retazos, por las indiscreciones de los diferentes cardenales, de lo ocurrido y al final se reconstruye la historia juntando las piezas del puzle. Pero ¿por qué no pueden conocer los católicos, incluso el mundo entero, los resultados de las sucesivas votaciones? La Iglesia está formada por los fieles y la jerarquía y todos sabemos que hay facciones dentro del colegio cardenalicio, como en cualquier grupo humano. Son personas que consideran que la Iglesia sería mejor dirigida por un candidato determinado, al que votan. Publicar los votos, que son anónimos, permitiría una mayor transparencia que no atenta contra nada, ni contra nadie. Es más, supondría conocer el peso que tienen las distintas tendencias dentro de la Iglesia, algo muy importante de cara al futuro.

Mi marido siempre dice que la información da poder ¿Tienen ese plus de poder los cardenales por conocer los grupos que existen dentro de la curia, por saber quiénes fueron votados? No lo creo, aunque reconozco que sería interesante un análisis de la evolución del voto. Podría ser un buen ejemplo para el mundo entero, ver como determinados candidatos piden que no se les vote, para no retrasar la elección o porque no se sienten capacitados para el cargo. Son personas que no buscan la gloria personal, ni el poder, que es a lo que estamos acostumbrados en la vida social y por ello, merece la pena que salgan a la palestra.

En la liturgia se ha abandonado la espalda al público y se han traducido las palabras a las lenguas vernáculas, con lo que se ha perdido misterio y poder del celebrante, pero se ha ganado en comprensión y cercanía. Este movimiento de transparencia, dado el efecto nefasto que tuvo el contrario, ha impreso la vida de la Iglesia en muchos aspectos ¿algún día sucederá lo mismo con el cónclave?

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