Apuntes para un nuevo papa (en clave de mujer)

14 Mar

Emma Martínez

Una de las cosas que me gustaría pedirle al nuevo papa es que tome conciencia de que EL CRISTO CRUCIFICADO TIENE HOY CUERPO DE MUJER, sobre todo si ésta es pobre, negra o indígena.

(RD) Le invitaría a él, a nuestro nuevo papa, y a todos los cardenales, obispos, sacerdotes, fieles … a mirar esa pequeña talla de madera de mujer crucificada: puede resultar molesta, quizá a alguien le parezca poco respetuosa o blasfema.Pero lo terrible de esa imagen es la realidad que representa, la realidad de tantas mujeres que aún en el siglo XXI siguen en sus cruces de marginación, violación, maltrato, asesinato, explotación sexual y laboral, tráfico de sus cuerpos y órganos; crucificadas bajo techos de cristal que no se ven pero existen, excluidas también en nuestra Iglesia y todos sus lugares de decisión, condenadas por intentar decidir sobre sus cuerpo y prácticas sexuales y un largo etc.


Hace sólo unos días que celebramos el día de la mujer trabajadora, aunque haya poco que celebrar en nuestro país y en general en todos los países del mundo.

Cuando parecía que los derechos de la mujer iban avanzando en reconocimiento y conquistas la crisis actual ha vuelto a poner de relieve que junto a los jóvenes son las mujeres uno de los colectivos donde el paro se acentúa: se nos quiere recluir de nuevo en casa, “que es nuestro lugar”, seguimos cobrando menos por el mismo trabajo, la violencia machista se dispara, las ayudas a las víctimas de violencia de género se restringen y se ha vuelto a dejar sin trabajo y sin retribución económica a las innumerables mujeres que habían logrado un reconocimiento y un pequeño sueldo atendiendo a sus familiares enfermos…

Quiero traer aquí el testimonio de algunas mujeres salvadoreñas que recogí cuando trabajé allí… han pasado algunos años, pero poco ha cambiado desde entonces. Y no es sólo en el tercer mundo: en muchos casos se repiten las mismas experiencias y con las mismas palabras. Hoy mismo hablaba con un ama de casa por teléfono y me decía, “Como no trabajo puedo adaptarme…” le dije ¿cómo que no trabajas? ¿a qué te dedicas todo el día?… y me contesta “es verdad, terminamos creyéndonos que no trabajamos cuando no paramos en todo el día, pero a base de no ser reconocidas nosotras mismas no nos reconocemos”.

Los testimonios recogidos textualmente de las entrevistas que les hicimos son los siguientes:

1. «A mí me hubiera gustado ser varón porque Dios es hombre: porque pueden dormir tranquilos… pueden salir a la calle sin miedo a que abusen de ellos; porque a mis hermanitos sí les dieron estudios, a mí me pusieron a moler y a trabajar en la casa. Yo fui despreciada, mi papá sólo quería tener varones porque dice que ellos no dan problemas».

2. «No le dejan a una desarrollarse ni opinar: le cierran los caminos, te sientes amarrada; te van enfermando; te sientes presa. ¿Será por desquite, por miedo a que los abandonemos cuando una se supera?… A saber…».

3. «Me levanto a las cuatro de la mañana, le doy gracias a Dios por el nuevo día, le encomiendo a mis hijos y a mi esposo. Hago el desayuno, mientras estoy haciendo el café y las tortitas muevo la comida; le sirvo la comida a mi compañero y friego los platos…; después que él se ha ido le sirvo el desayuno a mis hijos. Luego me voy a trabajar… Al llegar después del trabajo, tengo que hacer lo de siempre: la casa, acarrear agua, la leña…; hago la cena, se la doy a mi marido e hijos. Ellos se acuestan y yo me quedo lavando los platos, ordenando la cocina, remendando los trapos de los niños y del hombre… Una, de mujer, se viene a acostar de última y bien cansada… La verdad es que no me alcanza el día… Cuando me acuesto yo no sueño, porque no tengo tiempo para dormir. Esta es la verdad de mi vida, pues… Pero por muy duro que es mi trabajo, con él puedo ayudar a dar de comer a mis hijos y es ahí donde me encuentro con mi Dios, que es el que me da fuerzas para seguir adelante».

4. «Y dígame: ¿habrá solución a la situación de violencia contra la mujer en el hogar?».

5. «Hablando se entiende la gente. El carácter negativo de las personas es difícil de cambiar, pero hay que darles una oportunidad. Hay que enseñar a los hombres a respetar las mujeres, para que no nos vean como una presa fácil, para no abusar de la hembra cuando les da la gana. Hay que luchar para que reconozcan que somos personas, humanas, hijas de Dios igual que ellos… Yo espero que las cosas van a ir cambiando».

6. «No existe una comunidad de iguales en nuestra Iglesia, yo siento que no somos fieles a lo que Jesús quería, pero tengo esperanza de que las cosas cambien, más despacio, pues de lo que una quisiera, pero hay signos de esperanza: no sólo entre las mujeres sino también entre algunos varones».

Le pido al futuro papa, y en su nombre a toda la comunidad eclesial, que haga lo que hizo jesús: poner en pie a las mujeres encorvadas, ayudarlas a bajar de sus cruces, invisibles muchas veces.

Para animarnos a todos y todas a ello, porque esta ardua tarea requiere la colaboración de todos, pongo voz a una de esas mujeres a las que Jesús dignificó y puso en pié: es un grito de protesta y al tiempo un canto de esperanza. El texto es de Lc 13, 10-17.

Soy otra mujer sin nombre, anónima. Se me conoce como “la mujer encorvada”

¿Qué sabes de mí?

Que un sábado estaba en la sinagoga escuchando a Jesús.
Lucas me describe así:

“una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.”
“estaba encorvada”
“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Antes de contarte mi historia quiero hacerte caer en la cuenta de que esta descripción puede ser muy iluminadora para que junt@s, tu y yo, podamos acercarnos a la realidad de la mujer hoy en el mundo.

El texto me describe así:

Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, “siempre ha sido así”…)

Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que me rodeaba desde la perspectiva que me era impuesta por ese “espíritu”(demonio) que me poseía.
No podía enderezarme de ningún modo, y mi lugar de referencia estaba restringido al suelo.

Desconocía mi verdadera talla. Estaba en silencio. No digo una sola palabra para interceder por mí misma, no pido nada, no hago nada para ser vista (silenciosa e invisible). Estoy en la sinagoga escuchando a Jesús.

Mi descripción como mujer encorvada es una buena imagen para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.

Encorvadas por “los demonios” del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar. Los demonios de la explotación sexual y económica, la prostitución forzada por el hambre y la miseria. Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias; Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva. Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación

“Silenciadas”. Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que no se nombra…no existe.

“En nuestro lugar.” Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones el hecho de “saber estar en nuestro lugar”.

Por supuesto lugar no elegido por nosotras mismas, sino impuesto socialmente, pero justificado y sacralizado: así es por “naturaleza” o “por voluntad de Dios“ comunicada a las mujeres a través del varón, ¡evidentemente como debe ser…!
Lugar -dentro de la “Sinagoga”…pero por supuesto “oyendo”
Lugar de la escucha: no de la palabra, aunque la palabra dicha nos concierna directamente, incluso nos defina.

Lugar de la ejecución generosa y gratuita “propia de nuestro ser de mujer”, pero no lugar para participar en las decisiones que nos afectan y condicionan.
Lugar invisible: Ya lo dice un dicho muy halagador para las mujeres: “Detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer.” Mientras esté en su lugar ”detrás” recibirá el reconocimiento de su valía pero… ¡que no cambie de lugar… y oculte al varón ¡porque habrá dejado de estar ·”en su sitio”!

Lugar del anonimato y de la no identidad “una mujer sin nombre, enferma, y encorvada…”
Lugar dónde se nos indica cuál es nuestra estatura y por tanto a dónde podemos llegar y a donde no, cual debe ser nuestro punto de mira y nuestras aspiraciones( no demasiado altas.) Hay lugares que no nos corresponden, “porque así lo quiere Dios” y lo ha dejado muy claro en la Palabra de Dios, por supuesto revelada al varón, seleccionada e interpretada por él.
Lugar que nos corresponde porque así ha sido siempre (¿18 años, 18 siglos,28 siglos?…)
No aceptar ese lugar es ir contra lo establecido ¿por Dios?

¿Y si lo que Dios quisiera fuese que aprendiésemos a desaprender ese lugar?

Quiero contarte qué me pasó a mi con Jesús para que tu mism@ lector contestes a la pregunta anterior.

Es un sábado y Jesús está enseñando en la sinagoga, él sí cae en la cuenta de mi situación, me mira, se fija en mi persona.

Me llamó” y al nombrarme me saca del anonimato e invisibilidad, del lugar que “me correspondía” social y religiosamente para ponerme delante, a la vista, como lugar de revelación de su misericordia . En un lugar donde yo pudiese reconocer mi propia verdad y la verdad del lugar que Dios quiere para mi.

“y me dijo”: me dirigió la palabra y me reconoce sujeto, un “tu” a quien hablar.
“Mujer quedas libre de tu enfermedad”. Jesús fue capaz de leer el deseo de mi corazón, yo aún no había abierto la boca. Ante mí, una mujer con larga estela de dolor, Jesús muestra su fuerza liberadora. Toma la iniciativa para liberarme del mal que me dominaba transgrediendo la ley sagrada del sábado. Me devuelve mi libertad arrebatada, me libra del sometimiento, del encorvamiento al que me tenia sujeta el espíritu del mal”.

“Y me impuso las manos”. Entra en contacto corporal conmigo, aunque soy una mujer impura por mi enfermedad. Volviendo de nuevo a transgredir la ley sagrada que prohibía tocar a las personas consideradas impuras.

¿Qué consecuencias tiene esa acción?.

Yo me siento mirada, alcanzada por su mirada, aludida por su palabra y…
“Me enderezo”: recupero, mi verdadera talla, mi propia identidad, mi libertad para poder mirar de frente a lo largo y ancho de la vida, sin que nadie me imponga su perspectiva.

“Alabando a Dios”, recupero la palabra y esa palabra es para reconocer agradecida lo que Dios ha hecho en mí a través de Jesús.

El jefe de la sinagoga:
”Indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado”. Intenta justificar con leyes sagradas que yo permanezca en una situación injusta, encubriendo así la verdadera causa de ella y quizá también queriendo encubrir la verdad de su enojo ¿ no será que lo que no acepta es que las mujeres recuperemos nuestra dignidad?
decía a la gente….incapaz de dirigir su agresividad hacia Jesús, hacia mí desvía su indignación, buscando un chivo expiatorio que oculte la verdad de su corazón.

Me da mucha pena compartir contigo esto pero una vez más nos encontramos con la dificultad de las autoridades religiosas para comprender que primero estamos las personas y después las leyes, por muy santas que éstas sean. Una vez más la libertad de Jesús y su deseo de devolver la dignidad de hij@s de Dios a tod@s provoca indignación en los jefes de las sinagogas e iglesias y alabanza a Dios en las mujeres que vamos reconociendo con gozo que Dios no quiere ningún encorvamiento de sus hijas.

Después de la reprimenda indignada que el jefe de la sinagoga echa a la gente Jesús toma la palabra para dirigirse directamente a él y en él a todos los jefes de sinagogas, iglesias para…

Denunciar su hipocresía personal e institucional (habla en plural). ”Hipócritas no desatáis del pesebre todos vosotros en día sábado a vuestro buey o a vuestro asno para llevarlos a abrevar?” Jesús denuncia y desenmascara los interesas ocultos que hay debajo de su celo “religioso”. Debajo del cuidado de los animales está un interés económico pero no cuenta igual el interés por el bien del pueblo. ¿Dónde está la causa verdadera de su enojo y de su escándalo?

Proclamar mi verdadera identidad y lo hace con estas palabras que resonaron en mi como un nuevo nacimiento que confiere nombre: “ y a ésta que es hija de Abrahán”. Era la máxima dignidad en el pueblo judío, casi siempre puesto en género masculino. Jesús con esas palabras me reconoce a mí heredera de las promesas, un miembro del pueblo en igualdad de derechos que los “hijos de Abrahán”. Dios no solo tiene “hijos” sino también “hijas” con igual dignidad.

Des-velar las verdaderas causas de mi situación: “Satanás la tenía atada desde hace 18 años…”…No estaba encorvada porque era así sino porqué las fuerzas del mal, (de siglos y siglos) me tenían atada: esclavizada y encorvada.

Anunciar el verdadero sentido del día del Señor, la buena noticia de que por encima de todas las leyes , tradiciones, argumentos “por muy sagradas que sean” están las personas y que liberar de toda esclavitud es el verdadero culto y la auténtica fidelidad al Señor “¿Y no se debía desatarla precisamente el día sábado?”.

“Cuando decía estas cosas los adversarios de Jesús quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacia”(v.17).

Quiero de un modo especial compartir contigo el momento en que Jesús me mira profunda y largamente como nunca nadie me había mirado, voy levantando mi vista hasta encontrarme con la suya que me traspasa y al instante me enderecé y ya sólo pude cantar un canto de alabanza a Dios y de esperanza para todas las mujeres del mundo

Deseo que mi experiencia te sirva a ti mujer y ti varón, como profecía y aliento de acción para trabajar tu mirada; para seguir creyendo, esperando y empujando para que la palabra salvadora de Jesús se haga cuerpo en tantos cuerpos de mujer que esperan la fuerza con ansia ese momento. Para ello cultiva en ti esa mirada sanadora y esa audacia que mostró Jesús, eso hará posible que otras mujeres, que hoy siguen “encorvadas”, puedan liberarse de sus encorvamientos y al fin se enderecen descubriendo su verdadera talla. Que así sea.

Me gustaría que el testimonio de esta mujer no sólo lo escuche el Papa sino que caiga en el corazón de cada una de las personas que nos llamamos seguidores de Jesus y produzca cambios en nuestra mirada, en nuestras conductas, a fin de ir rompiendo muros de exclusión, prácticas paritarias que ayuden a bajar de la cruz a tantas mujeres crucificadas.

Una aprendiz de seguidora
Emma Martínez.

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