¿Bailas?

20 Feb

Blog de María José Ferrer


resizerEs preciso hacer esfuerzos por proteger a las mujeres frente a la violencia masculina, enseñándolas a defenderse tanto legalmente como física y psicológicamente, enseñándoles a ser sobrevivientes y no víctimas, enseñándolas a no detenerse en el proceso de victimización, sino trascenderlo, dejando atrás los episodios violentos y a los violentos para construirse otra vida como sobrevivientes por medio de la afirmación personal, la superación de las situaciones y la lucha colectiva por cambiar este estado de cosas a través de la toma de conciencia y la solidaridad entre mujeres.

Gloria M. Comesaña

Para la mayoría, el 14 de febrero es, ante todo, san Valentín, considerado popularmente patrón de las/os enamoradas/os. Aunque siempre me pregunté por qué tan romántico patronazgo había ido a parar a un mártir del siglo III, nunca había puesto mucho empeño en hallar una respuesta. Hasta hoy, en que me he enterado de que Valentín fue martirizado el 14 de febrero del año 270 por casar en secreto a muchas parejas, desobedeciendo así al emperador Claudio II, quien había prohibido que los jóvenes contrajeran matrimonio porque, según él, la soltería les hacía mejores soldados. Esto, sin duda, facilitó que con la cristianización de las Lupercales, fiestas romanas que celebraban la fertilidad el 15 de febrero y que, a finales del siglo V, fueron condenadas por el papa Gelasio I, san Valentín se asociara a las/os enamoradas/os.

Para otras/os, el 14 de febrero es el día de Cirilo y Metodio –patronos de Europa, junto a san Benito de Nursia, santa Catalina de Siena, santa Brígida de Suecia y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)–, dos hermanos que, en el siglo IX, evangelizaron a los pueblos eslavos. Para ello, tradujeron el Nuevo Testamento al antiguo eslavo e inventaron y propagaron un sistema de escritura que sirvió de base al alfabeto cirílico, llamado así en honor de Cirilo y utilizado para escribir las lenguas eslavas desde el siglo X.

Pero mañana, 14 de febrero de 2013, la fiesta, la verdadera fiesta no es la de san Valentín –léase Día de los Enamorados–, ni la de los sabios y políglotas Cirilo y Metodio, ni la de ningún otro santo o santa que pueda aparecer en el calendario. No. Mañana, precisamente mañana, es el día One Billion Rising –“Mil millones en pie”–, una acción pacífica que intenta que mil millones de personas de todo el mundo combatan la cultura de la violación y del maltrato hacia mujeres y niñas, y que lo hagan, además, bailando[1]. Se trata de una campaña mundial, cuyo vídeo promocional (http://www.youtube.com/watch?v=gl2AO-7Vlzk&feature=youtube_gdata_player), tal como me decía ayer una amiga en un e-mail, explica muy bien “las múltiples violencias ejercidas sobre las mujeres y cómo despertamos para decir basta: me levanto, me empodero… ¡y nunca más!”.

Merece la pena verlo –dura solo tres minutos–, y más de una vez. Durante los primeros 50 segundos, el vídeo refleja diversas formas de violencia contra las mujeres: mutilación genital, explotación laboral, acoso sexual, malos tratos, violación… Aparecen mujeres de diferentes edades, países, razas, estatus social…, porque no hay mujer en el mundo que, de una forma y otra, no experimente la violencia machista en mayor o menor medida. En el segundo 51 empieza a notarse una vibración, un temblor que se entremezcla con la música y que va sacudiendo a las protagonistas, de manera apenas perceptible. Son cuarenta segundos, más o menos, en los que el tiempo parece detenerse, mientras ellas abren los ojos… La música cesa y, una a una, van poniéndose en pie, la mano en alto, envueltas en un latido colectivo hecho de puro ritmo, sin melodía, porque cada vida tiene unas notas concretas. Todas dejan de sentirse víctimas y se adueñan de sus vidas: arrojan las cargas que las encorvan, se sacuden a sus agresores, abandonan los espacios de sufrimiento y sumisión… y, poco a poco, empiezan a bailar, cada cual a su estilo, solas y acompañadas por otras mujeres, y también por hombres que bailan al mismo ritmo, con la misma intención.

Se puede bailar sola/o, pero es mejor hacerlo en compañía… Bailar con otras/os crea grupo, suma energía y, anima. Hay quienes bailan para expandir su consciencia… Bailar es, además, sinónimo de fiesta, de alegría. Una de las acepciones del término, en el DRAE, es “retozar de gozo”. Se baila, pues, para celebrar. Por eso, combatir la violencia bailando es algo más que un símbolo. Es profecía. Es degustar ya la alegría de la victoria, atreverse a soñar con ella, adelantarla, conjurar a la muerte eligiendo la vida, negarse a renunciar a la plenitud a la que cada ser humano tiene derecho y que difícilmente lograremos solas/os.

Y tú, ¿bailas?

 

[1] En España, se han sumado a la iniciativa 29 ciudades. En el siguiente enlace hay información sobre los diversos actos, por Comunidades Autónomas:

http://www.feminicidio.net/noticias-de-asesinatos-de-mujeres-en-espana-y-america-latina/redaccion-propia-de-noticias-sobre-violencia-de-genero/4208-one-billion-rising-se-celebrara-en-28-ciudades-de-espana.html

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