La desigualdad provoca pobreza, y también violencia

11 Feb

soledad-ana3Ana López:  “La desigualdad provoca pobreza, y también violencia”

Soledad Suárez:  “Manos Unidas es una organización profundamente femenina”

“Ya que la Administración está bajando tanto los fondos, seamos nosotros más generosos”

(RD-Jesús Bastante).- Soledad Suárez es la presidenta de Manos Unidas, y Ana López de Guevara, la directora del Movimiento Salvadoreño de Mujeres. Vienen a presentarnos la campaña “No hay justicia sin igualdad”, que celebramos en estos días. “Todos tenemos la misma dignidad por el mero hecho de nacer, pero luego hay que favorecer que todas las personas puedan vivir en condiciones dignas”, explica Soledad, que denuncia que el recorte en la Ayuda Oficial al Desarrollo “lleva implícito un concepto muy duro, de que la solidaridad no es algo que tengas que ejercer siempre, sino sólo cuando te sobra”.

Ana López afirma que El Salvador no es “un país pobre, sino empobrecido” y señala que “si la crisis impacta en Europa, que siempre ha vivido con muchos recursos, en los países del Tercer Mundo es terrible”.

¿La campaña está orientada a la igualdad entre hombres y mujeres? ¿Tienen los objetivos generales de Manos Unidas algo que ver con los Objetivos del Milenio?

S- Sí, llevamos desde 2007 trabajando cada año un objetivo del milenio, y este año nos toca el tercero. Yo creo que todo el mundo sabe que Manos Unidas es una organización profundamente femenina, fundada por mujeres y en su mayoría trabajada también por mujeres, así que para nosotros este tema es medular. En todos nuestros proyectos la mujer está siempre presente, aunque no tengan el título expreso de proyectos para la mujer. Aún así, nos hacía mucha ilusión este año poder abordar este objetivo del milenio que nos parece tan importante.

¿Sigue pesando tanto la cuestión de género? ¿Las mujeres lo tienen más difícil en ciertos lugares del mundo?

A- Claro, porque los países de Centroamérica como El Salvador venimos de una historia de sometimiento y marginación. Nuestra Constitución de hace más de 100 años contemplaba que la mujer es propiedad del hombre. Hemos tenido una guerra interna en el país, y poco a poco vamos saliendo de eso, pero también falta igualdad en la distribución de la riqueza. No somos un país pobre, sino empobrecido, que es una cosa diferente. Esta injusta distribución la han consentido los poderosos en contra de los más desvalidos, de los desposeídos de nuestro país. Pero gracias a Dios emprendimos una lucha que finalizó en el 92 con los acuerdos de paz. Las mujeres no fuimos ajenas a esa lucha, aunque en esos acuerdos se nos reconoce muy poco. Pero las mujeres hemos estado en todos los frentes de batalla: la lucha política, la demanda, la denuncia… En ese período empezamos el proceso de organización, y así en 1988 creamos el Movimiento Salvadoreño de Mujeres, una estructura alternativa que pretendía aglutinar a todas esas mujeres que no encontraban salida. Mujeres solas con un montón de hijos, sin trabajo, con sus maridos en el frente (ya fuera en el Ejército, o en la guerrilla), o mujeres que querían irse del país a causa de la gran represión.

¿La desigualdad provoca también pobreza?

A- Sí. Pobreza, y también violencia.

¿Hay feminicidios en El Salvador?

A- El año pasado hubo más de 300. Y estamos hablando de un país con unos 100 millones de habitantes. Pero en el 2011 fue mucho peor: casi 700 mujeres asesinadas. Por eso nosotras, tras los acuerdos de paz, comenzamos a reorientar nuestra lucha, viendo qué podíamos hacer para sacarlas adelante. Para nosotras era necesario, en principio, crear esfuerzos para la alfabetización, porque había una gran cantidad de mujeres analfabetas, que no sabían leer ni escribir. Vimos la necesidad de capacitarlas y de hablarlas de sus derechos, para que fueran avanzando en conocerlos. Al mismo tiempo, fuimos haciendo incidencia en las instituciones del Estado, para que crearan políticas a favor de las mujeres. Esto no fue fácil, porque en el tiempo de la guerra cualquier organización era enemiga del Gobierno y del Estado. Hombres y mujeres fueron a parar a la cárcel, hubo violaciones… Fue un período difícil, en el que contamos con la ayuda de la cooperación internacional de Manos Unidas. Luego pensamos en hacer proyectos de micro créditos y de producción colectiva, porque si no, todo el resto de la organización se terminaría. Entonces implementamos proyectos para crear las estructuras organizativas municipales o locales, para que fueran ellas las que fueran liderando todo este proceso. Nosotras las acompañamos, pero son ellas las que manejas los recursos y las que se desenvuelven en todo esto. Es necesario crear ese poder en las comunidades y en las mujeres.

¿Es importante que sean los propios beneficiarios los que desarrollen los proyectos?

S- Sí. Manos Unidas siempre trabaja con las contrapartes. Afortunadamente, después de llevar trabajando 54 años, tenemos una red muy extensa de contrapartes, todas ellas avaladas en muchísimas ocasiones por la Iglesia Católica, que merecen toda la fiabilidad porque llevan trabajando con nosotros muchos años. Así que los beneficiarios son los que elaboran el proyecto, lo presentan, y nosotros desde España lo estudiamos, vemos si es viable o no, podemos hacer recomendaciones, y finalmente lo acompañamos. A nosotras nos gusta decir, en vez de que lo financiamos, que lo acompañamos. Aunque sea desde aquí desde España. Porque tenemos que tener en cuenta que nosotros creemos que nos ha creado Dios a todos iguales, y que todos nacemos con la misma dignidad por el mero hecho de nacer. Y lo que no puede ser es que no se den las condiciones para que las personas nos desarrollemos en igualdad, ejerciendo la dignidad con la que nacemos. A nosotros no nos gusta pensar que unas personas son más dignas que otras porque tienen más medios o porque no los tienen. Todos tenemos la misma dignidad por el mero hecho de nacer, pero luego hay que favorecer que todas las personas puedan vivir en condiciones dignas. Es tremendamente injusto que el 70% de la población pobre sean mujeres, o que 2/3 de la población analfabeta sean mujeres y niñas. Si ya desde el principio estás discriminando a las niñas sin darles acceso a la escuela, en favor de los niños, ellas luego no van a ser dueñas de sus decisiones. Muchas veces las cifras se ven de manera fría, pero se sabe estadísticamente que, cuantos más años ha ido una mujer a la escuela, más posibilidades de sobrevivir tienen sus hijos menores de 5 años.

¿Los proyectos salen adelante, en gran medida, por la capacidad de organización de las mujeres?

S- Claro. Nosotros para nada discriminamos al hombre. Queremos que haya un desarrollo igual para los hombres y las mujeres, juntos, como dice el mismo Papa. No somos iguales, somos distintos, pero tenemos que caminar juntos, en complementariedad. Por eso muchas veces pedimos a las mujeres (a las de aquí y a las de allí), que cuando empiezan con la educación en su casa, en el hogar, por favor den la misma educación a sus niños y a sus niñas.

¿Que no sea la niña la que tenga que ayudar en casa a hacer las camas?

S- Claro. No es sólo que “no pase nada” porque el niño o el papá hagan la cama, es que de hecho se realizan al hacerla.

¿Cuándo hay crisis nos olvidamos de que existen “los otros pobres”? ¿Hay pobres “de primera”, a costa de los que los otros pobres pierden la ayuda y la cooperación que tenían? ¿Está sucediendo esto en España?

S- Sí. La Ayuda Oficial al Desarrollo ha disminuido de manera brutal en el último año. Hemos pasado del 0,5 al 0,2 del PIB que está presupuestado para el año 2013. Creemos que esto es profundamente injusto, y lo que más nos preocupa es que lleva implícito un concepto muy duro, de que la solidaridad no es algo que tengas que ejercer siempre, sino sólo cuando te sobra. Pero eso no es la solidaridad. Solidaridad es compartir lo que tenemos con los que lo necesitan. Afortunadamente, en España existe toda una administración y todo un sistema de vida que da ayudas a las personas que lo están pasando mal. Estamos encantados de ver lo solidarios que somos los españoles y cómo estamos ayudando a las personas de aquí que lo están pasando mal, pero también sabemos que no se puede estar conforme con que, por ayudar a los que aquí lo están pasando mal, consintamos que se reduzca la ayuda a los países donde se vive una crisis permanente, en riesgo de morir de hambre o por falta de asistencias sanitaria. No podemos contraponer las dos ayudas.

Sin embargo, los organismos públicos están transmitiendo esa idea.

S- Quizá sí. Pero yo estoy segura de que los españoles seguirán siendo generosísimos con Manos Unidas. Yo siempre animo a la sociedad española, a la sociedad civil (ese nombre que a veces puede parecer tan rimbombante), que llegue allí donde no está llegando la sociedad oficial. Es decir, que ya que la Administración está bajando tanto los fondos, seamos nosotros más generosos, dando ejemplo a todo el mundo de cómo España sabe acoger a todas las personas que lo están necesitando, dentro de las familias y de otras instituciones que se están volcando. Yo creo que esto va a suceder, y que las personas que viven más allá de nuestras fronteras van a poder seguir contando con nuestra solidaridad y con nuestros medios.

¿Habéis tenido ocasión, las organizaciones del tercer sector y de Ayuda al Desarrollo, de plantear estas críticas a la Administración?

S- Hay que decir que la Administración por supuesto cuenta con todas las organizaciones del tercer sector, y para hacer su Plan de Cooperación ha contado con equipos de las coordinadoras de ONGD; pero una cosa es que conozca perfectamente nuestra opinión y cuente con ella (y me atrevería a decir que puede que la compartan), pero la situación es que no hay dinero y que hay que distribuirlo de una determinada manera, que es con la que nosotros no estamos de acuerdo.

¿No es inmoral reducir fondos a ciertas partidas como la educación, la salud, o la lucha contra la pobreza?

S- Nosotros no nos metemos en esos tejemanejes, sabemos que lo tienen complicado, porque tienen que repartir una sola cosa entre muchas personas. Lo que les pedimos es que el recorte no sea tan drástico como ha sido. La reducción de la AOD ha sido demasiada, a nuestro modo de ver. Sobre todo porque estamos hablando de personas a las que, si nosotros no ayudamos, no tienen quién les ayude. Eso es lo duro. A mí me da mucha pena cuando veo que los ingresos de Manos Unidas están descendiendo, porque eso significa que desciende el número de proyectos que podemos llevar a cabo. Porque detrás de esos proyectos hay personas que no podemos perder de vista. Yo creo que, para interiorizar todas estas necesidades, hay que conocerlas. Y por eso muchas veces le digo a la gente: “Tráete a estas personas a vivir contigo”. Cuando lleves a tus niños al colegio, piensa en los niños que a lo mejor tienen que recorrer kilómetros para ir al colegio. Cuando recibas la noticia preciosa de que tu hija está embarazada y que van a traer a un niño al mundo, no te olvides de aquellas mujeres para las que algo tan natural como traer una vida nueva al mundo puede suponer una amenaza de muerte. Y esto no lo digo yo, sino la Organización Mundial de la Salud: los problemas derivados de embarazo y parto son los menos atendidos a nivel mundial. Los españoles tenemos en nuestra mano la posibilidad de consumir de otra manera, gastar de otra manera. Hay una comparación que impacta mucho, y es que el 20% de la población de todo el planeta consumimos el 80% de lo que se produce.

Tan impactante como el informe reciente que dice que sólo con los beneficios de las 100 grandes fortunas del mundo se podría acabar 4 veces con la pobreza.

S- Sí, es impactante, pero hay que olvidarse de los ricos y de la brecha que crece y crece. Lo que hay que hacer es ver, desde aquí, qué podemos hacer. Son cosas muy sencillitas, relacionadas con el consumo de energía, el consumo de gasolina… Muchas veces nos olvidamos de lo que supone la extracción de petróleo para muchas personas, y para la contaminación de la Amazonía. Aquí luchamos contra el aborto. Lógicamente, cómo no vamos a luchar contra el aborto en el mundo desarrollado. Pero pocos sabemos que la extracción petrolera en la Amazonía de Ecuador ha multiplicado por tres el número de abortos espontáneos.

¿No habría que trabajar, más bien, por que las condiciones de los niños que nacen, en tantos lugares, sean más adecuadas a la dignidad de la que antes hablabas?

S- Exacto. No debemos poner los problemas dentro de casillas, sino tratarlos todos, sin angustiarnos y sin que nos produzca tristeza. A mí muchas veces la gente me pregunta, que, trabajando en lo que trabajo, cómo puedo seguir sonriendo. Pero es que yo también veo lo que conseguimos con tan poco: las sonrisas de los niños, de las madres y de los padres felices porque están sacando a sus proles adelante.

¿Se nota esta situación (el impacto de la crisis, la bajada de la Ayuda al Desarrollo…) en los países receptores de esta ayuda?

A- Por supuesto que se nota. Si la crisis impacta en Europa, que siempre ha vivido con muchos recursos, en los países del Tercer Mundo es terrible. Es muy difícil sobrevivir en estos momentos en los que aparece más violencia social, que está afectando a la juventud.

¿Os veis sin expectativas?

A- La situación económica está obligando a los recursos humanos cualificados a irse del país. Ahora la gente que viaja a los Estados Unidos en busca de mejores condiciones no es sólo gente del campo que no sabe para dónde va ni a qué, sino también profesionales, que atraviesan ese camino tan peligroso que es la ruta hacia los EEUU, donde santísimas personas han muerto. Constantemente sabemos de gente que ha sido asesinada en México intentado atravesar la frontera para llegar a los EEUU. Le gente está desesperada porque no hay empleo. Las mujeres también están desempleadas, y ellas son las que tienen la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos, porque el hombre puede abandonar a su familia, y es la mujer la que asume la responsabilidad de mantener a sus hijos. Por eso nosotras queremos trabajar por elevarles el autoestima a estas mujeres, y esforzarnos para crear estructuras de organización y producción a través de las que ellas se puedan ir superando. El Movimiento Salvadoreño de Mujeres cumple ahora el 26 de febrero 25 años. En todo este periodo, nada hubiera sido posible si no hubiéramos contado con ese apoyo solidario y la ayuda de los países europeos. Y España ha sido uno de los países más solidarios con nuestro país. Desde los padres jesuitas, que viniero a estar con el pueblo y ofrecieron hasta su vida.

Junto a Ellacuría murieron también dos mujeres. ¿Por qué no se habla para nada de ellas?

A- Si no la hay ahora, menos había en aquel tiempo “igualdad mediática”. En esos años nadie hablaba de derechos de las mujeres. Según hemos ido avanzando en el proceso, hemos ido recuperando nuestro espacio. Pero la violencia es una situación muy dura para avanzar, porque la violencia somete a las mujeres y a las niñas bajo los privilegios de los varones. También está el problema de los embarazos a tan tempranas edades, que muchas veces son fruto de violación por parte de la familia cercana. Esas niñas que sufren embarazos precoces muchas veces son abandonadas u obligadas a cometer crímenes. En eso estamos trabajando, para que las madres también revisemos nuestro comportamiento, porque hemos permitido violaciones y violencia sin decir nada. Pero claro, el miedo a ser asesinada, y la falta de credibilidad ante las mismas instituciones del Estado son las causas de que no se denuncie, de que se queden calladas. Cuando las mujeres toman conciencia, esto tiene repercusiones. Y luchar por otras personas, ser solidarios y acompañarnos, tiene también sus consecuencias. No podemos pensar que el mundo se va a arreglar y que todo se va a componer sin nuestra participación, nuestra ayuda, nuestro aporte. Aunque tengamos que asumir riesgos cuando empezamos a trabajar por otros, y aunque sepamos que en algún momento se nos puede cobrar algo.

¿Tenéis esperanza a pesar de todo?

S- Sí, podemos palpar la esperanza en nuestros proyectos de América, Asia y África (aunque son muy distintos entre sí, porque también sus niveles de desarrollo son diferentes). En África todavía estamos haciendo pozos, muchas escuelas, centros de atención sanitaria… Son los primeros pasos, pero lo que no podemos hacer es cansarnos de hacerlo. Esto es un trabajo muy lento, pero que va dando sus frutos. En América y en Asia, por otro lado, estamos trabajando mucho en la capacitación de la mujer, porque ya tienen un determinado nivel con el que ya se puede empezar a trabajar así. En África estamos trabajando mucho más en alfabetización, en que la mujer no sea una cosa que se puede usar y tirar, en evitar la trata de las niñas, las violaciones de mujeres como arma de guerra…

¿Pensáis vuestros proyectos para la mujer, o desde la mujer?

S- Si estamos hablando de que sin igualdad no hay justicia, lo que no podemos hacer es discriminar al hombre. Lo primero, por principio, y lo segundo, porque además no sería práctico. En Etiopía, por ejemplo, hay un proyecto precioso de capacitación de mujeres para que luego puedan acceder a un programa de micro créditos. Es un proyecto de Manos Unidas que lleva una misionera comboniana, que empieza por enseñar a las mujeres a leer, escribir, sumar y restar. Para que ellas sean capaces de firmar sabiendo lo que firman. Una vez que han cumplido ese proceso, se les puede dar un micro crédito para que inicien cualquier actividad productiva (agrícola, comercial… lo que quieran).  Cuando esas mujeres van a sus casas, a sus familias, y sus maridos ven lo que han conseguido, ellos también quieren apuntarse al proyecto. Y por supuesto que se les admite. Por eso decimos que un proyecto de Manos Unidas es una gota de aceite que cae en un papel, y se va extendiendo y extendiendo y extendiendo. Otra manera que tenemos de trabajar con hombres, también en Etiopía, es relativa a la ablación del clítoris de las niñas. Todos sabemos que es algo cultural que forma parte de las sociedades africanas, y que además está hecha por mujeres (los hombres no entran). Para nosotros resulta atroz e imposible de entender, pero tenemos que ir con respeto, haciendo una labor muy lenta. En Etiopía se sacaron fotos del proceso y se las enseñaron a los padres de las niñas. Y entonces dijeron que ellos no consentían que eso se les hiciera a sus hijas. Es un trabajo lento y desde abajo.

¿Antes de emprender el trabajo llegáis al sitio y preguntáis cómo lo podéis hacer? ¿Ésa es una de las razones del éxito de Manos Unidas?

S- Yo creo que sí. Además ellos muchas veces nos cuestionan qué tipo de desarrollo les vamos a llevar, porque algunos no los quieren. Y es lógico que no los quieran, cuando es nuestro desarrollo el que está provocando esa situación de pobreza y de injusticia en la que vive el 80% de la población mundial. Con lo cual, ellos no quieren eso. Ellos son más respetuosos con la naturaleza que les rodea. Ellos la tienen más cercana, y dejar la tierra estéril les parece una agresión. Ahora estamos haciendo muchos proyectos de fomento de la agricultura con abonos e insecticidas orgánicos, que aprenden a fabricar ellos mismos, para usarlos y venderlos. Es un tipo de desarrollo que, a lo mejor es más lento, pero por otro lado también es más enriquecedor y más sostenible.

Hace poco has estado en Roma participando en la reunión del Cor Unum. ¿Cómo se os ve en Roma a Manos Unidas?

S- Estupendamente. Somos miembros per sé del Cor Unum. Para mí era la primera vez que iba a una de estas reuniones, y me ha encantado el clima de trabajo tan abierto y tan enriquecedor, además de la acogida de muchas organizaciones que venían a saludar a Manos Unidas con mucho cariño y admiración. Ahora mismo hay una preocupación dentro de la Iglesia por la nueva ética mundial que pretende imponerse desde organizaciones públicas, organismos internacionales… y que nos atrevemos a decir que está arrollando los derechos humanos que firmamos en el 48. Está prevaleciendo la ética positivista que dice que, si algo se legisla por una mayoría, está bien, es moral, es legal. Y en nombre de eso se están cometiendo muchísimos atropellos, sobre todo en estos países, donde se está pretendiendo imponer una ética con la que ellos no están de acuerdo. Y precisamente se está condicionando la Ayuda Oficial al Desarrollo a que acepten esta ética

¿Una nueva colonización de las ideas?

S- Exactamente. La Iglesia está levantando la voz contra esto, yo creo que de una manera valiente, en todos los organismos internacionales. Aunque haya veces que puedas encontrar personas que no hacen caso, o que te tildan de retrógrado. Pero yo creo que el respeto hacia la antropología del hombre y hacia los derechos humanos universales, inalienables e irrenunciables, es tan importante, que estamos trabajando mucho por que las administraciones mundiales lo cumplan.

¿Sois conscientes desde Manos Unidas de que, junto a Cáritas y otras instituciones similares, sois la “cara amable” de la institución eclesiástica, sobre todo en Europa? ¿Sentís cierta responsabilidad en ese sentido?

S- Sí. Quizá sea porque nosotros estamos abajo, en contacto con la gente, y a lo mejor resulta que transmitimos una imagen más cercana. Yo no me explico que sea más que por eso, porque Manos Unidas es la ONG de la Iglesia Católica, y nosotros estamos a gustísimo dentro de la Iglesia, porque además vivimos esta pertenencia con una gran libertad. Dentro de nuestra organización la gente vive su fe de muy diferentes maneras, y a nosotros eso nos parece muy enriquecedor. Nos gusta que sea así, no le preguntamos a nadie de dónde viene ni por qué. Sí que ayudamos a que puedan profundizar en su fe, porque ésa es una gran labor que tenemos todavía por delante. Yo, desde que estoy en Manos Unidas, he profundizado en mi fe cristiana y vivo más contenta y más feliz. Lógicamente, me gusta poder ofrecer esto a más gente que está dentro de Manos Unidas, desde el más absoluto de los respetos.

Pronto cumplís 50 años del Ayuno Voluntario.

S- Sí, 50 años de una idea preciosa. Lo que significa “voluntario” es voluntad, y la voluntad no nos quita libertad, sino que te hace realizarte. El ayuno nos parece muy bonito porque consiste en poder experimentar, en una medida pequeñísima, lo que significa no comer. Porque hay ayunos involuntarios. Ésa es la razón de ser del ayuno voluntario: comprobar lo que es ayunar para sentir cerca de estas personas, y sobre todo, destinar el ahorro del ayuno a estas personas. Como unos vasos comunicantes: lo que yo dejo de comer aquí, que sirva para que coman los de allá.

¿Algún mensaje final?

A- Yo quiero hacer un llamado al pueblo español, a la feligresía, a aportar, sabiendo también que nosotras, desde las organizaciones, estamos muy esperanzadas por su ayuda y por su aporte, y también por el de Manos Unidas, para continuar nuestra lucha e ir saliendo adelante. Nosotras desde allá hacemos todo lo que nos es posible, pero necesitamos la colaboración que estamos solicitando y que ya estamos recibiendo, para continuar nuestros proyectos, que son propuestos en base a la necesidad de la comunidad. Es cierto que hemos avanzado, que el pueblo salvadoreño va saliendo adelante. Pero bajo el coste de los asesinatos y la violencia. Nos falta mucho camino por recorrer, y no lo podremos hacer solas.

Algunos titulares

Soledad Suárez

-Manos Unidas es una organización profundamente femenina, fundada por mujeres y en su mayoría trabajada también por mujeres

-A nosotras nos gusta decir, en vez de que lo financiamos los proyectos, que los acompañamos

-Todos tenemos la misma dignidad por el mero hecho de nacer, pero luego hay que favorecer que todas las personas puedan vivir en condiciones dignas

-El 70% de la población pobre son mujeres

-Está comprobado que, cuantos más años ha ido una mujer a la escuela, más posibilidades de sobrevivir tienen sus hijos menores de 5 años

-Pedimos a las mujeres que por favor den la misma educación a sus niños y a sus niñas

-El recorte en la AOD lleva implícito un concepto muy duro, de que la solidaridad no es algo que tengas que ejercer siempre, sino sólo cuando te sobra

-Ya que la Administración está bajando tanto los fondos, seamos nosotros más generosos, también con las personas que viven más allá de nuestras fronteras

-Algo tan natural como traer un hijo al mundo puede suponer una amenaza de muerte para las mujeres de muchos países

-Según la OMS, los problemas derivados de embarazo y parto son los menos atendidos a nivel mundial

-En muchos países no quieren nuestro desarrollo, y es lógico, cuando es nuestro desarrollo el que está provocando esa situación de pobreza y de injusticia en la que viven

Ana López
-No somos un país pobre, sino empobrecido

-La desigualdad provoca pobreza, y también violencia

-Si la crisis impacta en Europa, que siempre ha vivido con muchos recursos, en los países del Tercer Mundo es terrible

 

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