La vida de Pi

9 Ene

Isabel Gómez Acebo

foto-la-vida-de-pi-5-351Tenía que ser indio el protagonista de esta historia que rezuma espiritualidad y gira en torno a la creencia en Dios, el Dios panteísta de ninguna religión sino de todas juntas, que está presente en todos los planos de la película. Pero es al final, cuando faltan cinco minutos y los espectadores están ya cansados, que nos llega una confesión que nos obliga a releer de nuevo lo que hemos visto porque descubrimos, que la trama es un viaje al interior del protagonista o al interior de cada uno de sus espectadores, que salimos de la sala calados hasta los huesos… pero sonrientes y confirmados en la apuesta de la existencia de Dios.

Como colofón de las fiestas decidimos llevar a los nietos al cine y la película escogida fue La vida de Pi. Reconozco que me daba pereza el argumento de un tigre encerrado en una pequeña barca con un joven naufrago, porque tenía la impresión que no había materia para dos horas, que era la longitud anunciada. Estaba equivocada porque salimos de la proyección, cada uno a su manera, declarando que, a pesar de la excesiva longitud de la cinta, habíamos disfrutado.

La película es una adaptación al cine de la novela de Yann Martens que el director Ang Lee convierte en poesía pura. Y lo hace en dos actos con un epílogo, corto pero magistral. Los primeros 60 minutos nos introducen en la vida feliz de un joven indio cuyo padre es dueño de un zoo, una vida que en la pantalla viene acompañada de la belleza descrita con maravillosos colores. En la segunda parte, la familia emigra a Canadá con sus animales en un carguero japonés que naufraga en el Pacífico y quedan como únicos supervivientes un inmenso tigre y Pi, el joven indio, con nombre matemático. Aparte de los lances que se describen la fotografía es excepcional, los paisajes extraños y exóticos, y tanto en los momentos de violencia como en los de poesía, nos asoman a lugares de nuestro planeta que parecen inventados por lo bellos.

Tenía que ser indio el protagonista de esta historia que rezuma espiritualidad y gira en torno a la creencia en Dios, el Dios panteísta de ninguna religión sino de todas juntas, que está presente en todos los planos de la película. Pero es al final, cuando faltan cinco minutos y los espectadores están ya cansados, que nos llega una confesión que nos obliga a releer de nuevo lo que hemos visto porque descubrimos, que la trama es un viaje al interior del protagonista o al interior de cada uno de sus espectadores, que salimos de la sala calados hasta los huesos… pero sonrientes y confirmados en la apuesta de la existencia de Dios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s