Le hablaron de ella

8 Nov

Reflexión de Magdalena Bennasar sobre “La suegra de Pedro”

“Le hablaron de ella, porque sabían que para él ella, ellas eran importantes, formaban parte de su proyecto y de su familia.”

Me sorprende de ese texto su tono de inmediatez. Jesús tiene una tarea y no pierde el tiempo. Va “derecho”de la sinagoga a la casa. De la sinagoga donde hay demonios o espíritus impuros _texto anterior a nuestro relato (Mc 1,29-31)_ Jesús se dirige a la casa (oikia), espacio normal de la comunidad cristiana, donde no hay posesos, pero sí otro tipo de situación, no superada todavía hoy.

En esta casa hay una mujer postrada. ¿Conoces alguna mujer postrada en alguna comunidad cristiana? Jesús viene de la sinagoga donde ha liberado a un poseso, liberación que la sinagoga y sus dirigentes no pudieron realizar, y sí puede realizar Jesús, a pesar y aunque fuera sábado.

Marcoc nos va preparando el terreno, el Judaísmo ha perdido fuerza, es la persona de Jesús quien tiene la fuerza de acabar con los espíritus-fantasmas-sombras. A Jesús que acababa de cargarse la normativa judía por realizar una curación en sábado, …a ese Jesús que proyectando algo de nuestros sentimientos actuales podríamos imaginarlo un poco nervioso por cómo se lo tomarían “ellos”, los jerarcas judíos, a ese Jesús le hablaron de “ella”y él fue inmediatamente.

Y entra en la casa, que posiblemente era de ella _según nos cuentan los estudios de última hora_ y no de Simón, a quien por cierto se le llama por su nombre, en contraposición a la mujer mantenida en el anonimato. Y no sólo entra en la casa sino en la habitación interior donde yace una mujer postrada. En la casa lugar de la comunidad cristiana hay una mujer sin nombre, conocida como “la suegra de”, postrada.

Le hablaron de ella, porque sabían que para él ella, ellas eran importantes, formaban parte de su proyecto y de su familia. Le hablaron de ella porque tenía fiebre. Una fiebre que la mantenía postrada. Las mujeres somatizamos la injusticia, la insensibilidad, la falta de consideración y de dignidad.

Ella estaba vencida por la situación patriarcal, también dentro de la casa comunidad, porque donde no está la persona-presencia de Jesús sin interferencias religiosas, culturales, patriarcales, sigue la fiebre que deja postradas a muchas de ellas.

El se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Todo, todito prohibido. Se acerca a una mujer que no es la suya, la toca…creo que en este momento la fiebre se le debió subir a los líderes judíos. Eso que ha perdido el cristianismo de fresco, cercano, cariñoso y hasta tierno, eso lo aporta Jesús.

El no le dice ¿qué haces ahí postrada, no seas vaga, venga que hay mucho por hacer…¡No! El se le acerca, rompe distancias, quita miedos y fantasmas y con la herramienta del mejor pedagogo: el cariño, la levanta de la postración y el gesto para la mujer es como que ha despertado a una vida nueva, diferente.

Recuerdo participar bastantes veces en una Eucaristía de gente de color, en SanFrancisco de California. Solía ir con un grupo de jóvenes adultos americanos que nos reuníamos semanalmente en un grupo de oración y compartir. Entre ellos, un brillante abogado que había sido amenazado de muerte varias veces por defender gratuitamente a gente pobre y ganar el caso repetidamente.

Íbamos a esa Eucaristía porque había cariño. En la puerta de la iglesia, los del ministerio de hospitalidad saludaban a la gente, pero es que en esta iglesia, cada domingo había una señora grande, hermosa, que a cada persona que entraba le daba un abrazo y una sonrisa y un buenos días cariño, ¿cómo estás hoy?…y luego entraba el coro vestidos con túnicas preciosas, llenas de color y vida y sonriendo a toda la gente nos envolvían en el ritmo de sus cantos “sentidos”…había cariño, del principio al final.

En la homilía no se dormía nadie, porque literalmente el sacerdote sacaba lo mejor de sí para comunicar a una gente que le entendiera, era un pelirrojo que predicaba como un negro, les quería…y aquella liturgia “levantaba” tanto que el grupo de blanquitos profesionales, gastaba su domingo por la mañana para vibrar con el calor de una comunidad que contagiaba y así levantaba del desánimo, depresión, aburrimiento, dolor, sin sentido.

Y sí, todos y todas hacíamos cola al entrar para que nos tocara la señora de los abrazos, porque no era igual la misa, la vida, sin el abrazo de acogida, de ánimo y de contagio de ruah. Esa señora negra, o esa suegra anónima, se pusieron a servir, a servir cariño, presencia, palabra, diaconía.

La gente que ha estado con Jesús tiene algo que atrae. Tiene espíritu de bondad porque andan sin fiebre, porque la fiebre le dejó a la suegra, y a mí y a tí, y a la señora negra de aquella parroquia cuyo nombre era de San Pablo naufragado; voy en serio, es verdad, cuando él le quitó la losa patriarcal y ella se pone en camino, en servicio de reino.

El ministerio del cariño, está por desarrollar, pero muchas lo viven. ¡Gracias hermanas!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s