Rajab: dialogando con el enemigo

28 Sep

Antje Röckermann

Rajab da el primer paso. Esconde a los hombres en lugar de entregarlos a su rey. No acepta que estos hombres tengan que ser enemigos suyos.  Esta es la primera condición para que pueda surgir una conversación, un diálogo: considerar a los otros como iguales en lugar de cómo a enemigos. Rajab también da el segundo paso: ella se ha informado. Conoce el acontecimiento central de la historia de los israelitas, la acción liberadora de Dios en la salida de Egipto. Un tercer elemento es el contrato que se cierra entre ambas partes. Así como ella ha actuado humanitariamente con los hombres, espera que también ellos obren humanitariamente con ella y con su familia y su casa. Dependen mutuamente los unos de los otros. El hecho de que se trate de cuestiones existenciales, aquí se trata de la supervivencia, lleva a los “enemigos”, a los “extraños” al diálogo.

El libro de Josué habla de Rajab, Relata la toma militar del País de Canaán. Ya en el capítulo segundo, con los relatos de la conquista de la zona occidental del Jordán, aparece Rajab. Dos espías, de nombre desconocido, se encuentran con una mujer cananea. Su nombre se traduce por lo general por prostituta. En contra de esta traducción argumenta Hannelis Schulte: “LA palabra “zonah” en el A.T., no significa prostituta, sino que califica a la mujer que vive independiente, la que decide libremente sobre sus relaciones con los hombres”.

También es significativa la situación de su casa, “la casa donde vivía estaba pegando a la muralla” (Jos 2, 15). Se supone que tenía una bar, al mismo tiempo que su vivienda en la muralla de la ciudad puede indicar que era una intrusa social. El rey de la ciudad tiene noticias de lo que está pasando y exige a Rajab que entregue a los espías enemigos. Rajab niega la presencia de los hombres y da a su propia gente una pista falsa. Ha escondido a los dos israelitas. Opta por un juego peligroso, ya que si su mentira hubiera sido descubierta, si hubieran registrado su casa, si se hubiera descubierto su mentira, hubiera sido declarada traidora a la patria.

La continuación del relato, su momento cumbre, aclaran el por qué Rajab ha actuado de esta manera. Ella es conocedora del “día de la liberación” de Egipto por Dios, del pueblo de Israel y perteneciendo a un pueblo extranjero reconoce al Dios de Israel.

Nada une a Rajab, una mujer de ciudad y enemiga,  y los espías, israelitas, soldados, hombres. Nada los uno y sin embargo hablan y se comunican. ¿cómo se llega a esta situación?

Rajab da el primer paso. Esconde a los hombres en lugar de entregarlos a su rey. No acepta que estos hombres tengan que ser enemigos suyos.  Esta es la primera condición para que pueda surgir una conversación, un diálogo: considerar a los otros como iguales en lugar de cómo a enemigos. Rajab también da el segundo paso: ella se ha informado. Conoce el acontecimiento central de la historia de los israelitas, la acción liberadora de Dios en la salida de Egipto. Un tercer elemento es el contrato que se cierra entre ambas partes. Así como ella ha actuado humanitariamente con los hombres, espera que también ellos obren humanitariamente con ella y con su familia y su casa. Dependen mutuamente los unos de los otros. El hecho de que se trate de cuestiones existenciales, aquí se trata de la supervivencia, lleva a los “enemigos”, a los “extraños” al diálogo.

Bärbel Krah acentúa en su predicación de forma muy especial el carácter interreligioso del encuentro. Se refiere a la fe canaítica. Jericó (traducido luna) era la ciudad del culto a la luna en la que se daba culto a la Gran Madre. Rajab se considera como una mujer que abandona su propia fe, fascinada por una fe ajena a ella en cuyo centro está la liberación de Dios. “De esta manera Rajab entreteje dos mundos, dos creencias. Rajab busca la vida, busca la diosa/dios de la vida, busca y actúa arriesgando”. Sitúa esta imagen de Rajab junto a otra que, partiendo del significado de su propio nombre “anchura-largura” y de su morada en la muralla de la ciudad, en la que frontera, ve a Rajab como una mujer políticamente bien informada, con amplias relaciones internacionales, una mujer económicamente independiente y acostumbrada a decidir por sí misma sobre su familia.

Ulrike Eichler interpreta el lugar de su residencia de forma distinta y ve en Rajab una excluida que vive en la periferia, en los márgenes, alejada del poder con una influencia muy limitada. Alguien que está fuera de juego. Este vivir en la frontera posibilita por otra parte lo que no es posible ne el centro del poder “el encuentro con los de fuera. La muralla es un lugar en el que se concibe la idea de que tal vez a situación sin salida de lapropia realidad personal y política no es algo absoluto, sino que hay posibilidades distintas fuera de las propias fronteras”. Jos 6, 22-25 encierran un interés notorio: Rajab es llevada a vivir en las afueras del campamento (v 23) y al mismo tiempo se dice que habitó “en medio” de Israel (v 25). Eichler propone la interpretación de “que la existencia en medio de Israel; que Israel se hace Israel en tanto en cuento hace de la visión de la extranjera una visión propia.”

La actuación de Rajab, fuera por desesperación o por visión política, es decisiva para la continuidad de la historia de Israel. Es digno de notarse que en los textos aparece ella sola, no se nombra a ningún marido, ni siquiera israelita. Una tradición –no muy significativa por otra parte- judía une la historia de Rajab con la de Rut y ve en los espías a Fares y Zará, los hijos de Tamar. Y la cinta roja que dan a Rajab para que señale su casa, se identifica con la cinta roja que la comadrona puso en el brazo al primogénito de Tamar durante el parto.

Mientras la Biblia ve a Rajab sin casarse, mateo habla de un matrimonio y de un hijo, ¿cómo? No encuentro respuesta a esta cuestión, así como considero extrañísimo que Rajab sea citada en las cartas del Nuevo Testamento.

Extractado de un texto de Antje Röckerman: “Espiritualidad Bíblica y Mujeres fuertes”, en P. de Miguel (ed.) (2006): Espiritualidad y fortaleza femeninia. Bilbao, Desclée De Brouwer.

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