“Crecer es necesitar menos cada día”

28 Ago

Nelsa Curbelo, mediadora en conflictos en Latinoamérica; honoris causa por la Ramon Llull. También está propuesta para el Nobel de la Paz 

“Tengo 70 años: ¡todos míos! Fui monja y teóloga y soy católica”     

(La Vanguardia) Estoy contenta: vengo de una boda indígena en  Guayaquil preciosa. Pero lo mejor fue que, cuando el cura preguntó a la novia si  aceptaba como marido al novio, ella dijo “no”. Bien alto. En quechua.

… Le volvió a preguntar en español y ella repitió  “no”. Y explicó que el novio le había pegado una vez y, si no le pedía perdón  ante todos y juraba enmendarse, no se casaría.

¡Bien por la novia! Ecuador, con todos sus problemas, nos  da hoy alegrías; y toda Latinoamérica: ¿sabe que la delincuencia juvenil en mi  barrio de Guayaquil ha descendido un 60 por ciento?

Magnífico. Hace unos años, cuando venían a visitarnos a  Guayaquil, escondíamos la ciudad con vergüenza, hoy la enseñamos con  orgullo.

Ecuador: recuerdo malas carreteras. ¡Hoy ya son buenas!  Parte del dinero del petróleo ha sido bien invertido en infraestructuras.  Vivimos sobre todo del petróleo –aunque la mayor parte hasta ahora se lo  repartía la oligarquía– y de los inmigrantes.

Muchos de ellos en España. Ahora están volviendo también  poco a poco y espero que aprovechen el nuevo crecimiento de Ecuador y toda  América Latina.

¿Por qué prosperan ustedes? Porque nos hemos olvidado de  las grandes ideologías y nos hemos vuelto todos más pragmáticos: tanto la que  fue izquierda revolucionaria, como la derecha autoritaria.

¿Por qué? Puedo explicarlo, porque como mediadora de  conflictos en el Servicio Paz y Justicia, he vivido el proceso. Medié entre  asesinatos, extorsiones y terror con Sendero Luminoso; las FARC colombianas y  los tupamaros en mi país, Uruguay, y conocí bien el de Alfaro Vives, más  pequeño, en Ecuador…

Algunas utopías las carga el diablo. Esas guerrillas no  las fundaron los pobres sino cierta clase media con formación intelectual,  indignada ante la injusticia frente a una derecha cerril. Con los años, la  realidad se impuso en el análisis de esos líderes y se fueron dando cuenta de  que las armas eran parte del problema y no de la solución.

¿Todos? Todos los que habían llegado a los movimientos  revolucionarios con afán de justicia y de progreso. Por eso, pactaron programas  de mínimos: unos pocos puntos en que todos pudiéramos estar de acuerdo y todos  cediéramos sin renunciar a la soberanía.

El caso paradigmático es Lula. Gran estadista de orígenes  revolucionarios.Como José Alberto Mújica, presidente de mi Uruguay, ex  guerrillero tupamaro encarcelado y torturado y que hoy es reformista.

También en otros países se progresa. Pasito a pasito,  Perú y Ecuador han seguido a su modo la senda brasileña. Y Chile hasta hace poco  con la presidenta Bachelet, también encarcelada por la dictadura, o Argentina,  donde, pese a todo, se avanza. Lo mejor es que también la derecha se acerca a la  realidad y ha reconocido injusticias.

Por ejemplo… El alcalde de Guayaquil es de derechas y,  en cambio, su programa para integrar a los minusválidos es ejemplar. Antes, los  indígenas debían sentarse detrás en los autobuses y no osaban dar la mano a un  blanco si no era enfundada en el poncho. Pero, poco a poco, se van integrando.  Se progresa.

¿Superado el póster del Che? Excepto para una minoría  residual en extinción que empezó pidiendo la reforma agraria y han acabado  convirtiendo la guerrilla justiciera en delincuencia y narcotráfico, como las  FARC colombianas.

Sudamérica: postideológica y próspera. Es que lo de las  izquierdas y derechas es un concepto rectilíneo, desfasado. En realidad, el  mundo es redondo y las buenas políticas de izquierda o derecha acaban tocándose  en los extremos.

Las malas, también. Los buenos políticos –me da igual si  les llama izquierdas o derechas– construyen convivencia; cimientan la  ciudadanía; fomentan consensos. En cambio, los malos políticos nos enfrentan y  nos aislan del resto del mundo: las fronteras sólo son rayas imaginarias en el  cerebro de esos malos líderes.

¿La Teología de la Liberación persiste? Se transforma,  escindida en dos. Por un lado, quienes se han quedado yo diría que estancados en  la ortodoxia del rito; enclaustrados en la Iglesia y por otro los que han  seguido evolucionando con la gente y la historia.

¿Quedó atrás el cura guerrillero? Claro, porque ese grupo  que sigue avanzando abierto al mundo también ha abrazado el nuevo pragmatismo y,  además, ha incorporado a la mujer al centro de su vivencia espiritual y también  a la comunión con la naturaleza y la defensa del medio ambiente.

¿Teología pacífica, verde y feminista? Y además con otra  línea muy interesante: la liberación ya no es sólo social, sino también  interior. En ese sentido, han entroncado con el budismo y otras religiones  orientales.

Al cabo, América es orilla de Asia. Practican la  meditación, la introspección: “Para mejorar el mundo, empieza por ti mismo”. Son  eclécticos: la Iglesia Católica es su familia, pero no su única familia.

¿Es una teología desarrollista? Queremos prosperar, pero  no al modo consumista de ustedes. Tenemos nuestro propio modelo de desarrollo  justo y armónico con la naturaleza: sabemos que crecer es necesitar menos cada  día.

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