Mary Ward, una mujer íntegra

26 Ago

Ana Gimeno

“Hasta ahora, los hombres nos han dicho lo que nosotras debíamos creer. Es verdad que nosotras debemos creer lo que nos dicen; pero permítasenos no ser tontas, y saber lo que nosotras debemos creer, sin aceptar bobamente que las mujeres no podemos llevar a cabo nada grande. Yo espero en Dios que en el futuro se han de ver mujeres realizando grandes cosas. ¿Qué fruto obtendréis oyendo “no sois más que mujeres”, débiles, ineptas y que vuestro fervor decaerá? Intentan deprimiros, negándonos la esperanza de perfección. No existe diferencia entre hombres y mujeres, ninguna pierde el fervor por el hecho de ser mujer, sino por ser mujer imperfecta buscando la mentira en lugar de amar la verdad.” Mary cree en la igualdad de la mujer. Anima a las hermanas a buscar los medios para superarse.

(Dones Esglesia) Mary Ward nació en York (Inglaterra) en el 1585, en el seno de una familia católica, que sufrió las consecuencias de la persecución por parte de los anglicanos. En la Inglaterra de esta época, no se podía imaginar la coexistencia pacífica entre católicos y protestantes. Es, además, un tiempo de intensas y violentas luchas internas que se libran por motivos políticos y religiosos.

En este ambiente Mary fue percibiendo la llamada de Dios a la vida religiosa; su deseoera “pertenecer enteramente a Dios” (To be wholly God’s). En aquella época no era posible entrar en una orden religiosa en Inglaterra. Mary tuvoque abandonar su país para realizar su deseo. Aconsejada por un jesuita, entró como lega en el convento de clarisas pobres de Saint-Omer (1606). Esta ciudad pertenecía a los Países Bajos.

Durante tres años el Espíritu va llevando a Mary Ward por caminos diferentes a la vida de clausura: Dios le pide “algo distinto”. Regresó a Londres en octubre de 1609, y permaneció allí unos meses, en los que se dedicó a ayudar a otras personas. En este tiempo, tuvo una experiencia mística en la que percibió que realizaría “un proyecto” con el que daría mucha gloria a Dios.

A comienzos de 1610 vuelve a Saint-Omer con las primeras compañeras, con las quefundará el nuevo Instituto que será sin clausura, apostólico y tendrá espiritualidad ignaciana (1611). Las tres virtudes que dan vigor a esta vocación son la veracidad, la justicia y la libertad (1615).

En 1612, Mary elabora un primer plan para el nuevo Instituto: Schola Beatae Mariae. Desde el comienzo del documento, se pone de manifiesto la necesidad de ayudar a Inglaterra y la posibilidad del apostolado de la mujer en este campo, dadas las condiciones, “las mujeres deben y pueden aportar algo más que lo corriente en relación con esta necesidad espiritual general. Debemos esforzarnos según nuestra pequeñez en dar al prójimo servicios de caridad cristiana que no pueden desempeñarse en la vida monástica.”

Mary y sus compañeras tendrán muchos problemas para llevar adelante este proyecto. Uno de los impedimentos más fuerte era que los decretos del concilio de Trento obligaban a las religiosas a permanecer en la clausura.

En otoño de 1617, Mary regresaba de Londres a Saint-Omer. Encontró a las hermanas con cierta inquietud por los comentarios del padre Michael Freeman, jesuita del colegio inglés de Saint-Omer. Se permitió afirmar en tono despectivo refiriéndose a las hermanas: “Su fervor decaerá, pues al fin y al cabo no son más que mujeres”. La respuesta de Mary no se hizo esperar:

Hasta ahora, los hombres nos han dicho lo que nosotras debíamos creer. Es verdad que nosotras debemos creer lo que nos dicen; pero permítasenos no ser tontas, y saber lo que nosotras debemos creer, sin aceptar bobamente que las mujeres no podemos llevar a cabo nada grande. Yo espero en Dios que en el futuro se han de ver mujeres realizando grandes cosas. ¿Qué fruto obtendréis oyendo “no sois más que mujeres”, débiles, ineptas y que vuestro fervor decaerá? Intentan deprimiros, negándoos la esperanza de perfección. No existe diferencia entre hombres y mujeres, ninguna pierde el fervor por el hecho de ser mujer, sino por ser mujer imperfecta buscando la mentira en lugar de amar la verdad.” Mary cree en la igualdad de la mujer. Anima a las hermanas a buscar los medios para superarse.

El 13 de enero 1631, el Instituto fue suprimido por la Bula Pastoralis Romani Pontificis de Urbano VIII y en febrero de 1631, el Santo Oficio encarceló a Mary en el convento de las clarisas de Anger, en Munich, con la acusación de herejía. Se encontraba gravemente enferma pero tuvo fuerzas para dejar su testamento a las hermanas:

Os pido coraje y confianza en Dios. Esté yo viva o muerta, perdonad a mis adversarios, rogad por ellos de corazón, sin rencor.

Aunque un decreto del Santo Oficio, de 1632, declaró a Mary Ward y a sus compañeras libres de herejía, esa sombra permaneció durante años sobre el Instituto.

La experiencia de Mary Ward está llena de valentía; su vocación es una respuesta de fidelidad a lo que consideró la voluntad de Dios para su vida. En aquella época era impensable que las mujeres pudieran realizar apostolado directo (si no era bajo la tutela de los hombres) y menos aún, servir a la Iglesia en situaciones de frontera.

Mary Ward murió en York, el 30 de enero de 1645. Su obra, por razones históricas, está presente actualmente en la Congregación de Jesús, en 23 países, y en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, en 24 países.

Ana Gimeno

Teóloga religiosa de la Congregación de Jesús

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