El Feminismo Islámico y Dos Discursos sobre la Mujer Musulmana

18 Ago

 . Nurain Magazine

Siempre que se habla de la mujer en el Islam, se hace desde dos discursos opuestos predominantes:

a.- Aquel manejado por la corriente “mainstream” o predominante dentro del Islam, al cual yo llamo de “Idealización de la Desigualdad”, que sostiene que el Corán elevó a la mujer desde una condición de objeto en la sociedad árabe pre-islámica.

b.- El discurso occidental o de “Demonización” que sostiene que el Islam es el culpable de la opresión de la mujer y que la única manera de terminar con eso es que ella abandone la religión.

“El Feminismo Islámico rechaza los dos discursos anteriores por considerarlos hegemónicos y manipulados y además porque no incluyen a las mujeres musulmanas como sujetos activos y plantea una tercera posición, que pone como centro a la mujer musulmana y a su capacidad de explicar por sí misma su experiencia espiritual y buscar su lugar en el mundo. Este movimiento de reforma reivindica el papel de las mujeres en Islam, aboga por la igualdad completa de todos los musulmanes, sin importar el sexo o género, tanto en la vida pública, como en la vida privada y por la justicia social, teniendo como base el Corán.”

Siempre que se habla de la mujer en el Islam, se hace desde dos discursos opuestos predominantes:

a.- Aquel manejado por la corriente “mainstream” o predominante dentro del Islam, al cual yo llamo de “Idealización de la Desigualdad”, que sostiene que el Corán elevó a la mujer desde una condición de objeto en la sociedad árabe pre-islámica, en la cual algunas tribus a las niñas las enterraban vivas y las mujeres no tenían ningún derecho, a un estado de total igualdad y reconocimiento de sus derechos como parte de la sociedad, bastándose a sí mismo para garantizar los derechos de la mujer. Esto es cierto, la revelación del Corán al Profeta Muhammad rompe los esquemas sociales y mentales de las sociedades tribales árabes de la época con respecto al papel de la mujer: le reconoció equidad sociológica y la nombró de manera específica en los textos sagrados, le reconoce el derecho al divorcio, a trabajar, tener y disfrutar de su dinero, a opinar y participar en el gobierno de la comunidad, a la manutención de sus hijos en caso de divorcio y a la sexualidad activa, entre otros. De acuerdo a esta postura, el feminismo no tiene nada que ver con el Islam y es un elemento espurio y contaminante de la doctrina. Sin embargo, este discurso no explica porqué la situación real de la mujer en los países islámicos es tan diferente de la realidad, ni tampoco aporta soluciones concretas a los problemas de desigualdad y violencia en los que el patriarcado mantiene sometidas a muchas mujeres musulmanas hoy en día.

b.- El discurso occidental o de “Demonización” que sostiene que el Islam es el culpable de la opresión de la mujer y que la única manera de terminar con eso es que ella abandone la religión. Esta postura, promovida con especial entusiasmo después del 9-11, considera a la religión un obstáculo en el acceso de las mujeres al goce y ejercicio de sus derechos. Para esta corriente, sólo un feminismo secular, blanco y de origen occidental, es capaz de brindar las herramientas necesarias para su liberación y empoderamiento. Esta aproximación al tema de la mujer en el Islam, no explica como una mujer puede abandonar su religión, en tanto elemento de su identidad particular, sin ser forzada a ello -lo cual implicaría ejercer cierto grado de violencia- ni tampoco brinda soluciones en el caso de aquellas mujeres que no se identifican con el discurso feminista predominante euro-céntrico-occidental.

Esta dicotomía, en la cual pierden su voz las mujeres, está basada en una diferencia de enfoques. Ambos discursos tienen su origen en el patriarcado que supone, en el primero, que las mujeres no necesitan voz propia porque “El Corán ya lo dijo todo” o en el segundo, que alguien más debe venir a decirles como definirse a sí mismas ya que “Como están oprimidas, no son capaces y hay que liberarlas”. Estos dos discursos se alimentan uno al otro. ya que si uno define el Islam como la suma de actitudes y comportamientos de la mayor parte de los musulmanes en sociedades islámicas (que son –como muchas otras sociedades a lo largo del mundo– sociedades patriarcales), entonces es correcto decir que el Islam discrimina a las mujeres, tratando de impedir sus derechos y libertades. Pero esta visión no es correcta si el Islam es entendido como “un conjunto de enseñanzas morales y rituales revelados para traer bendiciones a toda la humanidad, incluídas las mujeres” (Lily Zakiyah Munir).

Ninguno de las dos posturas considera a las mujeres musulmanas como sujetos capaces de elaborar un discurso de emancipación por si mismas, en tanto sujetos de enunciación de sus propias identidades. En ambos, el tema de la mujer en el Islam y las mujeres musulmanas, son usados para mantener la hegemonía patriarcal, expresada en control social o colonialismo político-cultural, según si el discurso es de “Idealización” o “Demonización”, respectivamente.

El Feminismo Islámico rechaza los dos discursos anteriores por considerarlos hegemónicos y manipulados y además porque no incluyen a las mujeres musulmanas como sujetos activos y plantea una tercera posición, que pone como centro a la mujer musulmana y a su capacidad de explicar por sí misma su experiencia espiritual y buscar su lugar en el mundo. Este movimiento de reforma reivindica el papel de las mujeres en Islam, aboga por la igualdad completa de todos los musulmanes, sin importar el sexo o género, tanto en la vida pública, como en la vida privada y por la justicia social, teniendo como base el Corán.

Es releyendo los textos originales y revalorizando todos los datos históricos que algunas mujeres y hombres se dieron cuenta de que nada en el Islam justifica esta situación impuesta a la mujer. La mayoría de las interpretaciones del Islam no son ni manifestaciones de la voluntad divina ni de un sistema social completamente definitivo, sino más bien construcciones humanas, que se plasmaron con el tiempo, en los ‘’pilares’’ sagrados de un pensamiento islámico completamente cerrado y que privilegia la hegemonía masculina, tanto en la credibilidad con respecto a la interpretación de los textos como en la vida social musulmana.

Según Margot Badrán, los conceptos centrales de este movimiento son la equidad de género y la justicia social:
“El Islam es la única de las tres religiones del Libro, que ha incluído la idea fundamental de la igualdad del hombres y de la mujer (ambos considerados seres humanos o Insan) y esto incluye los derechos de la mujer y la justicia social. Es una mensaje que ha sido pervertido… no deja de ser paradójico que la única religión que ha registrado el reconocimiento de la igualdad de sexos es actualmente considerada la más machista de todas. Los machos musulmanes, a un nivel social o familiar y los oponentes del Islam tienen un interés común: perpetuar, por diferentes razones, tal ficción patriarcal del Islam”.

El Feminismo Islámico surge entonces como un movimiento reformista basado en el Corán y centrado en dos ejes: Por un lado, propone un ejercicio de desconstrucción, a través de la exégesis y la hermenéutica de los textos sagrados y doctrinarios, de aquellas interpretaciones patriarcales, en pos de una mejora de la situación de las mujeres, por una razón de justicia de género y a favor del sentido original de las revelaciones, en contraste con la práctica social. Por otro, promueve el fin de los estereotipos asociados al Islam en general y a la mujer musulmana en particular; esto implica desarrollar el diálogo interreligioso y la interlocución con otros feminismos y, al mismo tiempo, abrir frentes de análisis y debate desde la perspectiva islámica de los temas que circulan en la opinión pública como desarrollo sostenible o derechos de las minorías LGBT.

 
 

Una respuesta to “El Feminismo Islámico y Dos Discursos sobre la Mujer Musulmana”

  1. Nasreen Amina 08/20/2012 a 09:35 #

    Gracias por reproducir mi artículo. Es una alegria ya que estoy suscrita a este blog por correo electrónico. Saludos y sigan en el buen trabajo.

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