Las mujeres involucradas en el mundo de excluidas y excluidos

17 Ago

María Van Doren, icm

“Primeramente reflexionamos cómo nosotras mujeres somos víctimas por excelencia de y en esta estructura de ‘paganismos’, de ‘exclusiones’, mucho más que el hombre. Estamos tan conformes con lo que pasa, evitando protestar y reaccionar porque queremos ser ‘buena gente’, porque ‘tenemos que aceptar el lugar que nos toca’ (un argumento por excelencia desde la institución eclesial y sus representantes), ‘siempre ha sido así y no debemos exagerar’… Y así, seguimos confortando y apoyando el sistema y las estructuras que nos oprimen, que nos ponen en un segundo nivel dentro de mi Iglesia. Por eso no apoyamos a las que luchan por nuestra igualdad, por eso no las queremos escuchar, por eso las eliminamos, porque tenemos miedo de cambiar nuestras estructuras de seguridad. ¡Excluidas! Lo elegimos, lo ayudamos, lo perpetuamos.

Las religiosas estamos involucradas en este mundo de excluidas, como víctimas de esta discriminación, pero también porque promovemos la exclusión de tantas personas que no nos agradan: extranjeros/as, pobres, de diferentes opiniones, sucios/as, segregados/as por el sistema de mi religión/iglesia/comunidad…

Primeramente reflexionamos cómo nosotras mujeres somos víctimas por excelencia de y en esta estructura de ‘paganismos’, de ‘exclusiones’, mucho más que el hombre. Estamos tan conformes con lo que pasa, evitando protestar y reaccionar porque queremos ser ‘buena gente’, porque ‘tenemos que aceptar el lugar que nos toca’ (un argumento por excelencia desde la institución eclesial y sus representantes), ‘siempre ha sido así y no debemos exagerar’… Y así, seguimos confortando y apoyando el sistema y las estructuras que nos oprimen, que nos ponen en un segundo nivel dentro de mi Iglesia. Por eso no apoyamos a las que luchan por nuestra igualdad, por eso no las queremos escuchar, por eso las eliminamos, porque tenemos miedo de cambiar nuestras estructuras de seguridad. ¡Excluidas! Lo elegimos, lo ayudamos, lo perpetuamos.

Así vemos que al mismo tiempo de ser excluidas, separamos igualmente al otro, y en especial a la otra… ¿creemos de verdad en nuestras compañeras, dudamos si son capaces de tomar el liderazgo, de enseñarnos, de ayudarnos?… ¿Las elegimos y defendemos por ser mujeres o las discriminamos? Y cuando tenemos el poder ¿abusamos contra las y los que están abajo de nuestra autoridad?…

Las religiosas estamos involucradas en este mundo de excluidas, como víctimas de esta discriminación, pero también porque promovemos la exclusión de tantas personas que no nos agradan: extranjeros/as, pobres, de diferentes opiniones, sucios/as, segregados/as por el sistema de mi religión/iglesia/comunidad…

Primeramente reflexionamos cómo nosotras mujeres somos víctimas por excelencia de y en esta estructura de ‘paganismos’, de ‘exclusiones’, mucho más que el hombre. Estamos tan conformes con lo que pasa, evitando protestar y reaccionar porque queremos ser ‘buena gente’, porque ‘tenemos que aceptar el lugar que nos toca’ (un argumento por excelencia desde la institución eclesial y sus representantes), ‘siempre ha sido así y no debemos exagerar’… Y así, seguimos confortando y apoyando el sistema y las estructuras que nos oprimen, que nos ponen en un segundo nivel dentro de mi Iglesia. Por eso no apoyamos a las que luchan por nuestra igualdad, por eso no las queremos escuchar, por eso las eliminamos, porque tenemos miedo de cambiar nuestras estructuras de seguridad. ¡Excluidas! Lo elegimos, lo ayudamos, lo perpetuamos.

Así vemos que al mismo tiempo de ser excluidas, separamos igualmente al otro, y en especial a la otra… ¿creemos de verdad en nuestras compañeras, dudamos si son capaces de tomar el liderazgo, de enseñarnos, de ayudarnos?… ¿Las elegimos y defendemos por ser mujeres o las discriminamos? Y cuando tenemos el poder ¿abusamos contra las y los que están abajo de nuestra autoridad?…

¿Cómo nos acercamos a los excluidas y excluidos en nuestro ambiente, cuando son lesbianas y homosexuales, porque no cumplen lo que decimos u ordenamos, porque son divorciados y no van a misa?… ¿Cuántos/as excluidos y excluidas tenemos en nuestra lista… cuántos/as creamos continuamente?…

El tema no tiene límite. He reflexionado mucho estos días, y espero que mis compañeras y compañeros religiosas y religiosos lo hagan con toda sinceridad: quienes son las/os (más) excluidos/as en nuestro mundo concreto, y qué hacemos. Cómo dejamos excluirnos nosotros/as mismos/as en la vida de cada día, en mi Iglesia, en mi liturgia, en las conferencias y enseñanzas… y qué hacemos.

Toma el Evangelio, y reflexiona sobre Jesús, el modelo absoluto y por excelencia del ‘ser humano’, porque Dios, madre/padre, nos hizo ‘seres humanos/as’, la primera y más importante obligación en este mundo; y por este Jesús somos ‘cristianos/as’ con una convicción mayor de tratar de realizar su proyecto de una sociedad más justa e igualitaria, con más paz y amor…; y saber que con nuestra opción libre de ser religiosas y religiosos, no somos automáticamente mejores, aunque sí de mayor compromiso y en construcción. ¡Aquí está el reto!

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