Entrevista a Victoria Camps

13 Ago

“El individualismo ha fomentado la codicia que ha provocado esta crisis”

“Una democracia de personas que sólo se preocupan de lo suyo es una contradicción”

“No hay que dar tregua a las actitudes que se ceban en la mentira, el engaño y la corrupción”

 

Entrevistada por Revista Miralls 27/06/2012, la filósofa catalana Victoria Camps se refiere a las consecuencias que provoca el individualismo exacerbado en la sociedad, explica por qué en España se tolera tanto la corrupción  y remarca la necesidad de que colectivamente se valoren “las conductas moralmente ejemplares y no sólo las materialmente exitosas” para construir una mejor sociedad.

 

Catedrática de Filosofía moral y política en la Universidad Autónoma de Barcelona y presidenta del Comité de Bioética de España, Camps es una de las filósofas más destacadas del panorama español.  Autora de numerosos libros como Creer en la educaciónHistoria de la ética o El gobierno de las emociones, es una referencia ineludible a la hora de abordar asuntos relacionados con la ética y la moral, esos dos grandes temas de la filosofía a lo largo de los siglos, y de su implicación en asuntos de la vida moderna.

– En alguna oportunidad ha señalado que “vivimos en una sociedad muy individualista que busca el éxito del placer y en la que no se piensa en los demás”. ¿Qué consecuencias termina acarreando, tanto para las personas como para la sociedad, esta manera de entender la vida?
– Para decirlo brevemente, lo que ocurre es que se pierde la noción del bien común y la sociedad se atomiza. El individualismo ante la crisis deriva en la indiferencia de los que no lo están pasando mal porque siguen teniendo trabajo e incluso se benefician con los intereses de la deuda. El individualismo, entre otras cosas, ha fomentado la codicia que ha provocado esta crisis. Una democracia de personas que sólo se preocupan de lo suyo es una contradicción.

– ¿Cómo transmitir valores sin caer en el moralismo y el sermoneo?
– Me temo que es difícil porque basta escuchar la palabra “moral” o “ética” para que pensemos que nos quieren moralizar. Pero ya decía Aristóteles que la mejor manera de enseñar la virtud es la práctica, es decir, el ejemplo. Y habría que añadir el reconocimiento social de las conductas moralmente ejemplares y no sólo de las materialmente exitosas.

– Cuando hay un exceso de racionalismo la crítica surge porque no deja lugar a las emociones. Actualmente, como usted ha señalado, nos domina el culto al emocionalismo. ¿A qué se debe esto? ¿Hay que echar mano del racionalismo para contrarrestarlo?
– Un poco sí. Ante la explosión del discurso emocional, hay que decir que las emociones no bastan para transformar el mundo. Puesto que somos a la vez sensibles y racionales, debe haber una conexión entre la reacción emotiva y la razón. Ésta nos dirá, por ejemplo, si el miedo que nos paraliza tiene una razón de ser adecuada o si la indignación que sentimos está justificada. Gobernar las emociones es aprender a conducirlas razonablemente. Dar rienda suelta a la emoción sin ningún control es poco inteligente, pero si no nos emocionamos ante lo que está mal, no reaccionamos y simplemente dejamos hacer.

– La corrupción en España parece un mal endémico. Usted ha dicho que la corrupción es “ilegal e inmoral” y que “el corrupto no se avergüenza porque no se identifica con la moral ni con la ley”. Quienes a pesar de todo votan o hacen la vista gorda ante los corruptos, ¿actúan así porque, en el fondo, tampoco se identifican del todo con la moral y la ley?
– Creo que la indiferencia ante la corrupción deriva del convencimiento de que es inevitable, que siempre habrá corruptos y que los hay en todos los partidos sin excepción. Como la realidad confirma esa suposición, es difícil persuadir de que puede no ser así y que es posible combatir la corrupción.

– ¿Cómo pretender transmitir valores positivos cuando vemos que políticos y empresarios mienten, tergiversan, corrompen y son corrompidos y anteponen la obtención de los beneficios propios al bien común?
– 
Insisto en que sin ejemplos es muy difícil. Por lo menos, no debe desfallecer la capacidad crítica. La democracia permite que el crimen y la impunidad se hagan visibles. No hay que dar tregua a las actitudes que se ceban en la mentira, el engaño y la corrupción. Los medios de comunicación son muy importantes y un instrumento imprescindible, pero lo estropean cuando ellos mismos se muestran sectarios y no informan con imparcialidad.

– ¿De qué forma pueden contribuir los medios de comunicación y las personas comunes a la transmisión de valores positivos y a la mejora de la sociedad?
– Los medios de comunicación, teniendo claro cuál es la información que necesitan los ciudadanos para saber de verdad a qué atenerse. Siendo rigurosos, veraces, contrastando las noticias, no buscando ante todo competir. Las personas del montón podemos contribuir trabajando bien cada cual en su ámbito. La gran mayoría lo hace. Lo malo es que sólo se conozca el trabajo mal hecho.

 Texto: Lucio Latorre
luciolatorre[arroba]hotmail.com
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