La confusión con otras Marías

5 Ago

Palabras con miel

“Se nota una tendencia a “fundir” las mujeres del evangelio en una sola. Esto ocurre porque depositan en la figura de una sola mujer, idealizada, todas las actitudes que se esperan de las mujeres: acogida, silencio, fidelidad, abnegación, etc.”

El nombre María es la traducción al griego y al latín del hebreo Miriam. Es el nombre de una de las mujeres más destacadas en la historia de Israel: Miriam, la profetisa, hermana de Moisés (Ex 2,1-10; 15, 20-21; Nm 12; 20,1).

Es comprensible que el nombre Miriam fuera muy popular en una época de exaltación nacionalista como la que se vivía en algunos grupos judíos del siglo I. Lo cierto es que en los evangelios, muy cercanas a Jesús, encontramos por lo menos cinco Marías: la madre de Jesús, María la de Cleofás (Jn. 19,25), María la madre de Santiago  y José (Mt. 27,56), María la hermana de Marta y Lázaro de Betania (Lc. 10,38-42), Jn. 11,1-44; 12,1-8) y María Magdalena. Para sumar confusión, Mt. 28,1, al narrar la mañana de la resurrección, nombra a “María Magdalena y la otra María”, de modo que si uno no tiene a la vista el texto completo no sabe que se trata de María la madre de Santiago y José que el evangelista  ya mencionó en 27,56.


Tanto en los evangelios apócrifos como en los comentaristas de los primeros siglos de la Iglesia, se nota una tendencia a “fundir” las mujeres del evangelio en una sola. Esto ocurre porque depositan en la figura de una sola mujer, idealizada, todas las actitudes que se esperan de las mujeres: acogida, silencio, fidelidad, abnegación, etc. Los exégetas de los primeros siglos diferencian entre estas mujeres en sus obras de estudio, pero en las obras pastorales o en la predicación no ponen el mismo cuidado. Encontramos incluso algún poema litúrgico en el cual la María que se encuentra con Jesús Resucitado en Jn. 20,11-18 no es María Magdalena sino la madre de Jesús.

En medio de esta tendencia a la fusión de mujeres, hay dos casos particularmente frecuentes.

Uno es la confusión  entre María, la hermana de Marta y Lázaro de Betania, y María Magdalena. Ambas fueron amigas íntimas de Jesús, de su círculo más estrecho. Jesús amaba a Marta, a su hermana (María) y a Lázaro(Jn 11,5), visitaba su casa con frecuencia, y María era una discípula que escuchaba la palabra del Maestro (Lc 10,38). María, la de Betania, y María Magdalena tienen en común esta cercanía y fidelidad hacia el Maestro y Amigo.

El otro caso es la confusión entre María, la de Betania, y la mujer pecadora, probablemente prostituta, sin nombre. ¿Por qué la confusión?

Durante una comida realizada en su casa de Betania, María unge los pies de Jesús (Jn 12). En una comida en casa del fariseo Simón una mujer pecadora unge los pies de Jesús (Lc 7,36-50). En ambos casos, las mujeres son criticadas por los comensales, pero Jesús las defiende y aprueba sus gestos de amor.

 EVANGELIOS APÓCRIFOS 

a) Evangelio de Pedro, griego, redactado en la segunda mitad del S. II, en Siria. Combina elementos de los evangelios canónicos con leyendas populares; tiene una clara tendencia anti-judía.

Ahora bien, al amanecer del día del Señor, María Magdalena, discípula (maqhtri/a) del Señor, que no había llevado a cabo en la tumba del Señor lo que acostumbran cumplir las mujeres con sus seres queridos difuntos porque estaba llena de miedo por la cólera con que ardían los judíos, trayendo con ella las amigas, vino a la tumba donde estaba puesto (XII.1)

b) Evangelio de Nicodemo, que incluye las Actas de Pilato, núcleo original en griego, de finales del S. I, ampliado en latín hata el S. X. Se basa en los evangelios canónicos y tiene un fin apologético.

(Juan le avisa a María, la madre de Jesús, que se están llevando a Jesús para crucificarlo).

Ella se levanta como ciega, y va a lo largo del camino llorando. Y las mujeres la siguen – Marta, y María Magdalena, y Salomé y otras vírgenes. Y también Juan iba con ella. (cap 10)

(José de Arimatea consigue permiso de Pilato para retirar el cuerpo y embalsamarlo).

Y fue con la madre de Dios y con María Magdalena y Salomé y Juan, y el resto de las mujeres, e hicieron lo que es costumbre hacer con el cuerpo, con lino blanco, y lo pusieron en la tumba.

La madre de Dios dijo, llorando:

– ¿Cómo no me  lamentaré por ti, hijo mío? ¿Cómo no voy a desgarrar mi rostro con mis uñas? Esto es, hijo mío, lo que el anciano Simeón me predijo cuando te llevé, infante de cuarenta días, al templo. Esta es la espada que ahora atraviesa mi alma. ¿Quién pondrá freno a mis lágrimas, mi dulce hijo?

María Magdalena dijo, llorando:

– Escuchen, pueblos, tribus y lenguas, y vean a qué muerte los judíos sin ley han llevado a aquel que hizo para ellos diez mil buenas obras. Escuchen, y queden asombrados. ¿Quién hará que estas cosas sean oídas por todo el mundo? Yo iré sola a Roma, al César. Yo le mostraré lo que el malvado Pilato ha hecho obedeciendo a los judíos sin ley. (Cap 11)

c) Carta de Tiberio a Pilato, latino, redacción final S. V

Tiberio acusa a Pilato de haber entregado a la muerte sin motivo a Jesús:

“Desde que esto ha llegado a mis oídos estoy sufriendo en el alma y siento que se desmenuzan mis entrañas, pues una mujer ha venido a mi presencia, la cual se dice discípula de él (es María Magdalena, de quien, según afirman, expulsó siete demonios), y atestigua que Jesús obraba portentosas curaciones, haciendo ver a los ciegos, andar a los paralíticos, oír a los sordos, limpiando a los leprosos y que todas estas curaciones las verificaba con su sola palabra.

 LITERATURA GNÓSTICA

a) Evangelio de Felipe ( mediados del S. II a mediados del S. III)

En cuanto a la sabiduría que es llamada la estéril, ella es madre de los ángeles. Y la compañera del salvador, María Magdalena. Cristo la amaba más que al resto de los discípulos y solía besarla en [la boca] a menudo. El resto de los discípulos se ofendieron por esto y lo manifestaron. Ellos dijeron:

– ¿Por qué la amas más que a nosotros?

El Salvador les contestó y les dijo:

– ¿Por qué no os amo como a ella? Cuando un hombre ciego y uno que ve están juntos en la oscuridad no son diferentes uno de otro. Cuando llega la luz, entonces el que ve, verá la luz y el que es ciego permanecerá en la oscuridad (nros. 63-64).

b) Evangelio de  Tomás, S. II

Simón Pedro les dijo:

– ¡Que María se aleje de nosotros!, porque las mujeres no son dignas de la vida.

Jesús dijo:

– Mira, yo me encargaré de hacerla varón, para que ella también sea un espíritu viviente, como ustedes los varones: porque toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo. (nro. 114)

c) Evangelio de  María,  texto copto del S. II

Pedro dijo a María:

– Hermana, sabemos que el Enseñador te amó distinguiéndote de las demás mujeres. Repítenos las palabras que te dijo, las que recuerdas y de las que nosotros no tenemos conocimiento.

María les dijo:

– Lo que no les ha sido dado oír, voy a anunciárselos. Tuve una visión del Enseñador y le dije: “Señor, te veo hoy en esta aparición”. El respondió: “Bienaventurada tú, que no te turbas al verme. Allí donde está el nous está el tesoro” (pág 10).

(…) Pedro añadió:

– ¿Es posible que el Enseñador haya conversado de ese modo con una mujer, acerca de secretos que nosotros ignoramos? ¿Habremos de cambiar nuestras costumbres y escuchar todos a esa mujer? ¿De veras la ha escogido y preferido a nosotros? (pág. 18)

d) Pistis Sofía

 ESCRITORES ECLESIÁSTICOS

a) San Agustín, (354-430)

“Según relata Juan, fue María Magdalena, sin duda en compañía de otras mujeres que habían servido al Señor, mucho más ferviente por su amor, hasta el punto de que Juan la menciona sólo a ella, silenciando a las que fueron con ella, como atestiguan los otros.”(Concordan­cia de los evangelios, III,69)

b) San Gregorio Magno,  (540-604)

Según la investigación de Carmen Bernabé, el primer autor que identifica a María Magdalena  con la pecadora de Lc 7,36-50 es Gregorio Magno, Papa, que vivió entre los. No sólo identifica a Ma­ría Magdalena con esta pecadora sino que también precisa que su pecado era un pecado sexual, sin dar ninguna justificación para una cosa ni para la otra. En el libro II de sus Homilías sobre los evangelios, en la homilía XXV,  comenta el encuentro de María Magdalena con Jesús Resucitado según lo relata Jn 20,11-18.

María Magdalena, la que había sido pecadora en la ciudad, amando la Verdad, lavó con lágrimas las manchas de sus pecados; y se cumple la palabra de la Verdad que dice: Le son perdonados muchos pecados porque ha amado mucho; pues ella, que antes, cuando pecaba, habíase mantenido fría, después, cuando amó, ardía en llama viva.

(..)

Entretanto, María estaba fuera llorando. En lo cual se debe conside­rar cuán grande sería el amor que ardía en el corazón de esta mujer, que no se apartaba del sepulcro del Señor aun después de haberse retirado los discípulos. Buscaba al que no hallaba, y buscándole, lloraba; e, inflamada en el fuego de su amor, ardía en deseos de encontrar al que creyó robado. De aquí resultó que al cabo le viera solamente ella, que había perseverado en buscarle; pues cierto es que la virtud o valor del bien obrar está en la perseverancia.

(…)

Tal vez alguno ha decaído en la fe: mire a Pedro, que lloró amargamente porque, tímido, negó. Otro ha sido cruelmente malo para con su prójimo: mire al ladrón, que en el mismo trance de la muerte, arre­pentido, alcanzó los premios de la vida. Otro, abrasado en la fiebre de la avaricia, arrebató lo ajeno: mire a Zaqueo, que, si quitó algo a otro, de­volvió el cuádruplo. Otro, inflamado en el ardor de la liviandad, perdió la pureza de la carne: mire a María, que con el fuego del amor divino redujo a cenizas el amor carnal.

Animo, que Dios omnipotente por doquiera nos pone a la vista a quiénes debemos imitar; doquiera nos muestra ejemplos de misericordia. Desagrádennos los males ya experimentados; Dios omnipotente se olvida gustoso que hemos sido malos.

c) San Beda el venerable, (673-735)

María Magdalena es aquella misma de quien dijo en el capítulo prece­dente, callando su nombre, que había hecho penitencia. Con toda oportu­nidad el Evangelista la da a conocer con este nombre, cuando dice que se­guía a Jesucristo; pero cuando la describe como pecadora (pero peni­tente), la llama solamentemujer; para no empañar un nombre de tanta fama con el recuerdo de los pasados extravíos, de quien se dice habían sa­lido siete demonios, significando que había tenido todos los vicios. (Exposición sobre el Evangelio de Lucas III, 265-275)

d) San Rábano Mauro, (776-856)

Este obispo escribió una obra titulada “Vida de Santa María Magdalena y su hermana Santa Marta. Sobre el apostolado de Santa María Magdalena en Provenza” (PL 112, 1474ss). (Vemos como continúa la confusión entre María Magdalena y María la hermana de Marta y Lázaro de Betania). Este texto tuvo gran difusión en la Edad Media y se usó como fuente para los santorales. Aquí se encuentra por primera vez la expresión “apóstol de los apostoles”, al recrear Jn 20,17:ascensionis suae eam ad apostolos instituir apostolam (Cap XXVII).

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