Santa María Magdalena, discípula, libre y anunciadora

21 Jul

22 de julio, fiesta de   Santa María Magdalena

“En ningún momento el evangelio dice de ella que fuera una prostituta. No conocemos el nombre  de la prostituta de Lc 7,36-50 ni tampoco de la adúltera que iban a lapidar de  Jn 8,1-11, y los evangelios no dan ningún elemento que permita identificar a ninguna de las dos con María Magdalena.” María Gloria Ladislao

En estos días en que a través de los medios de comunicación vuelven a circular tantas leyendas sobre María Magdalena, vale la pena recordarla tal cual el Evangelio nos la presenta.

Ella era una mujer judía del pueblo de Magdala (hoy Migdal) a orillas del lago de Galilea y fue parte de aquel primer grupo de varones y mujeres que formaron la comunidad de  Jesús:

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los servían con sus bienes. (Lc 8,1-3)

Las mujeres y los doce acompañan a Jesús en su tarea evangelizadora. Esto tal vez no nos resulta extraño hoy, en que varones y mujeres ejercemos diversos ministerios en la comunidad cristiana. Si nos ubicamos en la cultura del siglo I, tanto en el ámbito judío como en el grecorromano, resulta bastante llamativo que una mujer “descuide su casa” para seguir a un maestro itinerante. Jesús pasa por alto esta norma social, y por eso, en su comunidad hay mujeres que participan activamente. Ellas además son servidoras, generosamente, con los bienes y el servicio material que aportan para el sostenimiento de la comunidad.

En cuanto a la forma de identificar a las mujeres, esta identificación se daba habitualmente por el nombre del esposo o de los hijos. Así, en el evangelio encontramos por ej. a María de Cleofás (Jn 19,25), o a María la madre de Santiago y José (Mt 27,56). María es llamada Magdalena y esto es también insólito. Ella es identificada por su lugar de origen, como los varones (Jesús de Nazaret, José de Arimatea), y no por su relación con ningún varón ni con hijos. Si pensamos en una mujer que  ni está casada ni es madre,  y además emprende la aventura de salir con su Maestro por ciudades y pueblos anunciando el Reino de Dios, la imagen de María Magdalena aparece como la de una mujer que se entrega como discípula libre y totalmente.

¿Cómo entender la expresión de la que habían salido siete demonios? En primer lugar, descartemos toda referencia a la prostitución como muchos pretenden encontrar. Identificar siete demonios con prostitución no tiene ningún fundamento bíblico. ¿O acaso de  los posesos a los que Jesús libera algún teólogo ha dicho que eran prostitutos? Más bien, los evangelios muestran a los posesos como personas desequilibradas, que se hacen daño a sí mismas y pierden el control sobre sus actos, porque están dominadas por las fuerzas del mal (Mc 5,1-20; Mc 9,14-29). No más que esto podemos decir para entender los siete demonios de María Magdalena. El número siete nos habla de alguna situación realmente severa, no de algo trivial. De modo que María Magdalena es descripta como una mujer liberada del mal (mal que no hay por qué identificar con prostitución) y agradecida a su Salvador.

María Magdalena, junto con otras mujeres discípulas, siguió  a Jesús a Jerusalén y permaneció fiel hasta la cruz. Ella es nombrada en primer lugar dentro del grupo de mujeres que permanecen en el Calvario (Mc 15,40-41).

Y a ella antes que a nadie se apareció Jesucristo resucitado y la envió a dar la Buena Noticia (Jn 20,11-18). Con toda justicia la Iglesia de los primeros siglos reconoce en ella a la “apóstol de los apóstoles”.

Como ya quedó dicho, en ningún momento el evangelio dice de ella que fuera una prostituta. No conocemos el nombre  de la prostituta de Lc 7,36-50 ni tampoco de la adúltera que iban a lapidar de  Jn 8,1-11, y los evangelios no dan ningún elemento que permita identificar a ninguna de las dos con María Magdalena.

Recordemos a Santa María Magdalena por lo que ella fue, discípula y anunciadora, y que ella interceda para que también nosotros seamos discípulos del Maestro y anunciadores de la Buena Noticia de la Resurrección.

María Gloria Ladislao

La prof. María Gloria Ladislao es catequista y teóloga (UCA); laica, casada. Autora de Las mujeres en la Biblia (Ed. San Pablo) y Palabras y Pasos (Ed. Claretiana, 2004). Es redactora permanente de La Liturgia Cotidiana. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en Seminarios Catequísticos y en diversos centros de estudios bíblicos. Es directora del Espacio Bíblico Palabras con miel que funciona en el Santuario Jesús Misericordioso en la Ciudad de Buenos Aires.

 
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