Dalila y las otras mujeres (Jue 14-16)

6 Jul

Mercedes Navarro 

“En el texto aparecen, en efecto, tres estrategias androcéntricas de control patriarcal sobre las mujeres, sus cuerpos y su peligroso poder: la primera, la amenaza de agresión física, la segunda la recompensa y la tercera, más sutil, la división dicotómica entre mujeres buenas (la madre de Sansón), y mujeres malas (todas las demás). “
 Dalila es una de las mujeres de la saga de Sansón. En dicha saga encontramos otras tres. A primera vista parecen episodios simples y repetitivos y, sin embargo, están creados narrativamente con unas estrategias pensadas al milímetro entre las que destaca el arte de los huecos o vacíos del texto [7], las ambigüedades y los enigmas que pueblan las escenas. Son historias sutiles, complejas, de elaborada estructura literaria y teológica. En ellas puede verse toda la problemática del androcentrismo dentro del patriarcado. En los distintos episodios aparece el miedo masculino a la sexualidad de las mujeres a través de cuatro imágenes femeninas. Toda la saga plantea la necesidad de presentar a las mujeres poderosas, sus cuerpos y su sexualidad como peligrosas, a fin de apropiarse de ese poder con propósitos androcéntricos y de control. Parece una variación de motivos folclóricos sobre mujeres fatales para los hombres y las trampas del amor, y sin embargo los relatos contienen rupturas narrativas que permiten a lectoras y lectores decidir por sí mismos.

La primera mujer es la madre del héroe, presentada como esposa de aparente independencia ante su marido. Una mujer que controla la información del mensajero de Yahveh empeñado en hablar con ella, en lugar del marido, y hacerla a ela objeto de su revelación: la concepción del héroe y su futuro destino de juez. Ella, única presentada de forma positiva, es punto de partida, referencia y contrapunto de todas las demás: es madre y es buena; las otras tres no son madres y son malas. Es anónima, no se describe su contexto o problemática, de forma que queda reducida a su rol. Se trata, en frase de Cheryl Exum, de una mujer fragmentada, pues su historia es incompleta con el fin de que los oyentes y lectores puedan completarla fácilmente, es decir, en conformidad con los estereotipos, convenciones y supuestos.

Sansón se relaciona con tres mujeres. Se casa con una extranjera de Timná que pretende obtener de él información presionada por los filisteos bajo amenaza de prenderle fuego a ella y a su familia. Los hechos se precipitan en la misma ceremonia de la boda, una vez que ella ha conseguido su propósito. Utilizada por los mismos filisteos, su logro no consigue evitarle la muerte. A esta historia yuxtapone el narrador la relación de Sansón con una prostituta, utilizada nuevamente por los filisteos para hacerle caer en una emboscada. Ambos se salvan por muy poco. Y por último es narrada la relación de Dalila con el héroe, la única que consigue desvelar el secreto de la fuerza de Sansón, al que conduce a la muerte a la vez que mata a los filisteos, entre quienes posiblemente esté incluida la misma Dalila.

El narrador yuxtapone estas historias de manera que el lector las perciba a través de un mismo patrón evaluativo: las mujeres hacen las mismas cosas, todas son prostitutas, seducen sexualmente al héroe, pretenden traicionarlo… olvidando que la timnita era su mujer legal y que de Dalila no se dice en ningún lugar que sea prostituta. Olvidando, sobre todo, que dos de ellas mueren y la prostituta se salva de milagro. El héroe es un perdedor porque no responde a las claras divisiones ideológicas del texto: endogamia-exogamia, casa paterna-casa de mujeres, los propios-los otros, mujeres buenas-mujeres malas, etc. Las historias colocan a los personajes en las dos orillas de estas fronteras, en peligro y crisis continua, vinculando el sexo al conocimiento y al poder. Las únicas que tienen acceso a ese conocimiento poderoso y prohibido son la mujer timnita y Dalila, pero, parece decir el narrador, pagando por ello un elevado precio, el precio de sus vidas. La clave de los enigmas que recorren estas historias se encuentra en el término amor. Sansón y Dalila son presentados como una variación del motivo folclórico popular del miedo masculino a las mujeres.

Dalila es un personaje independiente, y actúa como una caza recompensas (posiblemente por ser independiente y para seguir siéndolo) sin engaño ni camuflajes mal llamados femeninos, sin esconder lo que pretende hacer con la información que obtenga. Dalila castra simbólicamente a Sansón, como indica el corte de los cabellos que, a su vez, debilita su potencia. Con Dalila Sansón pierde poder, información, potencia sexual, la vista y la vida. Es una lección para los hombres que, como Sansón, se prendan de extranjeras, pues cuando desvela su secreto, queda convertido simbólicamente en una mujer. Poder con cien hombres, no le libra de la humillación de no haber podido con una mujer. La conclusión no se hace esperar: las mujeres son poderosas y peligrosas. Lo que el texto no dice explícitamente es que esta peligrosidad de su poder sigue estando bajo el control de los hombres, pues los filisteos controlan a las mujeres que se atreven con Sansón, las utilizan para sus propósitos y luego las matan. Los lectores/as suelen olvidarse, además, de que Sansón también es traicionado por sus propios compatriotas israelitas, tal vez porque el narrador no califica tales actos expresamente de traición, reservando el término para las mujeres y los extranjeros. Estas mujeres son víctimas y verdugos. Son cómplices del sistema si aceptamos la narración en su superficie, pero no lo son si entramos en sus huecos, pues ellas, sus acciones y sus relaciones pueden ser problematizadas. El narrador, por ejemplo, fragmenta narrativamente a Dalila al no informar sobre sus motivos para obtener información y pasarla a los filisteos, o para obtener dinero, algo que valoramos en nuestro contexto, pero que no obedece a los mismos criterios hace 3000 años.

Junto a los miedos de los varones acerca del poder y peligro de las mujeres, estas historias dan cuenta de otra estrategia androcéntrica del patriarcado: el miedo femenino a la agresión masculina. La amenaza de muerte a la mujer timnita es un buen ejemplo, e incluso la presión de los filisteos sobre Dalila. En el texto aparecen, en efecto, tres estrategias androcéntricas de control patriarcal sobre las mujeres, sus cuerpos y su peligroso poder: la primera, la amenaza de agresión física, la segunda la recompensa y la tercera, más sutil, la división dicotómica entre mujeres buenas (la madre de Sansón), y mujeres malas (todas las demás). La saga opone la madre a la mujer timnita y a Dalila. Lógicamente no se opone a la prostituta porque ella, al encontrarse fuera del sistema, no es percibida como amenaza. La conclusión es que las mujeres no son fiables, pueden ser fácilmente intimidadas y manipuladas y, además, se convierten en depravadas morales.

Extracto del artículo: “El sacrificio del cuerpo femenino en la Biblia hebrea” Jueces 11 (la hija de Jefté) y 19 (la mujer del Levita)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s