El Vaticano II: concilio del diálogo. 50º Aniversario

30 Jun

Carmen Notario (teóloga)

“La Ruah sigue viva, por eso estamos aquí. En estos cincuenta años hemos entendido que vive más fuera de los muros de nuestras iglesias que dentro, que acampa en muchas realidades que poco tienen que ver con nuestras prácticas religiosas y mucho que ver con los lugares donde cuidamos de la humanidad y del cosmos. Parece que desde arriba nos quieren volver a encerrar entre muros, obligarnos a una visión corta y sesgada, con rasgos de fundamentalismo. No lo van a conseguir, porque este proceso de renovación no tiene marcha atrás.”

Es un privilegio haber nacido en el siglo XX y ser parte integrante de una historia muy convulsa. Dentro de esta historia se encuentra la celebración del Concilio Vaticano II, que ha marcado un antes y un después en la Iglesia Católica Romana, al igual que en otras iglesias de tradición cristiana y también en relación con las otras religiones.

La semana del 25 al 29 de Junio algunas personas hemos participado en un curso con el título que damos a este artículo, impartido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en su sede de Santander. 

Hemos contado con ponentes de mucho renombre tanto de nuestro país como del extranjero. Sería pretencioso intentar  decir una palabra de lo que nos han querido comunicar cada uno de los expertos. Lo que sí merece una mención es la gran variedad de áreas que representaban: historiadores e historiadoras, pastores de diferentes iglesias, teólogas feministas y de la liberación, un teólogo moral, representantes de curas obreros, pastoral campesina, periodistas….

Hemos oído innumerables veces el deseo y la necesidad de la Iglesia de “dialogar” con la Modernidad, de hacer un “aggiornamento”, una puesta al día. A pesar de la dificultad en la redacción de los textos y del largo proceso de confección de los mismos, el espíritu pudo hablar y expresarse. Y hoy, después de 50 años, hacemos balance. Todo depende del lugar desde el que nos situemos. No nos queda más remedio que hablar de “involución”, parece que todo lo que se avanzó en los primeros años después del Concilio, no sólo no se ha continuado sino que aparentemente caminamos hacia atrás.

Visto desde el otro lado, esa apertura que se logró en los años sesenta ya no se ha podido “cerrar”.  La Iglesia, no como jerarquía, sino como pueblo de Dios está presente en todas las razas, pueblos, las más variadas realidades sociales, en todas las profesiones y ciencias; no como respuesta a los interrogantes sino como sujeto que padece la duda, la incertidumbre, el desasosiego de muchas y muchos, y que camina con ellas-os.

Ella, en diálogo ecuménico, interreligioso, en diálogo con las ciencias y con los constantes retos sociales no sólo acompaña sino que cuestiona, denuncia y anuncia, cumple con su misión profética y se deja interpelar para aprender de los colectivos que no parten de la fe sino de otras visiones que nos enriquecen.

La Ruah sigue viva, por eso estamos aquí. En estos cincuenta años hemos entendido que vive más fuera de los muros de nuestras iglesias que dentro, que acampa en muchas realidades que poco tienen que ver con nuestras prácticas religiosas y mucho que ver con los lugares donde cuidamos de la humanidad y del cosmos. Parece que desde arriba nos quieren volver a encerrar entre muros, obligarnos a una visión corta y sesgada, con rasgos de fundamentalismo. No lo van a conseguir, porque este proceso de renovación no tiene marcha atrás.

Por eso fue tan refrescante la charla del monje budista. Desde una mirada superficial el budismo parece una simple filosofía de la búsqueda de la paz y la armonía y, sin embargo, se nota que es fruto de un trabajo arduo y constante. Nos habló de los cinco puntos esenciales del budismo: escuchar, reflexionar, meditar, practicar, aplicar. Parece sencillo, no obstante,  supone trabajar todos los aspectos esenciales de la vida, todos losdías.

En un momento de crisis de todas las religiones nos invitaba a hablar a los jóvenes de espiritualidad más que de religión. Ese espíritu que poseemos todas y todos nos empodera para seguir trabajando junto con los demás. Es un momento de cambio de paradigma que nos viene dado por la historia pero que, a la vez, vamos construyendo como sujetos. No podemos quedarnos ancladas en el pasado; este es otro momento, nada fácil, pero no por eso con menos posibilidades.

Jesús de Nazaret no fundó una religión. Siendo un judío religioso ahondó en su experiencia de fe y supo hacer suya una imagen de Dios que le sirvió, no solo para él, sino para anunciar la Buena Nueva y denunciar la mentira y la opresión en nombre de ese mismo Dios. Volver a las fuentes fue una de las claves del Concilio. Nuestros profetas de hoy nos repiten lo mismo: volvamos a los orígenes, volvamos a Jesús de Nazaret y encontraremos las claves para vivir el cristianismo hoy.

“Piensa de forma global, actúa localmente”. Nos sabemos y sentimos parte de una gran maraña de redes que están en continua comunicación. Trabajemos en la parcela que nos toca, sabiendo que somos parte de un todo que nos trasciende. Así entendemos hoy la iglesia como pueblo de Dios.

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Una respuesta to “El Vaticano II: concilio del diálogo. 50º Aniversario”

  1. Filomena García Farré 08/05/2012 a 08:46 #

    Asistí al curso, es inmejorable el articulo de Carmen.

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