Se abren nuevos frentes

16 Jun

Isabel Gómez Acebo

El servicio a la Iglesia, también incluye un discernimiento valiente, sobre todo en un momento de enormes cambios de todo tipo. Son los signos de los tiempos, a los que hay que responder”

Hay que reconocer que se aprecia un descontento generalizado, en algunos sectores eclesiales, por la manera de afrontar los problemas que surgen en el diario vivir eclesial. De los Estados Unidos nos llegan dos documentos en defensa de las religiosas y de la teóloga Margaret Farley, como vienen de dos asociaciones diferentes, merecen ser tratados por separado.

El primero es una carta a las religiosas LCWR, entre las que hay muchas hermanas franciscanas y está firmado por 7 provincias de franciscanos USA (no son los “pérfidos” jesuitas, sino una orden considerada como  más conservadora). En ella, constatan la extrema polarización, que llega a la animosidad, entre diversos sectores eclesiales (se puede ver lo mismo, en los comentarios que leo en muchos blogs españoles) y que inadvertidamente, el documento vaticano, ha podido incrementar.

Agradecen que el texto condenatorio, reconozca la gran contribución de las religiosas en colegios, hospitales e instituciones de acogida a los pobres pero aseguran, que el servicio a la Iglesia, también incluye un discernimiento valiente, sobre todo en un momento de enormes cambios de todo tipo. Son los signos de los tiempos, a los que hay que responder con lo que felicitan a las monjas por sus decisiones y valor para responder a la situación en la que viven, a pesar del riesgo de ser malinterpretadas.

Respecto al tono y dirección del documento de la Doctrina de la Fe, lo consideran excesivo, dadas las evidencias que presentan. Acusar de que mantenerse en silencio, en determinados aspectos éticos, supone no adherirse a la Iglesia, es un cargo que se podría hacer a muchos grupos católicos. Consideran que antes que mirar con exceso a la LCWR, sería mejor servicio al pueblo de Dios, un esfuerzo para articular los matices de nuestra compleja tradición moral pues, podemos estar en un momento de enseñanza y no de regulación. Reconocen y agradecen el papel de los obispos como líderes y guías de las instituciones eclesiales, pero piden que los problemas se solucionen mediante comisiones mixtas, con obispos y superiores generales, ya que la forma en la que se toman las medidas es tan importante como las medidas mismas.

Finalmente, valoran el hecho de que las LCWR se hayan tomado un tiempo de discernimiento, antes de contestar de inmediato y rezan para que las futuras conversaciones, entre ambas partes, sirvan de molde para todos. En la despedida incluyen las gracias por el ejemplo que dan en el servicio de Cristo, en nuestro tiempo.

El otro documento al que hago referencia, está firmado por la mayor asociación de teólogos americanos CTSA, que han salido en defensa de Margaret Farley, uno de sus miembros. Consideran que la obra de esta religiosa es reflexiva, mesurada e inteligente y muestran su preocupación por la crítica vaticana que consideran limita el papel de la teología católica.

La formulación de la condena da la sensación de que el papel de los teólogos se debe limitar a repetir las enseñanzas del magisterio, pero aunque éste sea una parte importante de su trabajo, hay otra que les obliga a plantearse todas las cuestiones. La profesora Farley, trata de explorar y responder a las preguntas éticas que se hacen los fieles, con sensibilidad y juicio. Parece por los movimientos del Vaticano que no hay posibilidad de un rol constructivo en la labor de los teólogos cuando pueden ofrecer alternativas que contribuyan al desarrollo de la doctrina. No hay que confundir, dicen, catequesis con teología

Algo no funciona cuando se levantan cada vez más voces en contra de una Iglesia con una estructura y métodos medievales (se aprecia incluso en la vestimenta ¿quién va vestido de rojo o púrpura por la calle?). Estos documentos hacen ruido, pero el abandono silencioso de muchos católicos  sólo se refleja en el vaciamiento de las iglesias. Me decía un ilustre clérigo que teníamos el problema del efecto dominó en nuestra Iglesia y me ponía un ejemplo. La mayoría de los fieles practican métodos anticonceptivos, y no consideran que están obrando mal, pues como mayores de edad responden a su conciencia, los sacerdotes que andan por las parroquias son de la misma opinión y muchos obispos también, aunque no lo pueden decir abiertamente. Hay otras muchas cuestiones que responderían al mismo esquema ¿Por qué no lo cambian?

Mi amigo decía que las condenas y afirmaciones categóricas, que se han ido dando a lo largo de los siglos sobre estas materias, caerían por su peso y, con ello, arrastrarían la idea de la verdad del magisterio. Después de los métodos anticonceptivos, se hablaría de la masturbación (yo le decía que ya está cuestionada la forma de abordarla) y al final la misma idea de pureza, que ha sido un bastión de la moral cristiana.

No soy capaz de medir si sus afirmaciones son ciertas, pero cuando hay tanta disidencia interna hay que pensar que algo se está haciendo mal. El “te callas porque soy tu padre” ya no sirve con los hijos adultos y a lo mejor el primer paso es el DIALOGO, sin que ninguna de las partes acuda en posesión de la verdad. A lo mejor los lectores de estas páginas pueden ofrecer ideas constructivas que pare el tsunami en el que nos hayamos inmersos.

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