¿Cómo reza Dolores Aleixandre?

8 Jun

“Si lo suyo es amar y comunicarse como le dé su real divina gana, me parece que lo mío es ante todo no estorbar”

El  otro día, cuando un taxista me preguntó por dónde quería que fuéramos,  le contesté: “Lléveme por donde le parezca mejor”. Y cómo  me voy a  fiar de Dios menos que de un taxista.

  • Lo que trato de hacer cuando rezo es dejar que Él me programe la hoja de ruta.
  • Llevo  ya tiempo bastante convencida de que esto de la oración le importa a  Dios más que a mí, de que es más asunto suyo que mío y de que, como me  descuide (San Juan de la Cruz decía aquello de “dejando mi cuidado”) y  me ponga a tiro de su acción, Él hará lo que acostumbra, que es hacernos  parecidos a Jesús.
  • Así que si lo suyo es amar y comunicarse como le dé su real divina gana, me parece que lo mío es ante todo no estorbar.

Noche

  1. Evangelio. Cada noche leo el evangelio del día siguiente.
  2. La Otra Palabra. Y trato de que me resuene también en el corazón la “otra Palabra” que  Él ha ido pronunciando a través de las personas y las cosas que han  pasado en el día.
  3. Rumor. Luego procuro que ese “rumor” me acompase el sueño, en vez del barullo  de los tertulianos radiofónicos, televisivos o literarios. A esa hora  les digo como en el cónclave: Exeant omnes!, y les cierro la puerta sin más contemplaciones.
  4. Gente que me acompaña. Sólo se queda dentro la gente que va a acompañarme al día siguiente cuando rece.

Mañana

  1. Preparación. En la mañanita echo mano del “kit de oración” consistente en cojín de zen que me ayuda a mantenerme en  buena postura, rincón tranquilo con icono y vela encendida.
  2. Respiración. Con el ir y venir de la respiración voy repitiendo tranquilamente el nombre de Jesús o algunas palabras hebreas como honeni, moskeni o tov hasdeha mehayim.
  3. Jesús. También aprovecho las “ofertas de temporada”, o sea los distintos  momentos del año litúrgico: no es lo mismo respirar el nombre de Jesús  en Adviento que en Pascua o en Pentecostés. Y no me pregunten por qué.
  4. Expuesta a la mirada del Padre. A veces me rondan las tentaciones: “Vaya desperdicio de imaginación,  con la cantidad de ideas de colores que a ti se te ocurren enseguida, en  vez de esta sosera tan vacía y tan oscura”. Me defiendo como puedo,  agarrada a la experiencia ya antigua de que esa es para mí la puerta  estrecha para “entrar en lo escondido” y quedarme ex-puesta a la mirada  del Padre.
  5. Desalojando. Por eso me agarro como una náufraga al ir y venir de la respiración,  que como una okupa benéfica, va desalojando mi corazón de ideas, de  palabras y de las distracciones pesadísimas que entran y salen brincando  como pulgas de playa.
  • En  medio de tantos intentos torpes y a trompicones, sigo pensando que no  sé rezar, pero me consuela pensar que lo contrario (creerme que ya he  aprendido) sería mucho peor.
  • Luego está la oración del entredía, pero esa es otra historia.

http://quebuenoes.org.ar/tag/dolores-aleixandre/

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