HOMENAJE A MUJERES EMPODERADAS POR LA RUAH

5 Jun

Magdalena Bennasar

Ellas, las cates, son mujeres tremendamente normales que, con una fuerza interior que no puede venir de nadie más que de Ella, acogen semana tras semana la vida en torbellino que les llega de los niños (y no menos de los adultos). Sintieron una llamada, un toquecito al hombro, una realidad de necesidad, una voz interior… y como las discípulas tocadas por Jesús, se pusieron en camino.

Junio es un mes de cerrar y evaluar proyectos y trabajos realizados. También de ir preparando el otoño con la experiencia del curso vivido. Me preguntaba, en la celebración de pentecostés y durante la semana, dónde había visto signos de la Ruah este curso, y veo dos áreas que quiero compartir. Para mí, también será como un último apartado del tema de pentecostés que inicié con una reflexión sobre la presencia suave y dignificadora de Dios.

Antes de nombrar a las personas y colectivos a los que quiero agradecer que sean signos de la Ruah para nuestro tiempo _ y para mí en concreto_, quiero definir porqué las considero así, con qué criterio las califico. Para ello me remonto al modelo de liderazgo que entiendo inspiró a Jesús: el del siervo del Señor que nos relata Isaías 42, 1-3:

 

            Este es mi siervo(a) a quien sostengo,

            mi elegido(a) en quien me complazco.

            He puesto sobre él (ella) mi espíritu (ruah),

            para que traiga la justicia a las naciones.

 

            No gritará, no levantará la voz,

            no voceará por las calles;

            No acabará de romper la caña quebrada,

            ni apagará la mecha que arde débilmente…

 

Entiendo que hay personas, sobre todo mujeres, que teniendo esa experiencia de ser portadoras de la ruah, son capaces de ofrecernos modelos alternativos de comunidad, de relaciones humanas, de evangelización y de familia. Personas que sin gritar, ni romper, ponen sus dones, sencilla y naturalmente, al servicio de la comunidad humana y eclesial.

No hablo de personas del pasado, sino de las que te encuentras hoy en la tienda y en la calle, porque además de atender a sus “ministerios”, atienden a sus familias y   profesiones.

Una de estas personas es la autora de Eukleria, página que nos está regalando Ana, mujer casada, joven, con hijos y con un trabajo. Ana pone sus múltiples talentos en común a través de esa página que merece las tres I: importante, interesante, inteligente. Nos ofrece, día a día, un menú variado y muy rico. Es un don que, prácticamente sola, pone al servicio de la comunidad en red. Por ello Ana te damos las gracias y animamos a que sigas compartiendo tu don, porque aunque no te lo digamos estamos agradecidas.

El colectivo al que quiero dar las gracias por ser signo de la ruah es el de las catequistas, tanto de madres-padres como de niñas-niños. Ellas, las cates, son mujeres tremendamente normales que, con una fuerza interior que no puede venir de nadie más que de Ella, acogen semana tras semana la vida en torbellino, a veces, que les llega de los niños ( y no menos de los adultos). Sintieron una llamada, un toquecito al hombro, una realidad de necesidad, una voz interior…y como las discípulas tocadas por Jesús, se pusieron en camino.

Despertar la fe en los niños es bonito y difícil por como nos llegan de estresados y en general sin base religiosa alguna. Los adultos, serios, fríos, muchas veces críticos y poco motivados. Sólo la Ruah, hecha carne en estas mujeres, es capaz de convertir esas sesiones quincenales o semanales en espacios de hospitalidad, descanso interior y comunicación de lo fundamental del cristianismo.

En nombre de la comunidad cristiana os doy las gracias. Me motiváis a seguir, me animáis alrededor de una taza de café, que se convierte en espacio sacramental. Sigue el cristianismo porque sembráis, no sólo vosotras, pero sobre todo vosotras. En el templo celebramos lo sembrado, pero la tarea se hace en el hogar y en la cate. Puede haber menos ordenados, o menos masas, pero mientras haya catequistas, el rostro de Jesús seguirá vivo en las retinas de la gente.

¡Gracias chicas! Sois el icono que mejor expresa, en la Iglesia actual, el amor tierno y fuerte de la Ruah. Feliz verano, nos vemos a la vuelta. No falléis a la cita. Sin vosotras se acaba el cristianismo. Ojalá esa realidad os empodere de Ruah.

 

 

 

 

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