Ese susurro escuchado en la vida

23 May

Magdalena Bennasar

“Su espíritu vivo en nuestras vidas, cuando se comparte, es como un bálsamo que hidrata, serena nuestras almas secas de tanto tiempo sin lluvia. Porque es el agua que viene de arriba la que tonifica de verdad la planta, el riego artificial no es lo mismo. Es la suave lluvia que cae dulcemente sobre mis grietas lo que las borra y fecunda, no la tormenta que arrasa y destruye. “ 

Cuando al fin logramos sentarnos y sentirnos nos damos cuenta, probablemente, de que nuestras múltiples voces y una amalgama de sentimientos del pasado y  del futuro son más fuertes que el suave susurro del Dios de Elías en la montaña, que el Dios de María Magdalena en el umbral de la tumba  vacía. “¡María!”  ¿Por qué ellos y ellas le percibieron-sintieron? Desde la fe lo entiendo:  le necesitaban, le querían, le buscaban.

El pasado domingo, al anochecer, en un pequeño cenáculo o comedor _diríamos hoy_, un grupito de personas, mujeres en este caso, nos reunimos como otras veces para compartir vida, el susurro de Dios escuchado y buscado en nuestra historia.

Experiencias de andar por casa, por la universidad, por la catequesis… instantáneas con la mirada del resucitado y experiencias que han sido hitos en nuestra trayectoria de fe y humanización, y que hacen posible que podamos decir como Lucas “no busquéis entre los muertos al que está vivo”. Aquellas primeras cristianas se reunían para traer al presente las experiencias vividas con Él, de Él, y así revivirlas y transmitirlas.

Alrededor del bizcocho y la infusión _demasiado tarde para cafés_ Carmen empezó a contarnos su historia: sus padres les enseñaron a rezar unos días desde el pasillo de casa y cada una, cada uno, desde su cama le decía algo a Jesús; otros compartiendo la cena de bocadillo, noche señalada para que grandes y pequeños expresaran cómo se sentían en casa… Eso fue haciendo mella en su vida,  hasta hoy. Y seguía la rueda… Con la intensidad y la emoción, el bizcocho se fue consumiendo y el ambiente se fue cargando de vida y de vivencias. 

Dicen que hoy la gente no va de eso. ¿Seguro?  Yo sentí, sentada en ese cenáculo,  la hondura de la Ruah en cada una, el Shalom, la plenitud hecha realidad-carne en cada una, así de sencillo, alrededor de una mesa y un bizcocho.

Su espíritu vivo en nuestras vidas, cuando se comparte, es como un bálsamo que hidrata, serena nuestras almas secas de tanto tiempo sin lluvia. Porque es el agua que viene de arriba la que tonifica de verdad la planta, el riego artificial no es lo mismo. Es la suave lluvia que cae dulcemente sobre mis grietas lo que las borra y fecunda, no la tormenta que arrasa y destruye.

Es el agua que viene de arriba ¿será algo así Pentecostés? Agua-susurro suave que recibe quien le busca, necesita, al anochecer del domingo, día en que Él se hace presente en la vida, fuera de la tumba, traspasada la roca y el umbral.

Por si fuera cierto, le estaremos esperando, por si viniera, porque así también vienen ellas, con la sed y el bizcocho y nos enredamos entre silencios, palabras  y danza.

¡Feliz Pentecostés hermanas y hermanos en la Ruah!

 

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