Las Beguinas: mujeres libres en un mundo de hombres

26 Abr

Las Mujeres más libres de la Edad Media

“Las beguinas quisieron ser espirituales pero no religiosas, quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas ni canonesas, quisieron rezar y trabajar pero no en un monasterio, quisieron ser fieles a sí mismas pero sin votos, quisieron ser cristianas pero ni en la Iglesia constituida ni, tampoco, en la herejía”.

Las beguinas fueron mujeres que se especializaron en su espiritualidad: en el Espíritu Libre (libre de la jerarquía eclesiástica y por tanto, de toda regla religiosa). Consistía su espiritualidad en la contemplación y cultivo del Dios/Amor en mí. (…)

No se casaron. Eludieron con esta decisión el contrato sexual y la heterosexualidad obligatoria, sin ser mujeres públicas ni privadas y sin hacer voto de castidad. (…)

Quisieron ser espirituales pero no religiosas, quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas ni canonesas, quisieron rezar y trabajar pero no en un monasterio, quisieron ser fieles a sí mismas, pero sin votos, quisieron experimentar en su corporeidad pero sin ser canonizadas ni demonizadas.

Para hacer viable en su mundo este deseo personal, inventaron la forma de vida beguina, una forma de vida que supo situarse más allá de la ley, no en contra de ella. Nunca pidieron al papado que confirmara su manera de vivir ni ser rebelaron, tampoco, contra Iglesia.

Las beguinas pertenecieron sobre todo a la clase media y popular de las ciudades, aunque las hubo aristócratas y campesinas. Vivieron de sus rentas, si las tenían, y sobre todo de su trabajo en la industria y artesanía textil, en hospitales de pobres, en el copiado de manuscritos, en la enseñanza de niñas, en la asistencia a moribundas y moribundos, o de las rentas proporcionadas por las más ricas.

Trabajaron para vivir con el propósito de tener tiempo –el más grande de los dones- que dedicar a su espiritualidad. A veces se hicieron pordioseras, pasando por la experiencia fuerte de vivir de la caridad de la gente. Inspiraron, tal vez de este modo, el gran movimiento de pobreza voluntaria expresado como pobreza evangélica que se dio en la Europa del siglo XIII como una forma de resistencia contra los avances de la economía del mercado preburgués y del dinero como significante.

Vivieron solas, en relaciones duales o en pequeños grupos de mujeres, a las que con frecuencia legaron sus bienes al morir. Formaron un movimiento internacional que mantuvo muy vivos los contactos entre sí, mediante el viaje y las cartas. Pues las beguinas viajaron mucho, y de sus viajes quedan numerosos testimonios. Algunas se financiaban el viaje mediante la limosna; viajaban solas o en pareja o en grupos pequeños y se alojaban en monasterios. (…)

Escribieron en su lengua materna cuando a nadie se le había ocurrido hablar de Dios en una lengua que no fuera el latín; una lengua que llevaba siglos siendo una lengua muerta. Llevar la lengua materna a expresar la experiencia de lo divino fue una manera de reconocerle autoridad a la madre y al orden simbólico que ella enseña, y dejar de reconocer la autoridad de la Iglesia católica y a su jerarquía, presidida por Dios Padre. (…)

Margarita Porter
Fue muy famosa en su época. Escribió en lengua francesa uno de los libros más bellos de la mística de todos los tiempos: El espejo de las almas simples. Su experiencia mística fue un largo proceso de autoconocimiento que le llevaría por un camino difícil a lo que ella llama el País de la Libertad. (…) Fue detenida en París en 1308 y condenada y quemada por un tribunal al que ella no se dignó nunca a responder. Su obra, que fue traducida en los siglos XIV y XV al latín, al italiano, al inglés y a un dialecto alemán circuló como anónima después de su muerte. (…)
Poner en relación íntima lo femenino, la trascendencia y la lengua materna fue una gran invención política (…) porque se plantó cara al absolutismo, a su tendencia al Uno. (…) La Iglesia persiguió a estas mujeres desde principios del siglo XIV, se las condenó como sospechosas de herejía pero no acabaron con ellas; a finales del siglo XV se intentó incorporarlas a la Orden de San Jerónimo, pero no lo lograron. En el XVIII, las condenó y prohibió la Revolución Francesa. Su forma de vida ha persistido hasta la actualidad.

Fuente:

La diferencia sexual en la historia, de María-Milagros Rivera Garretas
Para leer más: Las mujeres en el misticismo cristiano (III)
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