MUJER, MUJER… ¡QUÉ MIEDO ME DAS!

9 Mar

Por Mari Paz López Santos en Blogs 21

Creo que una de las cosas más arcaicas que sigue de total actualidad es el miedo que produce la mujer para tantos hombres en todo tipo de sociedades, culturas y religiones.

Llego a esta conclusión para intentar entender que a estas alturas de la carrera del tiempo en el mundo, seguimos ante un espectáculo que resulta grotesco.

Menos mal que ya hay multitud de hombres que han avanzado en el desarrollo humano y se han dado cuenta de que su evolución como individuo con cerebro y corazón pasa, no por vivir a las mujeres como posesión, sino como compañera de camino. Confirmando la sospecha de que ella, a su vez, le mira como peregrino en la ruta que han de transitar juntos en libertad, respeto e igualdad.

Han visto que lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios y que no habrá sosiego hasta que se viva con toda naturalidad, sin escalafones, sin violencia, sin manipulación y sin miedo.

Esperamos ardientemente que muchos más se animen a una profunda revisión interior sobre este asunto, pero mientras se lo piensan, sigamos celebrando cada 8 de marzo, el Día de la Mujer, hasta que llegue un momento en que suene raro un evento con este nombre.

Y ahora comparto un regalo recibido para esta celebración. Es de un hombre (de los evolucionados) y además, poeta. Es fácil darse cuenta leyendo el poema y la dedicatoria: “Para el Día de la Mujer os regalo este poema. En él está contenida mi admiración y solidaridad hacia todas las mujeres del mundo. Un abrazo. Miguel Ángel Mesa”.

Sobre la estela de una gran ola

Sobre la estela de una gran ola,
en los destellos diáfanos de cada gota,
reverberan los iris multicolores de eternos ensueños
agazapados tras los oscuros pliegues de la vida.

Una ola tras otra, sutiles, persistentes,
o con un oleaje intrépido, embravecido, se lanzan
contra firmes escolleras y acantilados,
duros, pétreos, en apariencia impenetrables.

Horadan cabalgando sobre la húmeda brisa
o sobre un arrollador viento huracanado,
que resuena en un eco de persistentes energías,
clamores, en las oquedades de los malecones.

Hasta perfilarse sobre la cima de la realidad
una silueta nítida -millones de rostros vivos-,
hacia la que peregrinan unidas en la diferencia,
desafiantes, con la mirada prendida en el horizonte.

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