Las religiones han maltratado a las mujeres

2 Feb

“Se considera que los lugares sagrados de la religión deben ser ocupados y gestionados por varones y las mujeres tienen que acercarse por la mediación de los varones.”

Extracto de la entrevista realizada a Juan José Tamayo por Inés Gallastegui, El IDEAL, con motivo de la publicación de su último libro: ‘Otra teología es posible. Pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo’ (Ed. Herder).

Para leer el artículo completo: Atrio

–¿Cuál es el enfoque de género en teología?

–En primer lugar, la teología actual lleva todavía las marcas patriarcales de la teología tradicional. La teología feminista parte de las experiencias de lucha y de sufrimiento acumuladas por las mujeres a la largo de la historia, pero también las experiencias de movilización. Y lo primero que constata la teología feminista es que las religiones se llevan muy mal con las mujeres, a las que han tratado siempre de manera bastante agresiva, despectiva e incluso violenta. Las religiones son maestras en la práctica de la violencia contra las mujeres; no necesariamente una violencia física, pero sí una violencia moral, psicológica y ética. La violencia contra las mujeres la ejercen las religiones desde el momento en que no las consideran sujetos responsables, autónomos, morales, sino simplemente consumidoras de la moralina de la institución eclesiástica. No son sujetos religiosos porque se considera que los lugares sagrados de la religión deben ser ocupados y gestionados por varones y las mujeres tienen que acercarse por la mediación de los varones. Ese es un principio fundamental: reconocer que las religiones han maltratado a las mujeres ejerciendo todo tipo de marginación y de violencia. Desde el momento en que no se les considera sujetos, se está ejerciendo violencia contra ellas. Las mujeres no son reconocidas como sujeto religioso y en la iglesia están excluidas de todos los espacios de responsabilidad; no se les reconoce su capacidad de pensar de otra manera, desde su propia perspectiva. Creo que la teología del futuro tiene que empezar por devolver la voz a las mujeres, reconocer que son sujetos autónomos, con responsabilidad, con capacidad para comportarse moralmente y con capacidad para pensar la realidad desde sí mismas y no desde una cosmovisión impuesta por el patriarcado. Desde el momento en que las mujeres son consideradas sujetos, elaboran su propia reflexión sin tener que depender de los modelos patriarcales, elaboran y fijan sus propias normas de conducta, sus planteamientos morales que implican un reconocimiento de una serie de derechos y en concreto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Igualmente ellas, al ser sujetos, configuran su propia comunidad, su propia religión, su propia iglesia autónomamente, y la configuran en forma de red, en forma de círculo, siempre un círculo abierto, hasta el punto de construir, como dice la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, de construir la ‘Ecclesia de las mujeres’, porque esos espacios les han sido negados, y en todos esos lugares de las religiones han estado de manera marginal. Y eso les lleva a conformar un modelo de organización que no tiene por qué estar sometido a las estructuras patriarcales.

–El martes el arzobispo de Tarragona dijo que la misión de las mujeres es tener hijos, no oficiar misa…

–Es un planteamiento totalmente preconciliar, agresivo para las mujeres. Esas declaraciones son también una forma de violencia contra las mujeres, porque es identificar a la mujer con la maternidad y negarle cualquier otra función o cualquier otra identidad. Y además es algo totalmente contrario a los orígenes del cristianismo y al movimiento igualitario de hombres y mujeres que puso en marcha Jesús de Nazaret. Esa afirmación contradice la concepción que tiene Jesús de la mujer. Jesús no valora y reconoce a la mujer en su función de esposa o de paridora, sino que reconoce la dignidad de la mujer en cuanto ser humano y persona. Hay un momento en el cual a Jesús, cuando está predicando, le dice la gente que le están esperando en la puerta su madre y sus hermanos. Y él dice: «¿Y quiénes son mi madre y mis hermanos? Todos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica». Jesús nunca vincula la dignidad de la mujer con la maternidad. Ese es un componente que puede ser más o menos importante, pero que no forma parte de su identidad. Por eso me parece un despropósito la declaración del arzobispo de Tarragona. ¿Y eso a qué se debe? Primero, a que el obispo se niega a compartir el poder, la autoridad y la responsabilidad eclesial con otros creyentes y, muy especialmente, con las mujeres. Pero, en el fondo, porque los obispos, no pocos sacerdotes, la jerarquía en general y los dirigentes de la mayoría de las religiones tienen miedo al cuerpo de las mujeres, porque es el sacramento de Dios, es la visibilización de la presencia de Jesús en el mundo y en la historia. Y ahí está el problema. Esas declaraciones no me parecen admisibles y hay que responder, no diciendo que son un disparate, algo que ya está claro, sino un desenfoque total del movimiento igualitario de hombres y mujeres que Jesús puso en marcha.

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